“Lo mejor que nos puede pasar es estar en vínculo, en persona, con el otro”: Gabriel José Sánchez

De visita en Torreón, el director y dramaturgo argentino reflexionó sobre los desafíos que enfrentan las infancias en la era digital y advirtió sobre el impacto de las pantallas en los vínculos familiares.

Gabriel José Sánchez, dramaturgo y director argentino.| Cortesía.
Torreón, Coahuila. /

Como si se tratara de dioses antiguos, los animadores dan vida a sus personajes. Y en el teatro, el mejor ejemplo es el ejercicio del titiritero que trabaja con sus manos, su voz y su movimiento corporal para crear todo un universo para el público; sean adultos que intentan recuperar esa riqueza de poner la fe en la imaginación o menores que, acompañados por sus padres, dejan volar su pensamiento a través de las obras. 

El director de teatro y dramaturgo argentino Gabriel José Sánchez comparte esta experiencia viva mientras apunta: no se puede concebir que un niño desde la virtualidad aprenda a matar, o que robe y atropelle a los peatones como un acto de acción heroica. En gira de trabajo por Torreón y en entrevista para MILENIO, habla de los retos que enfrentan las familias modernas, que corren en una competencia desleal que, invariablemente, perderán contra el tiempo. 

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Invitado a dar un taller en el Foro Jorge Alcorcha, habló sobre la experiencia de vivir sin prisa y ofreciendo gestos de amor que, en lo cotidiano, fortalecen los vínculos familiares y sociales. 

"Es un tema bastante complejo el de las infancias, sobre todo por el tema de las pantallas, en donde nos desvinculamos de nuestros propios hijos. Es muy triste, es doloroso y creo que, la verdad, la humanidad va a un camino sin retorno en ese sentido porque lo mejor que nos puede pasar es estar vinculados en persona con el otro". 

"Cuando el vínculo se da a través de una pantalla, en realidad no hay vínculo, ¿no es cierto? La pantalla lo que propone hoy en día más que nada tiene que ver con la violencia y el disfrute de la violencia. A mí me aterra todo eso, ver a chicos que juegan a matar; son cosas que nos alejan de todos los valores que representa la humanidad".

Al dramaturgo se le preguntó cómo fue que cayeron en desapego conceptos como la alegría o el amor, y se aceptó lo que la vida moderna propone, que es llevado a todos los momentos familiares. 

"Yo cuando estoy en mi casa hago mi pan, como lo hacía seguramente tu abuela. Se debe tomar ese tiempo porque el alimento es un acto de amor. Cuando uno ofrece una comida, esta se vuelve un acto de amor. Y esto que nos vendieron del mundo moderno, de la importancia del tiempo, que en realidad no tenemos porque corremos de un lado al otro, es todo un cuento. Nosotros hemos caído como la mosca que cae en la telaraña, y después viene la araña y se come a la mosca; eso es lo que nos pasó como sociedad".

Este artista también razona en función de la comida y revela que, al ver un programa, abordó el elemento aire en el pan. Fue a finales de la década de los cuarenta que los supermercados lo integraron como alimento rápido, basura, lo que generó un cúmulo de enfermedades.  

"Comemos, nos envenenamos. Hay un giro ya desde el interior de nuestro organismo hacia afuera. Esa es una falta de atención que tenemos con nuestros hijos y las infancias. No hay nada más importante que acostar a tu niño leyéndole un cuento, escuchándolo. Yo hablo mucho de esto en el taller de títeres porque a veces nos explican cómo el fenómeno del títere sigue siendo tan vigente como hace mil años atrás, y es precisamente por eso, porque nosotros entablamos un vínculo con ese objeto, ya sea la muñeca o el soldadito, que es una cuestión de intimidad".

“Una niña anima a su muñeca, le otorga vida, que es lo que hacemos los titiriteros. Por eso aún hoy el títere sigue siendo una estrella. A mí me han pasado cosas increíbles en ese sentido. Nosotros tenemos como público un 70 por ciento de adultos y el 30 de niños, porque vienen los padres que traen a los hijos, y me ha tocado ver a un niño diciéndole al padre: “Pa, pa”… porque el padre estaba parado arriba de la butaca hablándole al títere”.

Para Gabriel José Sánchez, el títere tiene esa posibilidad de romper el muro que hemos construido porque asegura que, nunca nadie deja de ser niño. Nunca. Porque cuando se encuentra con ese objeto que hace referencia a su primer vínculo, se entra en el juego.

“Por eso el títere también es popular, es un espectáculo que nació con la familia, en los mercados y las ferias. Era algo que se veía en familia. No hay un espectáculo para niños ni uno para adultos, hay un espectáculo en donde nos vamos a encontrar y a compartir una experiencia vital porque la acción también la construye el público y es algo que la pantalla de alguna manera no te permite, que es la interrelación en tiempo y espacio”.



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  • Lilia Ovalle
  • Socióloga por la Universidad Autónoma de Coahuila. Periodista desde el año 1999.

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