En plena avenida Juárez, donde la colonia Americana despliega su arquitectura de influencia francesa, se alza un edificio blanco y majestuoso que guarda más de un siglo de historias.
Es el MUSA, Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara, un espacio que bajo la dirección de Moisés Schiaffino se redefine como un refugio incluyente y seguro para el alma.
¿Cómo surgió la construcción del MUSA?
Lo que hoy es un vibrante museo universitario, comenzó su construcción en 1914 con un destino muy distinto: ser una escuela primaria. Sin embargo, el proyecto pronto mutó para albergar el Palacio Legislativo de Jalisco.
De aquella etapa aún quedan vestigios, como los medallones con las letras "PL" en la herrería de la entrada por Juárez y el águila que resguarda la palabra "LEX" en su frontispicio.
El destino le tenía preparado otro papel. Durante la refundación de la Universidad de Guadalajara, el gobierno cedió el inmueble para ser su primera sede oficial, y fue entonces, entre 1935 y 1937, cuando José Clemente Orozco pintó los murales del Paraninfo, dotando al lugar de un mensaje universal sobre el acceso a la educación y la cultura.
No fue sino hasta 1994, por iniciativa de Raúl Padilla López, que el edificio comenzó su transformación en el Museo de las Artes. Con una colección fundacional de 36 piezas, el proyecto creció hasta que, en 2013, la Rectoría General se mudó para cederle la totalidad del espacio.
Hoy, el MUSA opera 14 salas expositivas, una biblioteca y un patio de usos múltiples, siempre con la misión de educar a través del arte.
Schiaffino, quien está por cumplir un año como director pero suma 12 años de experiencia en el recinto, tiene claros los nuevos objetivos.
"Queremos ser un museo más universal, más accesible y más incluyente", afirma.
Esto se traduce en acciones concretas: la instalación de rampas, la adaptación de baños, y la creación de recursos como un próximo modelo táctil de los murales de Orozco y la incorporación de lenguaje de señas mexicano en sus materiales.
"Queremos que todo el mundo que entra diga: están preparados para recibirme".
Un oasis en tiempos convulsos
En un contexto donde la realidad de Guadalajara es abrumadora, el MUSA se ofrece como un espacio seguro.
"En una encuesta estatal sobre discriminación y seguridad, el MUSA fue uno de los espacios más mencionados", destaca Schiaffino con orgullo. "Sensibilizamos a nuestro personal para que cualquier visitante se sienta bienvenido".
La oferta cultural actual es un reflejo de esa búsqueda de conexión humana. Hasta abril, se presenta Orden Salvaje de Rocío Sáenz, una exposición pictórica de gran formato que aborda temas sensibles como los desaparecidos y las guerras, invitando a encontrar paz dentro del caos.
"Ella crea un espacio visual para conectar con el dolor y poder liberarlo", explica el director.
Y lo que viene es igualmente prometedor. Próximamente se inaugurará La naturaleza íntima de la vida, del artista alemán refugiado Ernst Saemisch, curada por el ganador del Óscar: Eugenio Caballero, una muestra sobre la resiliencia a través del arte.
Le seguirá Correspondencias. Orozco y Einstein, sobre la admiración mutua entre el muralista y el genio de la física, y una exposición con perspectiva de género que revisa la representación femenina en el arte jalisciense.
"Invitamos a la gente a recordar que el arte nos ayuda a sobrepasar las situaciones. Venir al MUSA les ayudará a procesar la realidad de manera diferente. Somos un servicio público y gratuito para que nadie se quede fuera", concluye Schiaffino
El MUSA espera con sus puertas abiertas y sus murales de Orozco como testigos, listo para ofrecer una experiencia que, según su director, hará que el visitante "salga diferente" de sus salas.
JVO