Isaí Moreno está en paz con su maldad. No la abraza, pero la mantiene cerca, quieta, sentada su lado cuando pone en marcha plumas y teclas en pos de un nuevo cuento o novela; lista para consultarla al construir personajes e historias.
"La ficción nos ayuda a que esas cosas —buenas, malas y muy malas— pasen en un plano distinto", dice el escritor capitalino a MILENIO.
Moreno insiste en que esa “sombra”, aludiendo al arquetipo planteado por el psicoanalista Carl Jung, habita en todos. Y que la escritura le permite, “como diría un escritor francés, dejar que los personajes hagan el trabajo sucio por nosotros”.
Personajes como Policarpo de Salazar, de No son tantas las estrellas, su novela debut —que primero se llamó Pisot— con la que ganó el Premio Juan Rulfo y que este año celebra su 25 aniversario.
"Mi personaje, en cierto sentido, es pariente de Jean Baptiste, de El Perfume", dice el escritor sobre el ancla de su obra, un genio matemático de turbias intenciones que siembra terror en la época colonial.
La oscuridad que el autor explora en sus personajes se relaciona con su mirada del presente. “He pensado que en esta época en la que la censura está de moda, ¿por qué novelas como El perfume no han sido censuradas? Tengo la fortuna de que mi asesino agarra parejo, mata hombres y mujeres”, señala entre risas. “No aspiro a que censuren mi libro, pero es un buen tema de conversación”.
De ahí parte para comentar que nunca piensa en represalias cuando lleva sus ideas a la hoja en blanco. Al contrario, cree que la literatura exige sinceridad: “En los talleres literarios siempre digo que sean honestos con lo que escriben”.
“Quienes generan ese tipo de justicia por mano propia obedecen a un deseo de destruir a los demás”, afirma. “La gente en general es mala, sentimos mucho placer en destruir al otro”.
La madurez literaria
A estas alturas de su camino creativo, el también profesor cree que la “madurez literaria” empieza por “el modo en que puedes ver cómo otros escriben”.
Recordando que Hemingway decía algo así como “Odio a todos los escritores si son malos, porque son malos, y si son buenos, por eso”, siente que su visión se perfecciona con el tiempo a partir de “mirar a otros de una manera crítica, pero sin perder el deleite”.
La escritura nunca termina de pulirse, acentúa, porque las inquietudes y lecturas son incesantes. “Todo es perfectible. Escribimos en función de lo que nos rodea. La escritura tiene una vinculación con el entorno. Finalmente, queremos que alguien más nos lea”, reflexiona.
El conocimiento y la IA
Además de los lados menos luminosos del ser humano, Isaí gusta de explorar la relación entre el conocimiento y la catástrofe.
“En mi obra busco la belleza. También el conocimiento, que es una responsabilidad: cómo lo adquieres”, explica. “El conocimiento destruye. No es que yo lo crea personalmente, pero mis personajes no saben qué hacer con él y terminan provocando el desastre”.
De ahí que, frente al auge de la inteligencia artificial, se dice cauteloso, pero mayormente curioso. "Su gran virtud (de la IA) es que podemos charlar con ella de muchas cosas”.
“El peligro está en que la gente piense que le pueden dar gato por liebre. Es algoritmo y es fácil de detectar”, agrega.
Al cierre de la charla con MILENIO, Isaí Moreno reitera que estas herramientas pueden facilitar procesos, pero señala cierta desconfianza en que fomenten una relación pasiva con el pensamiento.
“Puede generar gente idiota, que no piensa. Pero me preocupa más que permita explotar a más gente: ahora puedes hacer más trabajo”, zanja.
hc