Homenaje a los difunto; tradición milenaria que se renueva

Desde los rituales funerarios prehispánicos hasta las actuales celebraciones del Día de Muertos, La Laguna conserva distintas formas de recordar y rendir homenaje a quienes ya fallecieron.

Muerte y rituales funerarios: tradiciones que perduran en La Laguna. | Foto: Roberto Amaya.
Torreón, Coahuila /
Únete al canal de Milenio

El fin del ciclo agrícola abre el mundo de los vivos y los muertos en algunas culturas. En otras se realizan ofrendas con comida, incienso e incluso dinero para calmar a los espíritus. En Mesoamérica los muertos también tuvieron sus ofrendas, así como en Aridoamérica o la Cultura del Desierto, donde la arqueóloga Leticia González Arratia teorizó sobre el tema.

En enero de 2019, la revista Arqueología publicó en su número 56 el artículo científico 'La cueva mortuoria subterránea como metáfora del vientre materno y el camino al lugar de los ancestros', donde ella sostiene la hipótesis de que los habitantes prehispánicos de la región eligieron de forma deliberada las cuevas subterráneas porque satisfacían ciertas creencias religiosas relacionadas con la cosmología y el ritual mortuorio.

Te recomendamos...
"Me ha tocado ver niños entre las tumbas": el panteón que sobrevivió a la Revolución y conserva las heridas de una masacre

Una de estas creencias podría ser que el muerto debía incorporarse al punto donde se encontraban sus ancestros y para ello realizaban un protocolo que incluiría su regreso al punto inicial de su historia en la tierra, o sea, al vientre materno. En entrevista para MILENIO, González Arratia explica que en el norte de lo que hoy es México, los entierros podrían realizarse en cuevas horizontales y verticales.

“Bueno, la cosa es que yo pensaría que no hay un solo entierro prehispánico, pero del que mucho se ha hablado aquí es el de la Cueva de la Candelaria, que fue donde se encontraron más de 40 cadáveres flexionados y atados por fuera del textil donde los envolvieron. Esa es la cueva que yo analicé, que se presenta aquí en La Laguna, en el suroeste de Coahuila”.

Las cuevas y abrigos rocosos son abundantes en el paisaje del desierto chihuahuense y los antiguos pobladores utilizaban las que están en laderas y cimas de los cerros; también las cuevas subterráneas, localizadas en el interior de los cerros, con aberturas en el suelo, donde se depositaron durante cientos de años los bultos mortuorios, a pesar de ser de difícil acceso.

Al ser subterráneas, los cazadores recolectores depositaban a sus muertos cerca de brazos del acuífero, por lo cual la arqueóloga destacó en su investigación que se mantenía un paralelismo morfológico con el vientre materno, cálido y acuoso. Se apunta en el artículo: “Se supone entonces que, a partir de ahí, podría emprender su viaje en búsqueda del río subterráneo que lo llevaría a la morada de los espíritus de sus antepasados, es decir, el lugar de los muertos”.

Arqueóloga Leticia González Arratia. | Foto: Roberto Amaya.

Cabe destacar que, a pesar de tratarse de cementerios prehispánicos llamados por los especialistas como arquitectura funeraria natural, en el pasado y aún en la actualidad, son asaltados por saqueadores, que sin respeto alguno roban cadáveres junto a los objetos con que fueron enterrados.

“Por la posición, los muertos de cualquier edad, no sólo los niños, se flexionaban, se enrollaban y amarraban en una posición fetal. Yo presumo, que es lo que planteo también, que son familias… La cueva, en el caso de la Candelaria, es bastante profunda. Para llegar a donde están los entierros hay que descender muchos metros”.

“Podemos asumir que sacaron bultos mortuorios, y eso es un saqueo ciertamente, porque ¿cómo fue que se encontró esta cueva? Porque el dueño del rancho donde está la Cueva de la Candelaria mandó a uno de sus peones a que sacara guano para fertilizar la tierra. Y fue el que encontró la cueva; agarró el bulto mortuorio y se lo llevó al patrón y lo que hizo el señor fue traerlo al municipio de Torreón, con don Pablo Martínez del Río y su familia, que eran muy ricos y conocidos”.

No obstante, Leticia González refiere que el reporte de cuevas mortuorias en La Laguna inició en 1838 por Fernando Ramírez. Las características, así como la descripción de los bultos mortuorios y artefactos asociados, son similares a los que otros exploradores reportaron más tarde en cuevas distintas durante 1845, 1880 y 1953, en la Cueva de la Candelaria.

Celebrar la vida junto a los muertos

En tiempos contemporáneos, las familias laguneras rinden homenaje a sus fieles difuntos, pues la conmemoración es una gran oportunidad para convivir. Fue justo en el año de 1953 cuando dejó de pasar el tranvía, mismo que se utilizó por las familias hasta para llegar al panteón a limpiar las tumbas, escalar los cerros y, bajo una sombra, comer gorditas y algunas frutas.

