Carlos Castán: “Uno no decide qué tipo de escritor quiere ser”

“No me gusta escribir por escribir, siento que es muy importante para un autor el darse el lujo de no decir nada”, dice el creador español

Carlos Castán, escritor | Especial
Jesús Alejo Santiago
México /

La bibliografía de Carlos Castán es breve en el terreno del cuento: Frío de vivir, Museo de la soledad y Solo de lo perdido, pero su nombre se ha convertido en un pilar en el género, casi un escritor de culto en el ámbito de las letras españolas. De ahí el interés por reunir en un mismo volumen su mirada, bajo el título de Cuentos (Páginas de Espuma, 2021).

“Uno no decide exactamente qué tipo de escritor quiere ser. Encuentro que el género en el que puedo expresar bien las historias que se me ocurren es el del cuento. Con esto no quiero decir que menosprecio otro tipo de género, como la novela, pero todo está en función de lo que quieres contar, de lo que necesitas contar: hay historias que piden una extensión, porque los personajes requieren de un desarrollo, quieres introducir muchas digresiones, por el motivo que sea”.

Publicados a lo largo de dos décadas, Carlos Castán ha construido una estética personal, reconocida por la crítica. Para el narrador, el tipo de historias que necesitaba contar le cabían en un cuento y estirar eso para hacer una novela hubiera producido una novela francamente mala, de la misma manera en que cuando se quiere comprimir una novela en un relato corto, queda una sinopsis apretada.

“Mi relación con la literatura empieza de joven, cuando estoy en el tiempo de la prepa y tengo acceso a un grupo de amigos al que le gusta leer y vamos descubriendo autores, sobre todo del boom latinoamericano, porque antes teníamos la referencia de los escritores que nos obligaban a leer. Cuando descubrí a Julio Cortázar fue un cambio radical para mí y para mucha gente de mi generación, porque encontramos ahí una frescura, un lenguaje próximo, una multiplicidad de temas, una libertad a la hora de escribir que, para mí, fue definitiva”.

El cuento abre ventanas

Nacido en Barcelona, en 1960, Carlos Castán es también autor del volumen de artículos Papeles dispersos y de la novela La mala luz: una bibliografía breve, porque no se considera un escritor profesional, alguien dedicado única y exclusivamente a escribir, se ha ganado la vida dando clases de filosofía, con lo que escribe y publica solo cuando necesita decir algo.

“El cuento maneja el silencio de muchas maneras, de lo que no se dice, pero se intuye. El ‘cuento cuenta lo que cuenta’, pero a su vez narra mucho más, abre una ventana, un espacio de significado mucho mayor que el cuento mismo y eso es lo que me interesa del género: esa ventana que unas pocas líneas abren a algo mucho más grande que el cuento y donde están los verdaderos temas que han preocupado siempre al ser humano, como el amor, la muerte, los miedos, los deseos”.

Es por ello que, en sus cuentos, Castán apuesta por no decir las cosas de una manera explícita: busca comunicarse, expresar, sacar de sus entrañas lo que en ese momento me está preocupando —“quizá me esté hasta doliendo”—, y al mismo tiempo apuesta por una forma de silencio, porque uno se plantea el para qué.

“No me gusta escribir por escribir, ni plantearme cierto número de libros, siento que es muy importante para un escritor darse el lujo de no decir nada: no he sido un escritor profesional, cuando alguien se dedica única y exclusivamente a escribir es cuando tienes que hablar, tengas algo que decir o no. Me he ganado la vida dando clases de filosofía, lo que me ha permitido hablar cuando necesito decir algo”.

El tipo de energía que se necesita para escribir, en su caso, está más cerca de la idea de la melancolía, un sentimiento muchas veces relacionado con la pereza; otra cosa sería si fuera una energía activa, “pero no escribo desde ese estado de ánimo, sino más bien estoy próximo a la inacción y quizá ese sea el motivo por el que no escribo tanto como otros autores”.

El lenguaje poético

Frío de vivir, su primer libro de cuentos, se publicó en 1997. Cerca de los 25 años, Carlos Castán vuelve a detenerse para acercarse a su obra, aunque no necesariamente para editar el fondo y la forma, sino para reencontrarse con aquel narrador que, con el transcurrir del tiempo, halló distintas maneras de hacer literatura, pero muy pocas con las cuales sentirse identificado.

“Estoy de acuerdo con Cortázar, un aficionado al boxeo, quien usaba un símil muy certero para definir un determinado tipo de cuento, que he practicado, aunque yo apuesto por una visión más amplia del cuento: el cuento gana por nocaut y la novela por puntos, si bien Cortázar habla del mazazo que el lector recibe con un final determinado, pero no estoy en la postura de considerar al cuento con tal rigidez”.

De esa manera, tiene cuentos con finales abiertos, otros cerrados, unos más que pretenden ser una rodaja casi extraída al azar y que, por analogía, te va a decir en lo que consiste el cuento: es cierto, “una novela te permite los valles, las caídas, esos momentos que no solo son permisibles, sino a veces deseables para acentuar los momentos álgidos”.

“No soy un escritor con la fuerza de voluntad y la disciplina, dependo mucho de la obsesión: los que no tenemos un hábito de trabajo dependemos mucho de la obsesión, eso que te hace levantarte a las tres de la mañana para cambiar una frase en la computadora y recostarte de nuevo. Llega el momento en que eso no tiene marcha atrás, ya no puedes parar, pero tampoco soy yo quien lo provoca”.

¿Estás muy cerca de la poesía, Carlos?

Soy un gran lector de poesía, pero también lo soy de novela. Es verdad que mi lenguaje es muy poético, aunque hasta el momento no me he atrevido a escribir versos: necesito la oración subordinada, necesito la prosa.

Me reconozco con el espíritu de la poesía. Sin embargo, creo que la función de la literatura es arrojar luz sobre la condición humana, pero hacerlo con cierto compromiso con la belleza. A eso es a lo que llamo poesía. Sí creo tener un lenguaje poético que atiende al aspecto formal, a la musicalidad; por eso, en muchas ocasiones me han dicho que parece que están leyendo a un poeta”. 

Una prosa recuperada

Para el editor de Páginas de Espuma, Juan Casamayor, donde aparece Cuentos, sus relatos están llamados a ser “clásicos de la literatura contemporánea”. “Carlos Castán es dueño de una prosa envolvente e impecable, cuyo lirismo nunca sobrepasa sus propios límites”, ha escrito la autora Marta Sanz, Premio Herralde de Novela en 2015. Carlos Castán es licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid, ciudad en la que ha transcurrido buena parte de su vida y donde actualmente trabaja como profesor de filosofía en la enseñanza pública. ​

bgpa

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