La bailarina y coreógrafa sonorense Melva Olivas está de regreso con la Compañía Nacional de Danza (CND), como la apuesta mexicana para dialogar con el trabajo de dos colegas internacionales como Nacho Duato, premio Benois de la Danse 2000, y Gemma Bond, artista del American Ballet Theatre.
Olivas (Hermosillo, 1989) tendrá el estreno mundial de su pieza Volver (Reversa), en Grafías, gala de coreógrafos contemporáneos en el Palacio de Bellas Artes, en la que Bond también tendrá la premier de su obra Filament, mientras Duato vuelve a ese escenario con Gnawa, que la CND estrenó en 2025.
“El director artístico de la CND Érick Rodríguez me invitó a crear una coreografía expresamente para Grafías, una gala con tres miradas de diferentes coreógrafos, lenguajes y movimientos. La pieza de Bond, Filament, tiene un lenguaje neoclásico al igual que Gnawa, que ya forma parte del repertorio de la compañía y que además es una parte fuerte de su identidad neoclásica. Y me convocan a mí con una obra de danza contemporánea como Volver (Reversa), que dialogue en esta curaduría”, resume Olivas.
La gala tendrá tres únicas funciones el viernes 28, sábado 29 y domingo 30 de agosto en Bellas Artes.
En conversación con MILENIO, Melva Olivas detalla que Volver (Reversa) tendrá a 21 bailarines en escena, quienes van a atravesar cuatro momentos o escenas, que funcionan “casi como los recuerdos”: una fiesta, encuentros entre los bailarines, situaciones cotidianas que remiten a instantes que se añoran.
“Volver (Reversa) nace justamente de esa pregunta de a qué momento de nuestra vida nos gustaría regresar y, por otra parte, a la necesidad muy humana de querer volver a un instante, a una persona, a una decisión o a una versión anterior de nosotros mismos”, expone la codirectora de la compañía Pilot.
Olivas ya colaboró antes con la CND en las coreografías de Humo, inspirada en la mitología iraní, y Ópalo, como parte de un programa de homenaje a Beethoven pero que terminó en formato videodanza.
Además, a principios de julio pasado, también participó como una de las coreógrafas en el estreno en Bellas Artes de Revolución Diamantina, ballet compuesto por Gabriela Ortiz, ganador de 3 Grammys. Y Giselle, las que no volvieron, su reintepretación del clásico Giselle, que creó para el Festival Cultura UNAM, se ha presentado ya en la Sala Miguel Covarrubias y en el Festival Internacional Cervantino.
“Ya había colaborado con la CND. Regreso con este reto de una gala en que dialogo con estas piezas de coreógrafos internacionales, lo cual me hace sentirme sumamente orgullosa y feliz de pertenecer al programa. Me gusta mucho que hayan tomado esta decisión, hasta cierto punto arriesgada, de hacer piezas como la de Nacho, que va más hacia lo ritual, que está en colaboración con la de Gemma, que es un lenguaje neoclásico, y que dialoguen con la mía, de lenguaje y estética contemporánea
“Ahora con los bailarines de la CND trabajé como una preparación y un proceso de adaptarnos a este lenguaje contemporáneo. Y, para mi sorpresa y mi fortuna, hay una apertura en ellos de mostrarse diferentes, de aprender cosas nuevas. Eso es lo interesante también de esta propuesta y del programa de Grafías, que podemos ver a la CND habitando estos lugares diferentes al lenguaje clásico y neoclásico. Y lo hacen muy bien, es muy fresco ver a sus bailarines en otros lenguajes y espacios”, comenta Olivas.
Según la explicación de por qué el título Grafías, la producción de este espectáculo auspiciado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura señala que “así como la grafología estudia los rasgos de la escritura (el tamaño, la presión, la inclinación y el ritmo del trazo), Grafías propone una lectura del movimiento a partir de estas mismas nociones. Cada coreografía se convierte en un trazo sobre el cuerpo: Filament explora la precisión, la extensión y la proyección del movimiento; Volver (Reversa) se aproxima a la memoria y la introspección, y Gnawa articula ritmo, tradición y contemporaneidad”.