“El día de los muertos es uno de los más importantes para los mexicanos y tiene una raíz tan profunda que se hunde en lo prehispánico. No es casualidad que en México celebremos e incluso festejemos el Día de Muertos con tanto ahínco, que tiene que ver con esa raíz indígena, porque en los pueblos había todo un ritual en torno a los muertos. El pasado indígena está vivo”, apuntó el historiador Carlos Castañón.

En La Laguna, los preparativos en el campo santo inician días antes del primero y dos de noviembre. Se trata de limpiar, arreglar y adornar la tumba con flores. Son actos de respeto, esmero y cuidado porque los muertos siguen vivos en la memoria.

“El Día de Muertos es el recuerdo de un evento trascendente de los vivos hacia otro lugar que no es el mundo terrenal. Es algo metafísico y, sin embargo, lo celebramos cada año. En Torreón, si pensamos en su panteón histórico que se encuentra en la colonia Aquiles Serdán, en el poniente de la ciudad, de 1896, en aquella época estaba afuera de Torreón, de su centro, había que hacer un viaje a la periferia. Hoy está atrapado en una colonia, y el panteón se transforma con los vendedores de caña, flores, los vecinos se preparan y hay una especie de kermés que es la antesala al Día de Muertos”.

Castañón Cuadros refirió que la fiesta huele a fritanga y flores en tanto se transforma el barrio con la llegada de vendedores ambulantes. En los panteones más modernos e incluso en iglesias con criptas, días antes llegan las familias a platicar con sus muertos. La fiesta alcanza para que en los días de conmemoración también lleguen a los camposantos los mariachis y conjuntos norteños.

“Esto es algo que a algunos les gusta y a otros no, llegan con bandas norteñas e incluso algunos quieren tomar en el panteón porque dicen que conviven con sus muertos, pero llevan estos conjuntos musicales que, más que un día oscuro, parecen días de fiestas”.

Leticia González refiere que el reporte de cuevas mortuorias en La Laguna inició en 1838. | Foto: Roberto Amaya.

Los que intentaron borrar y siguen en la memoria

En 1911 se suscitó un hecho histórico oscuro por el cual el presidente Andrés Manuel López Obrador pidió perdón públicamente. En el contexto de la Revolución se intentó exterminar a la comunidad china en Torreón, logrando asesinar a 303 personas. Carlos Castañón apuntó que, a pesar de la matanza, las víctimas no fueron enterradas en el panteón sino fuera de él, en la calle.

“No tuvieron una sepultura digna sino que fueron enterrados en la fosa común. Pero te diría que hay otros muertos que los hemos, digamos, olvidado. Donde está actualmente la colonia La Rosita, en Torreón, en el poniente de la ciudad, ahí fue abierta otra fosa común en el año 1918 cuando fue la gran pandemia mundial de la influenza española que prácticamente cobró la vida de 50 millones de personas a nivel mundial y Torreón no fue la excepción.

“En muy pocos días, cuando sucedió esta pandemia, cobró la vida de cientos de personas, era algo inusitado, los cadáveres no cabían en el panteón y las autoridades decidieron cavar una fosa común muy cercana al lecho del río Nazas, al cauce del río y donde actualmente está en alto, como en un bordo del río, una colonia. Eso ha sido olvidado”.

Los cazadores recolectores depositaban a sus muertos cerca de brazos del acuífero. | Foto: Roberto Amaya.

La tradición por Hollywood

De la tradición mexicana en torno a los difuntos, Hollywood ha masificado algunas ideas. Carlos Castañón rescata que la filmación de la película Spectre en la Ciudad de México, con Daniel Craig interpretando a James Bond, donde se escenifica un desfile del Día de Muertos, genera un desfile en la capital del país que no existía.

Es decir, esa representación gustó tanto a los locales que se quedó como una fiesta popular real, que luego se masificó en el resto del país. Como para que en Torreón se tengan dos desfiles de Catrinas, en tanto que en la Ciudad de México llegó para quedarse tras el filme.

“De México a nivel mundial llama mucho la atención el uso de las catrinas, el uso festivo porque no tiene nada que ver con algo depresivo o terrorífico sino con algo que forma parte de nuestra cultura. Nosotros nos comemos la calavera de azúcar o al muerto en un pan con huesitos que es riquísimo y estamos esperando la temporada para comerlo. Ahora hay panes de muertos que incluso están rellenos con mil cosas. Sí ha ido cambiando, pero en esencia se mantiene la tradición”.

e&d

  • Lilia Ovalle
  • Socióloga por la Universidad Autónoma de Coahuila. Periodista desde el año 1999.

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite