En La torre de los vientos de Gonzalo Fonseca se presenta Silo Eólico. Reserva de viento, intervención de Luis Javier de la Torre González que permanecerá abierta hasta 22 de agosto en la estación 6 de la Ruta de la Amistad.
La instalación convierte el interior de la torre en una experiencia inmersiva donde corrientes de aire frío, inspiradas en los llamados “vientos del Ajusco”, descienden mecánicamente desde la parte superior del recinto y envuelven al visitante.
La obra retoma la relación original de la escultura de Fonseca con el aire, la circulación y la percepción corporal.
“El viento baja por las montañas, entra y pasa por la torre. Lo que hace el ventilador es jalarlo hacia abajo para que habite el interior y más tarde encuentre salida por las puertas y los palomares para reencontrar su camino hacia el Valle de México”, contó De la Torre.
La intervención parte de los vientos catabáticos que descienden desde la Sierra del Chichinautzin y el Ajusco hacia el sur de la capital. A partir de ese fenómeno atmosférico, el creador plantea una especie de reserva temporal de aire dentro de la estructura de concreto diseñada para México 68.
“Ese viento que corre alrededor de la torre se queda atrapado durante un momento y se convierte en un viento para nosotros mismos”, explicó.
Más que producir una experiencia visual, la pieza busca activar una percepción física del espacio.
“Dentro de ella el espectador recobra un sentido de aire muy importante y te genera una limpieza emocional y del cuerpo. Es como si estuvieras dentro de una montaña respirando un aire puro que vitaliza”, relató el responsable de la intervención.
Un templo de viento
La instalación incorpora un ventilador industrial. El mecanismo, visible en el centro de la torre, funciona como dispositivo técnico y elemento escultórico.
“Las aspas juegan con los tres niveles circulares del espacio y se integran de una manera maravillosa visualmente”, comentó De la Torre.
El artista explicó que trabajar con el comportamiento del aire implicó modificar constantemente el proyecto.
“Pensábamos que las aspas generarían un viento mucho más fuerte, pero la propia torre es un espacio pequeño para desarrollar toda esa fuerza. A cambio, el aire se vuelve mucho más suave y termina habitando el espacio”, dijo.
La experiencia sonora también forma parte central de la intervención. Debido a que el ventilador opera con un sistema de imanes, el mecanismo prácticamente no emite ruido. “Lo único que se escucha es el habitar del viento rodeando la escultura. Incluso los pájaros terminan dándote la sensación de estar en una montaña”, contó el creador.
“El viento da felicidad”
Para el responsable de la intervención, la sensación de pausa y bienestar resulta fundamental dentro del contexto urbano de Ciudad de México. “La torre tiene una función de templo. Aunque afuera exista el ruido continuo de los autos, dentro encuentras paz. Es como un refugio de viento en las montañas”.
Silo Eólico. Reserva de viento forma parte de las actividades rumbo al Mundial FIFA 2026 y coincide con los 30 años del programa de intervenciones contemporáneas en La torre de los vientos, iniciado en 1996 por Luis Javier de la Torre y el Patronato Ruta de la Amistad tras la restauración del espacio.
El patronato continuará desarrollando actividades, intervenciones y recorridos vinculados al programa rumbo a la Copa Mundial de la FIFA México 2026 y al aniversario de la Torre de los Vientos. Más información y actualizaciones pueden consultarse a través de las redes sociales oficiales de Ruta de la Amistad y sus aliados.
PCL