“Y si se quiere ir” de Bernardo Loar

Los maestros Bernado Loar y Max Cantú nos comparten la historia detrás de “Y si se quiere ir”, una canción que nace del desgaste emocional y se convierte en una declaración firme dentro del regional mexicano.

Bernado Loar y Max Cantú en "El Arte de la Canción II"
Hassam San Luis
CDMX /

La canción surge en Monterrey, en una charla nocturna entre amigos en el Obispado. Lo que parecía una conversación más terminó por destapar una verdad incómoda: cuando una relación se estira demasiado, inevitablemente se rompe. Max Cantú recuerda ese punto de quiebre, ese instante en que el amor se transforma en cansancio y la paciencia se agota. Ya no hay espacio para ruegos.

De ahí nace la advertencia que sostiene toda la canción:

“Y si se quiere ir… pues que se vaya.”

No es una súplica. Es una línea definitiva. La puerta está abierta y no habrá nadie corriendo detrás.

La letra retrata esa dinámica tan común en las parejas donde uno amenaza constantemente con irse y el otro soporta, hasta que un día decide no hacerlo más. La ruptura deja de ser una posibilidad dolorosa para convertirse en un acto de dignidad. Por eso es un tema que no envejece: habla de orgullo, de límites y de amor propio.

“Y si se quiere ir” de Bernardo Loar

El maestro Bernardo Loar lleva esta tensión al terreno visual inspirándose en Diego Rivera y Frida Kahlo, una de las parejas más intensas y contradictorias del arte mexicano. En su dibujo, Frida aparece de frente y de espaldas: la mujer que puede irse o quedarse. Diego, imponente, casi monumental, permanece firme. La composición captura ese “estira y afloja” que marcó su historia y que dialoga perfectamente con la canción.

En lo técnico, Loar incorpora influencias de Goya y Rembrandt, trabajando el claroscuro, el grabado y el sombreado con una línea que modela la emoción desde la oscuridad y la luz. El resultado es una pieza que conecta siglos de tradición artística con una canción contemporánea del regional mexicano.

“Y si se quiere ir” y su obra visual se convierten así en un espejo de relaciones que todos hemos visto o vivido: amenazas que no se cumplen, discusiones que desgastan, puertas abiertas que esperan una decisión final.

Para Max Cantú, escribirla fue una forma de liberar la presión acumulada. Para Bernardo Loar, dibujarla fue conectar con una emoción universal sin necesidad de volverla autobiográfica. Y para el público, es una canción que reafirma algo esencial: a veces amar también significa saber soltar.

Escucha esta entrevista completa en “El Arte de la Canción: Segunda Temporada” Celebrando los 80 años de la Sociedad de Autores y Compositores de México en Milenio Televisión.


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