El martes 9 de junio a las 20:00 horas, con entrada libre, el telón del Teatro Nazas se abrirá para presentar Naturalezas vivas, programa que celebra el 30 aniversario de Mezquite Danza Contemporánea.
El director artístico de la compañía, Jaime Hinojosa Villagómez, comentó que se trata de un ejercicio coreográfico que arrancará con Las cuatro últimas canciones de Richard Strauss, por lo cual, podría parecer un ejercicio caprichoso, donde también el coreógrafo participará como bailarín.
Sentado frente a su escritorio y flanqueado por un hermoso gato de cabellos dorados, el maestro explica que sus lecturas son alimentadas con las ideas del sacerdote argentino Hugo Mujica, y el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, lo que le permite mantener la gimnasia del pensamiento crítico y, al mismo tiempo, entrar en su laberinto personal.
"Ando metido en reconocer, al menos yo, el porqué me gusta vivir con mis equivocaciones. Te haces más reflexivo con la edad, y creo que duele porque te das cuenta de que te has equivocado. Pero, ¿y si de verdad es que ya no he querido equivocarme más? Me he dado cuenta de que, para un extranjero como yo, Torreón es una ficción, una que me duró y me resulta patológica ya. Porque la vida es otra cosa, no es la danza. O la vida es la danza, aunque la danza sea efímera. La vida es lo periférico, la circunstancia. Me estoy volviendo loco".
“Me metí a producir una obra, una coreografía para los treinta años, y es un auténtico berenjenal, no sé. Me pareció bastante pretenciosa porque estoy acostumbrado a danzas de pequeño formato, a no utilizar grandes escenografías y grandes pirotecnias. Eso me rompe un poco la imagen como creador, o es un cambio. El caso es que es un berenjenal, pero no tanto por lo aparatoso que puede resultar la escenografía, sino que estoy utilizando Las cuatro últimas canciones de Richard Strauss. Y son inbailables y su utilización aleatoria tiene que ver con un trabajo de intención que a los bailarines les cuesta trabajo asumir”.
Salvo quienes lo conocen por dos o tres décadas, como las bailarinas Sara y Berenice Ovalle, de los bailarines jóvenes aseguró que andan un poco extraños, pues sacan el trabajo formalmente y no desde adentro. Y como la obra habla de la fragilidad implícita en las migraciones, piensa en lo que deberá hacer antes de presentar el espectáculo.
“Estreno el martes y me faltan diez minutos. Siempre he llegado a tiempo; ahora no he podido porque le estoy haciendo caso a una razón equivocada”, apuntó sonriente, mientras recordó que en casa de José María Pérez Gay, una tarde escuchó Las últimas cuatro canciones de Strauss. De esa memoria, sin duda emotiva, más el encuentro con un ejemplar de un diario capitalino publicado trece años atrás donde se le rindió homenaje póstumo al escritor y diplomático, Hinojosa tomó su punto de partida para abordar el viaje del migrante.
"Acabo de reencontrarlo. La creación es curiosa, es una construcción que depende de muchos estímulos porque, por un lado, pienso en Las últimas canciones de Strauss, y luego me voy a lo personal: es la última coreografía mía, porque voy a bailar. Hay otras dos obras (en el programa), una se llama Viento solano, que es de Sara Ovalle, con música compuesta por un músico regiomontano, y que una migración la atraviesa por un viento solano, como puede ser el atravesar por una nevada o una granizada, y una obra de Alam Sarmiento".
“No encuentro el paralelismo para que la curaduría del programa funcione como un migrante, pero las tres danzas hablan de un cambio que necesariamente es Mezquite y los jóvenes que vienen tienen que subir. Yo sigo siendo fiel a mi retórica coreográfica; Sara está avanzando, la última danza de Sara Ovalle es un gran paso”.
Jaime Hinojosa precisó que la manera de asumir y vivir la danza, con una gestualidad diferente entre adultos y jóvenes, se aprovechará en este espectáculo. Con cuerpos humanos y técnicos, acotó que siente como si se tratara de su primera coreografía y eso es lo que más le estimula y entusiasma. Y por ello agradece a la danza, a la vida, a los bailarines y su público y, además, a los técnicos que hacen la magia detrás del telón y al patronato del Teatro Nazas.
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