—Después de Humo y Ópalo, ¿cómo se ha transformado o evolucionado su trabajo con la CND ahora para Volver (Reversa)?
De entrada, es importante ir construyendo un lenguaje no sólo de movimiento sino también de comunicación y de entendimiento con misma institución. Estoy muy contenta porque hay bailarines que ya conocía y que los seleccioné para esta pieza, pero para Volver me permití conocer a más personas de la compañía y eso me ha retado y me ha gustado mucho tener un grupo mucho más grande. Cuando uno repite se puede profundizar en ideas y consolidar o materializar de manera más concreta lo que estoy buscando. Y creo que se está logrando y estoy muy contenta.
—Antes de que Elisa Carrillo y Cuauhtémoc Nájera asumieran la codirección de la CND, se criticaba su repertorio, que no hubiera piezas más contemporáneas. Con Elisa todavía Nacho Duato vino a estrenar Gnawa el año pasado. ¿Qué piensa de esa renovación de repertorio?
A mí me parece increíble, porque es algo que está sucediendo a nivel mundial. Ya tenemos un repertorio clásico muy vasto en muchas compañías, pero ahora hay un surgimiento de explorar esta versatilidad curatorial en repertorio y también de lenguaje, y de este híbrido entre el lenguaje clásico con otras disciplinas, que en este caso puede ser el neoclásico o el contemporáneo. Que desde nuestra tirnchera en México se abran a esta apuesta a invertir en otro tipo de repertorio ofrece al espectador otras caras de la CND y de un público que se interese por ver lo clásico pero también este tipo de galas.
—Apenas en julio participó como coreógrafa en el estreno de Revolución Diamantina, algo histórico en la música mexicana y en Bellas Artes. ¿Siente más presión después de aquello?
Me siento muy contenta de que haya producciones de esta magnitud. Revolución Diamantina, con la música de Gabriela Ortiz, la dirección de Claudia Lavista y la Orquesta Urtex fue un evento icónico en la danza porque estas colaboraciones funcionan. Y para el espectador, llevar obras de gran formato que justo dialoguen así tan cerca entre disciplinas, me parece muy valioso. Y para Volver, yo cada vez que inicio una obra siento los mismos nervios, pero también adrenalina, plenitud, porque el trabajo ha sido muy orgánico con la CND. Creo en el proyecto y hay un equipo de creativos muy fuertes que me acompañan. Estoy segura que va a salir bien y me gusta la curaduría, que podamos ver en una misma gala tres miradas, tres coreógrafos, tres conversaciones o preguntas sobre la danza en una misma noche.
—En Revolución Diamantina hubo trabajo colectivo, coreográfico, musical. Volver es una es una creación más individual, más personal. ¿Cómo fue el proceso para construir en ambas piezas?
Es correcto. Revolución Diamantina fue un trenzado, porque incluso la coreografía era colectiva. Claudia Lavista, Lola Lince y yo hicimos la coreografía, pero llevamos un proceso creativo de selección de escenas y de hacer una dramaturgia que dialogara con lo que estaba proponiendo Claudia, pero después venía lo mío. Y más o menos entre las tres fuimos creando esta dramaturgia, obviamente inspiradas y basadas en la música de Gabriela Ortiz. Y, en Volver, pareciera que es un proceso un poquito más solitario, pero la realidad es que tengo un equipo de creativos, que incluye la dramaturgia de David Gaitán, la música de Aristóteles Benítez, la escenografía de Estudio 8291, la asesoría coreográfica de Irina Marcano, incluso hay un laboratorio de bailarines de danza contemporánea con quienes investigué que ya tenemos muchísimos meses trabajando en esta propuesta. Somos mucha gente. Y ahí se vuelve colectivo y todas estas capas se suman a lo que el espectador va a ver en escena; la coreografía es una, pero está trenzada, apoyada y sustentada en mucho trabajo de varias personas.
—Y en lo personal, ¿cómo es su proceso creativo?
