Luis Fernando Medina, el psicólogo que se rebeló poeta

El ganador del Premio de Poesía Joven Vaso Roto 2026 charla con MILENIO sobre su libro 'Inventario de la materia blanca', en el que explora el Alzheimer, la pérdida de la memoria y la fragilidad de la identidad.

Luis Fernando Medina estudia Psicología en la Universidad de Guadalajara. (Foto: Especial)
Monterrey /
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Luis Fernando Medina tiene 22 años, estudia Psicología en la Universidad de Guadalajara y realiza prácticas en hospitales. Durante mucho tiempo mantuvo su poesía oculta al pensar que no era buena. Sin muchas expectativas, envió su libro al Premio de Poesía Joven Vaso Roto 2026 y lo ganó para su sorpresa.

En entrevista con MILENIO, el poeta habla de Inventario de la materia blanca, donde aborda la pérdida de la memoria y la transformación de la identidad a través de la relación entre un padre con Alzheimer y su hijo, quien debe asumir el papel de cuidador.

“Hace como dos años empecé a sumergirme en la poesía. Soy un escritor al que no le gustaba publicar lo que hacía. Compartía algunos fragmentos en redes sociales, pero mantenía mi poesía oculta. Tenía la idea de que no era tan buena y de que quizá no era poesía”, explica.

“Mi escritura es peculiar, no es tradicional: no considero que tenga que rimar para poder escribir. Me interesa expresar distintas ideas desde lo que llamo hibridez conceptual, abordar temas diversos desde la lírica. Una nota médica, una evaluación neuropsicológica, ¿qué pasa si la convertimos en lírica?. A algo tan cuadrado le podemos dar la apertura, que nos puede dar la poesía de entender cosas que son tan complejas de explicar. Pero me di la oportunidad. Pensé que era un texto interesante y decidí enviarlo para ver qué resultado obtenía”, agrega.

El entrevistado estudia Psicología y realiza prácticas hospitalarias en áreas de Alzheimer y demencia. La experiencia de acompañar a pacientes con estas enfermedades lo llevó a preguntarse qué permanece de una persona cuando comienza a olvidar.

“Veía que muchas veces se identificaba a las personas únicamente por su diagnóstico, incluso sin mencionar su nombre. Observaba las relaciones con sus familiares y las emociones que surgían. Eso me llevó a entender la poesía contemplativa: una escritura que busca comprender detalles que pueden parecer mínimos, pero que explican quién es esa persona. No solamente importa el diagnóstico, sino también su intimidad, la memoria, la identidad y el lenguaje”, asegura.

Medina añade: “Hice una triangulación de tres conceptos; el primero es la memoria: ¿cómo construimos nuestra identidad cuando los recuerdos, las relaciones y la historia de vida ya no se encuentran? El segundo es el amor filial, la conexión con alguien cercano. Enrique, el hijo del protagonista, intenta proteger esa memoria. El tercero es el lenguaje y la pérdida. Me interesaba explorar el momento en que las palabras comienzan a desmoronarse y quedan cosas que no podemos explicar mediante el lenguaje”.

El autor también habla de su experiencia con un paciente muy afectivo al que acompañó desde la fase inicial hasta la terminal de la enfermedad.

“Llegó un momento en que ya no me reconocía y pensaba que, si a mí, como trabajador del sector salud, me afectaba tanto, ¿qué ocurriría con sus familiares, sus amigos y sus seres queridos? ¿Qué pasa cuando alguien te dice que no sabe quién eres? Es un golpe emocional difícil de explicar. Intenté abordarlo mediante la poesía y en el libro explorar el deterioro y hacerlo visible. Fue doloroso en algunas partes escribirlo, pero si yo lloraba… pensaba: ‘Pues ya, que lloren también los lectores’, así fue”.

Al autor le gusta jugar con la letra y la lírica. Sobre esta búsqueda, se pregunta: “¿Qué pasa si algo tan cuadrado como una nota médica o una evaluación neuropsicológica se convierte en poesía? Podemos darle apertura a algo que nos permita comprender situaciones complejas. No dudo de que la poesía tradicional sea grandiosa, pero combinar distintas formas y abordar temas cercanos a nuestra generación también puede despertar interés”.

El poeta explica que le gusta experimentar con el formato y reconoce la influencia de Anne Carson, ganadora del Premio Nobel de Literatura.

“Me interesan autores que no se limitan a una sola forma de escritura. Anne Carson, por ejemplo, combina poesía, ensayo, novela, fragmentos e incluso imágenes. Eso me fascinaba porque me obligaba a inferir y relacionar elementos para interpretar los textos desde mi propio contexto”.

Y agrega: “La obra de Carson demuestra que la poesía no tiene que escribirse de una sola manera. Puede ser una expresión del alma vinculada con la vida, el lenguaje, la escritura y la investigación”.

Finalmente, Luis Fernando Medina opina sobre su futuro: “Todavía no tengo una noción completa de hacia dónde quiero ir, pero sí me gustaría seguir escribiendo poesía. Me interesa mucho esa expresión que he llamado hibridez. También me pregunto si quiero continuar escribiendo sobre enfermedades. Me gustaría explorar más temas desde la psicología, porque permite comprender emociones, sentimientos y conductas que pueden transformarse en poesía. Y, si tengo la oportunidad, también quisiera probar con otras áreas, como el ensayo o la novela. Tengo 22 años y todavía me queda mucho por estudiar y conocer. Quiero seguir explorando la vida, contemplar pequeñas cosas y reconocer lo que hay en ellas”.

PCL

  • Vicente Gutiérrez
  • vicente.gutierrez@milenio.com
  • Periodista desde hace 25 años y especialista en temas culturales, la industria del entretenimiento y cinematográfica. Por su experiencia y conocimiento, también ha participado en temas de política y de negocios. Es reportero de cultura en Milenio y locutor en “La Taquilla”, programa de Radio Fórmula 104.1 FM.

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