José Manuel Schmill: “Pinto lo que me espanta, lo que da miedo”

De su gusto por lo monstruoso, lo oscuro y el horror en su obra nos habla aquí el artista chilango, quien retrató momias en Guanajuato y expuso en Nueva York junto a H. R. Giger

Imágenes Manuel Schmill
Imágenes Manuel Schmill
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Imágenes Manuel Schmill
Walter Schmidt
Ciudad de México /

Probablemente José Manuel Schmill sea uno de los pintores más radicales que existen en México y precursor de una manera distinta de aproximarse a la pintura. Su obra es un reto al observador, sus creaciones despiertan emociones contradictorias: temor, compasión, asco, pasión. Ha incursionado en todas las técnicas: óleo, acuarela, pastel, lápiz o punta seca, con las que ha revelado a nuestros ojos un mundo real o imaginario, donde lo monstruoso y lo deforme conviven amigablemente con retratos y paisajes impecables, realizados meticulosamente y de gran belleza. Allí está la rebelión de los muertos, que se arrastran descarnados fuera de sus tumbas, el rostro de un Dorian Grey desfigurado por la maldad, retratos clásicos de Beethoven, Cristo y Freud, junto a desnudos femeninos cargados de erotismo. En un encuentro en el estudio del artista se nos revelan sus miedos y emociones, su afición por el horror en el cine y la literatura y su peculiar visión del mundo.

¿Qué opinas del libro José Manuel Schmill?

Pienso que le faltó lo último que he pintado, que es mejor. Algunas de mis últimas obras son mejores que las que están en el libro. Por ejemplo El retrato de Dorian Grey, es mucho mejor éste último —dice, y señala una pintura en la pared—. La edición me gustó mucho, aunque me gustan más los textos y las entrevistas que las fotografías de mis cuadros, pues ya los tengo memorizados.

En tu pintura hay referencias al cine, la pintura y la literatura. ¿Qué te motiva a hacerlas?

No lo hago conscientemente, de manera deliberada, no digo: “Voy a hacer esto”, sino que en el momento que estoy pintando se me van ocurriendo cosas. Por ejemplo: aquí le voy a poner colgando una momia y aquí en la mano le voy a poner unas tijeras… le voy a poner un “Geule Gasse” (hocico roto) de la Segunda Guerra Mundial. Eran los “gaseados”, les echaban gas, John Singer Sargent también los pintó. En Londres hay un cuadro enorme, de 14 metros de largo por ocho de alto, de los “gaseados”, ¡imagínate qué cuadro!; hay unos personajes tirados en el suelo, todos quemados, vendados, deformes. Es un desfile, es un cuadro gigantesco, impresionante.

¿Hay en tu obra una obsesión mórbida por lo macabro? ¿Por qué?

Sí, por supuesto. Porque me atrae mucho lo mórbido, lo espantoso y pinto también lo que me espanta, lo que me da miedo.

¿Sería una forma de exorcizar tus temores?

Exactamente, es una manera de hacerlo. [OBJECT]

También pintas horrores reales. Fuiste a Guanajuato a pintar a las momias.

Fue horrible, porque yo las pintaba con un pintor amigo mío y olía muy feo. Yo pensé: una momia se está pudriendo, debe tener una parte en descomposición, pero no era así, el que olía muy feo era mi amigo, era él…ja ja ja.

Y por otro lado están los horrores de tu imaginación.

En la película Nosferatu, de Werner Herzog, retrataron todas las momias de Guanajuato. Aparecen al principio durante los créditos. Las retrata perfectamente con lujo de detalle. Se fue a Guanajuato a retratar las momias que son fantásticas.

¿Has pintado las momias del Convento del Carmen en San Ángel?

Sí, siempre me metía a pintarlas. Le regalé un cuadro de una de ellas a mi hija Leticia, pero se quemó cuando se incendió la casa donde vivía.

¿No piensas regresar? ¿No tienes nostalgia por volver a pintarlas?