Mi proceso creativo pasa por muchas etapas, que tienen que ver con lo reflexivo, pero también con lo sensible, con lo personal, con lo poético; es decir, como que en estos meses una idea se va gestando y se va transformando conforme avanza el tiempo y conforme se suman las preguntas y las reflexiones. El proceso puede ser muy ejecutivo en la toma de decisiones, pero al mismo tiempo muy introspectivo y sensible para juntar todos estos elementos artísticos y que se vaya creando un guión todos juntos.
“Lo más difícil es encontrar el corazón de la pieza, la idea, porque a veces viene, como en el caso de Revolución Diamantina, de la música, a veces de la literatura, tengo una coreografía que surgió cuando leí un cuento de Mariana Enriquez de terror y eso fue lo que me detonó en ese momento la estética, lo que iba a suceder en los personajes, etcétera. Y a veces también viene de un momento que pasamos. Me gusta que en mis piezas el arte tenga esa función de dialogar con el presente, con lo que nos está atravesando hoy, y que ofrezca preguntas o reflexiones a partir de eso que vivimos como sociedad”.
—¿Cuál es su coreografía y cuál el cuento de Mariana Enriquez que la inspiró?
El libro se llama Las cosas que perdimos en el fuego y el cuento, específicamente, “La casa de Adela”. La coreografía que hice se llama El último día del verano. En el cuento son tres adolescentes que se deciden a entrar a una casa abandonada, la última noche del verano. Y yo tomo ese momento como el título de la obra porque ellos no saben que a partir de ahí les va a cambiar la vida. Y para mí fue muy interesante hacer la traducción a la danza contemporánea; en este caso no utilicé la palabra ni traté de hacer una narrativa lineal, pero sí me interesaba llevar lo que Mariana Enriquez proponía en el cuento como paranormal; busqué cómo trasladarlo a la escena y a la danza contemporánea, con esta estética un poco de terror paranormal. Y a partir de ahí fue la exploración de la coreografía.
—Al anclar su trabajo creativo, ¿cuáles son las preocupaciones de Melva Olivas del presente?
Mayormente, la problemática social. Por ejemplo, Revolución Diamantina viene de esta pieza que creó Gaby a partir de la lucha de las mujeres. Tengo otra coreografía que se llama Giselle, las que no volvieron, donde hice una adaptación del clásico al contemporáneo. Los clásicos, por eso son clásicos, podemos seguir cuestionándolos, porque están vigentes, pero también nos muestran o nos dan esta posibilidad de cuestionarlos. En el caso de Giselle, tiene estereotipos de la masculinidad, del amor romántico, de muchas cosas que siguen sucediendo. Pero yo lo quise contextualizar en México o en Latinoamérica, porque ahorita Giselle no puede morir de amor. O sea, con todo lo que hemos avanzado las mujeres, en el mejor de los casos, pues se separa o toma otras decisiones, como que le quité un poquito de peso al amor romántico en la adaptación del texto de Giselle.
“Pero me decía: Si Giselle no muere de amor, ¿qué le pasó? Y ahí hice una escena extra en donde su mamá sale a hablar con el público y a decir que la última vez que la vieron fue como lo que pasa en el ballet original, pero ya no regresó a su casa. Entonces Giselle está desaparecida. Y todo el segundo acto, que son las Willis, en realidad ellas le dan cuerpo a esta memoria de muchas mujeres que desafortunadamente han sido víctimas de esta violencia que se vive en este país y que la verdad es un tema muy urgente de atender, porque las cifras son alarmantes. Pero, al mismo tiempo, el arte nos da la posibilidad de abordar este tema, desde lo sensible, desde lo emocional, con este tipo de reflexiones”.
—Habló de David Gaitán, que ha hecho varias reinterpretaciones de tragedias griegas clásicas. ¿Cómo es su trabajo de colaboración?
