La vida es un cuento

Británica del día: Tessa Hadley: "Enseñar te debe convertir en mejor escritor, porque si no lees no tendrías idea de las formas que tiene la literatura".

Tessa Hadley
Alejandra Arteaga
Guadalajara /

Cuando era niña, Tessa Hadley devoraba libros. Era tan tímida y callada que las historias de esos libros en los estantes de la biblioteca de su escuela eran su compañía y su consuelo. Cuando terminó de leer los libros infantiles, Tessa encontró su pasión: escribir. Construía sus propios cuentos, inventaba a los personajes y después, con sus amigos, interpretaba esos mundos fantásticos, aunque fue hasta los 46 años que publicó su primer libro ("Accidents in the Home", 2002). Ha publicado seis novelas y dos colecciones de cuentos, escribe para el London Review of Books y la revista New Yorker.

Te tomó un tiempo empezar a escribir y un poco más que te gustaran tus cuentos, ¿qué encontraste en la literatura que te hizo seguir por ese camino?

Siempre he sido una lectora muy apasionada, me encantaba leer desde que era una niña. Era una especie de necesidad de saber que las cosas no eran realmente reales sino hasta que se convierten en ficción. (Escribir) siempre ha sido la única cosa que he querido y deseado hacer, pero sí me tomó un tiempo con estar contenta con lo que escribía y mucho más en que me publicaran.

Y por fin te publicaron, después de muchos años.

Llevaba unos 10 o 15 años intentándolo. Varias novelas que escribí simplemente no funcionaron. Dentro de mí sabía que esas novelas no eran auténticas, que había algo de falso, porque estaba tratando de escribir el libro de alguien más en lugar del mío. Fue complejo y las razones aún son un misterio para mí, pero eventualmente todo se acomodó y escribí la primera pieza que sabía era auténticamente mía y se sintió como una solución, una respuesta, para mí, al menos. Esa sensación de que por fin pude escribir una historia que fuera mía, que vaciara las palabras correctas en las páginas, fue un sentimiento muy hermoso.

Sé que tienes seis hijos, tres tuyos y tres hijastros, y no pude evitar pensar que ellos fueron tus primeros estudiantes, porque además eres una gran profesora de literatura.

Nunca tuve a los seis bajo mi cuidado, aunque uno de mis hijastros vivió con nosotros un tiempo. Tener hijos es muy absorbente y una parte muy grande de la vida de cualquier padre, pero si tú estás consciente del lector, escritor y el pensador que tienes dentro la vida que gira en torno a la necesidad de los hijos puede ser muy frustrante. Yo fui muy feliz siendo mamá, pero me encantaba irme una o dos tardes a la semana a enseñar clases de literatura, era una hermosa alternativa. A veces eso es lo que necesitas cuando estás profundamente metida en la maternidad, ser una segunda persona intelectual e inteligente que se esfuerza y piensa mucho. Por eso es muy valioso para mí ser maestra, y siempre he amado enseñar porque lo encuentro más fácil que incluso escribir.

¿Enseñar te ha hecho mejor escritora?

Enseñar te debe convertir en mejor escritor, porque si no lees no tendrías idea de las formas que tiene la literatura. Todo lo que escribes es parte de una tradición y entre más sepas de las cosas que ya se han escrito y más penetres en la forma de conocer la literatura, más te vas a empujar a pensar en el horizonte de posibilidades que hay como escritor. Creo que eso necesariamente debería volverte un mejor autor. No entiendo a las personas que tienen la idea de que analizar intelectualmente puede perjudicarte en escribir de una forma instintiva, pero eso nunca ha sido un problema conmigo y no veo por qué ambas cosas no pueden trabajar creativamente de la mano. Yo enseño escritura creativa, por lo que es muy común que cuando estoy dando una clase de cuento y estamos estudiando maravillosos cuentos ya publicados con mis alumnos y nos preguntamos: ¿cómo logró ese autor escribir eso?, ¿por qué termina como termina?, ¿cómo logró escribir con ese tono?, esa interacción realmente te hace cuestionarte cosas y tener ideas del trabajo propio.

Alguna vez dijiste que la novela, a diferencia del cuento, es muy ambiciosa en decirlo todo y que la vida está compuesta de fragmentos. ¿Qué encuentras de atractivo en escribir cuentos?

Una cosa hermosa de escribir cuentos es cuán irresponsable es hacerlo. Es como si se te perdonara usar la compleja ingeniería de la novela que, hermosa como es, es muy difícil y toma demasiada revisión y tiempo. Con los cuentos es como si encontraras una cosa muy, muy, urgente que contar y te sientes mucho más libre cuando escribes un cuento que cuando haces una novela. Cuando escribes una novela acumulas mucho material que vas a tener que amasar, que tiene que compaginar orgánicamente y caber en la historia. Con un cuento, puedes crear, inventar, con mucha libertad porque todo sale de ti: arrojas al papel lo que te ocurrió ese día, o en ese momento, o lo que pasa en esa especie de ventana que es la vida. Por eso es increíble cuánto puedes hacer en un espacio tan reducido. De hecho, puedes hablar de toda una vida y todo eso enorme, puede estar contenido y apretado en un cuento. Por eso hablo de ese sentimiento de que el cuento es mucho más irresponsable, mucho menos exigente que el complejo uso que se debe tener cuando inventas un personaje de novela.

¿Cómo creas a los personajes de tus cuentos? ¿Los imaginas o son un reflejo de personas que ya conoces o admiras?

Los imagino, pero a veces algunos de los personajes parece que ya vienen desde la imaginación muy definidos, muy vivos; puedes ver y encontrar la voz que incluso les venga mejor, puedo imaginar incluso qué es lo que ellos hacen. Y algunas veces cuando estoy trabajando para hacer más real un personaje que necesito y quiero y que se me dificulta pienso en personas que conozco. A veces los personajes son parecidos a personas que conozco, pero no escribo sobre un mundo diferente al que vivo, escribo una narrativa propia de mi mundo de clase media británica, me ceño a las partes que conozco. Pero mis personajes son invenciones.

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