No, ya no; me da miedo. Es que ya me estoy convirtiendo en momia también. ¿Para qué voy a pintarlas? Ya nos estamos convirtiendo en momias, es como autorretratarme.

También hay un cierto sarcasmo en tu obra, como al pintar esa Mona Lisa.

Sí, por supuesto. En mi libro hay una descripción excelente que apunta que “la farsa, pasado el primer instante, es fruto de un sentimiento sarcástico punto menos que desesperado”. Una crítica excelente de Margarita Nelken.

Y luego están las referencias cinematográficas, tu afición por el cine de terror, las películas de Hammer, estelarizadas por Christopher Lee.

Son las que más me gustan. Christopher Lee es el mejor Drácula. También Boris Karloff era muy bueno, tenía una cara que parecía hecha a hachazos. Una cara estupenda para dibujar. El que era un idiota era el otro... Sí, ése Bela Lugosi. ¡Qué bruto!, no sabía nada, no me gusta nada. Parece yucateco. No asusta a nadie.

¿Y Vincent Price?

Vincent Price es un dragón sin dientes. A veces me dicen que me parezco a él. Un amigo me dice que solo de la mitad del tamaño porque Vincent era muy alto. Me gusta como el Dr. Phibes (El abominable Dr. Phibes, 1971).

Y también está la literatura.

De las cosas que he leído, como Huysmans en Allá abajo, Contranatura. La vida de Gilles de Rais, el Marqués de Sade. El sádico Gilles de Rais, que fue Mariscal de Campo de Juana de Arco (ver El verdadero Barba Azul de George Bataille) y asesinó a todos esos niños. Dice Huysmans: “Se cansó de mancillar carnes que palpitaban y se aficionó a los muertos”. Como el Sargento Beltrán, quien se metía a las tumbas de las mujeres que acababan de enterrar para violarlas. O el Vampiro de Muy, que era un gordo. Me encantaba leer todas esas historias. Y también toda la llamada literatura gótica: El monje de Lewis, Drácula de Bran Stocker, Frankenstein de Mary Shelley, todo eso lo leí. Yo leía El vampiro cuando mis padres me metieron a una correccional, porque me querían lavar el cerebro. Ellos querían que fuera yo un niño bueno, educado y estudioso.

¿Fuiste rebelde?

Jamás estudié. Me querían lavar el cerebro. Siempre me han querido lavar el cerebro.

¿Cómo hiciste para evitarlo?

No haciendo las cosas que me ordenaban hacer. Haciendo todo lo contrario.

Pero tienes una formación como pintor.

Soy mayormente autodidacta, solo estudié un año y medio. Estudié con Antonio Grana, quien se suicidó y que bueno, porque me caía muy mal. Y también con Bardazano.

Pero también haces paisaje, retrato, desnudo.

Quiero hacer cuadros perfectos técnicamente.

Es como el Ying y el Yang en tu pintura, por un lado lo oscuro y siniestro y de otro la belleza de esas mujeres, el paisaje.

Si es la otra cara de la moneda.

¿Y qué lado te gusta más? ¿Lo bello o lo siniestro?

Lo bello. Los monstruos me salen solos. En los retratos tengo que trabajar más.

Decías que ya no puedes hacer paisaje.

No, porque te asaltan y porque ya no hay paisaje, puras casitas. Donde caben 50 ratas, mete 500 y verás lo que sucede.

Qué me puedes decir de tu exposición con H. R. Giger en Nueva York.

La revista Fangoria publicó algunos cuadros míos y me buscaron para una exposición. Giger me cayó muy bien, me gustó su obra y a él le gustó la mía. Pero Nueva York no… ambos nos perdimos en esa ciudad. Lo de Giger es diferente a lo mío es más mecánico, “biomecánico”.

Hace poco hubo una exposición homenaje a Giger donde se expusieron obras tuyas también.

Yo fui la estrella de la noche, me entrevistaron y me tomaron muchas fotos, porque el pinche Giger ya está en el infierno.

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