Giselle, las que no volvieron fue mi primera adaptación de un clásico y mucha gente se me acercó para decirme que te puedes identificar con Giselle. Con David Gaitán justo empecé las primeras pláticas de Volver. Esta pieza viene de un ejercicio que hice en 2018, que se llamaba Irreversible, que fue un proyecto ganador de Jóvenes Creadores, en donde yo quería explorar la posibilidad de la reversa en escena, porque en el cine se usa mucho esta sensación de flashbacks y se puede lograr en 15 segundos, en 30 segundos. Para mí fue un proyecto muy lúdico, porque quería que todos los creativos se hicieran esta pregunta de qué es la reversa en una obra, por ejemplo, de danza contemporánea. Y de ahí salieron muchas reflexiones en términos de que obviamente puede ser una alteración del tiempo, de adelante hacia atrás, pero también puede ser de arriba abajo, de adentro hacia afuera.
“Para este proceso de Volver, llegué con el iluminador y le dije: ¿Cómo puedes hacer una iluminación en reversa? Y ya de ahí, como que me gusta que cada uno habite estas preguntas, a lo mejor en un primer momento desde lo técnico, pero también desde la sensación de volver o de ir hacia atrás, etcétera. Y David me ayudó mucho a concretar esta idea de que la reversa sí puede ser en el movimiento, pero también en la historia. Y, por ejemplo, vemos la escena de una fiesta, pero se cuenta del final hacia el inicio. Este juego en la dramaturgia me gustó mucho construirlo de la mano con él”.
—También tendrá influencia de Gaspar Noé con su película Irreversible, supongo.
Sí, aunque la historia no se lleva de la misma forma.
—Afortunadamente.
Yo le puse Irreversible porque en esa exploración me acoté a pedirles esta premisa a todos los creativos, pero para ponérmela yo en el movimiento. Y la conclusión en la pieza fue que no todo puede ser en reversa. Hay movimientos que son imposibles de hacer en reversa. Eso me llevó a un punto de un fracaso, pero el fracaso fue como un nuevo inicio. Si el movimiento no puede ser todo en reversa, ¿qué sí puede ser? ¿Y qué movimientos sí se pueden hacer en reversa? Caminar sí se puede hacer en reversa, sentarse y levantarse. Y llevé ese estudio también a lo visual. Si yo camino en reversa y todo el mundo camina normal, ¿qué pasa cuando eso se altera con tecnología y parece que yo voy normal, pero toda la gente va en reversa? Y nos da como una sensación de ciencia ficción muy padre.
—¿Y, además de Volver, a qué la llevó Irreversible?
Como anécdota, cuando hacía esa exploración de Jóvenes Creadores, me fui al metro para hacer una videodanza en donde yo iba en reversa, pero todos los demás caminaban normal. Y se abrieron otras preguntas, porque no estaba haciendo nada más que caminar. Y se me acercó un policía y me dijo: 'No puedes estar haciendo eso'. No me permitía caminar hacia atrás. Y si llevamos esto a una conversación más amplia de contextualizarlo y ponerlo en el marco teórico que armé para ese proyecto, es que en este sistema capitalista todo nos obliga a ir hacia adelante y a no parar. Entonces, la reversa también se vuelve un acto político de que hay otros tiempos, porque, por ejemplo, cuando uno atraviesa un duelo, el tiempo se detiene, pero sales a la calle y todo sigue avanzando. Y otras cuestiones como si uno deja de producir, pareciera que no va hacia adelante. En fin, este concepto tan abstracto puede abrir muchas reflexiones sociales, pero también personales y emocionales. Y eso vuelve rico el proceso creativo.
—¿Y cómo es que usted, que se enfoca en el presente, en los problemas de hoy, quiere volver?
Hay una frase que puede parecer muy trillada, que estuvo de moda y que dice: “Éramos felices y no lo sabíamos”. Esa frase acompañó este proceso como una especie de regresar a los momentos cotidianos, a revisitar esos momentos que a veces tal vez en su momento no nos dimos cuenta de lo significativo que iban a ser más adelante. Y que justo nos lleva a ser conscientes también en el presente de que lo que estamos viviendo hoy puede ser lo más valioso a lo que vamos a atesorar más adelante.
PCL