Se enamoró del tango y lo volvió libro; la 'milonga' literaria del francés Oliver Antoine

Entrevista

El escritor francés presenta a MILENIO 'La Loca', novela que escribió a partir de recuerdos de su estancia en Argentina, sobre todo de las noches de tango.

"Si quieres escribir de verdad, tienes que escribir la verdad": Oliver Antoine | Foto: Cortesía
Ciudad de México /

Cuando el francés Oliver Antoine entró a su primera 'milonga', ese territorio netamente argentino donde el tango es rey y los súbditos van con tacones altos y camisas impecables, quedó cautivo. Desde entonces, pasó noches perfeccionando sus pasos de baile, primero con un viejo amor y luego con amigos.

Más tarde, de vuelta en Francia, llevó esa misma pasión al papel, rescatando memorias de la noche porteña en un libro, La Loca, donde la protagonista es Alejandra, inspirada en una mujer que el autor solía ver en Buenos Aires: "La veía cada noche, sin bailar, esperando".

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Hablar de La Loca es hablar de Alejandra, que en la historia de poco más de 60 páginas es una bailarina de tango. En su época dorada, forjó su nombre en los garitos porteños al lado de Carlos, su gran amor. Pero la dictadura los obligó a huir y, a su regreso, sola, ella vive del anhelo... hasta que un joven llamado Lucas reaviva su pasión.

Pero también es hablar de Oliver y su encuentro con Argentina, territorio al que llegó por consejo de una amiga fotógrafa:  "No cometas el error de darle la vuelta al mundo en un tiempo corto. Porque sí, vas a viajar, vas a ver otras culturas, pero no vas a entender a nada ni a nadie. Mejor tomar una zona del mundo y andar por ella con tiempo".

El autor, en ese entonces un veinteñero, hizo caso y eligió mochilear por Sudamérica. Empezó por Brasil, siguió en Venezuela, Chile y Colombia, hasta que llegó a la tierra del mate, el fútbol y el asado: "Nací en Francia, pero renací en Argentina. Abracé las problemáticas económicas, sociales, políticas. Un viaje que al inicio había previsto de un año, se alargó por siete años... Latinoamérica es mi hogar, no lo puedo explicar".

En Buenos Aires, Oliver conoció a una mujer que lo marcó profundamente: "Ella no está presente en la novela, pero me introdujo al mundo del tango. Era una bailarina muy buena, no tenía que levantar la mirada para que los grandes bailarines la sacaran a hacer una tanda". 

Mientras ese viejo amor surcaba la pista, Oliver observaba, principalmente "a esas mujeres que se quedaban solas, esperando lo que nunca iba a acontecer". Mujeres como la protagonista de su novela, Alejandra.

El romance con la bailarina que lo introdujo al tango no duró mucho. En cambio, el autor conoció a una pareja "que me acogió, me dio hogar y comida cuando recién llegué, porque de mochilero no tenía mucha plata. Es una pareja que, durante la última dictadura argentina, se exilió en México. Ellos fueron mi núcleo".

Portada de la novela. | Especial

Cuando se puso a escribir, Oliver, analista geopolítico de profesión, no se sintió ajeno a la ficción. Desde joven la abrazó, primero como lector y reescritor de guiones, y luego coqueteó con la poesía e incluso plasmó relatos de viaje. 

"Pero tenía muchas ganas de escribir una historia que pasara en Buenos Aires con gente que había encontrado ahí, esas figuras de la noche porteña, con su porte y su manera de vestirse... Ahí me di cuenta que la escritura, a la que había dejado por razones de la vida, no me había dejado a mí".

La Loca comenzó en francés, pero a las pocas páginas el autor se dio cuenta que "no le encontraba el sabor que le quería dar, no traducía el sentimiento". Entonces, cambió al español y la historia fluyó. "No quería traicionar lo que sentía".

De la esencia del libro, dice le interesó mostrar "la sombra" y la "fuerza trágica" de sus protagonistas, y dejar algunos retazos personales: "Hay cosas mías; porque si quieres escribir de verdad, tienes que escribir la verdad. No mantengo oculta mi oscuridad, no quiero ocultarla, porque si la mantienes así, ella te carcome. Escribir me permite ver la luz". 

—Imaginando: ¿qué harías de conocer a una Alejandra en la milonga?

— Estaría atemorizado porque tiene tanta fuerza esta mujer, tanta potencia.... Conociéndome, iría con el corazón latiendo.

— Puede verse a Alejandra como una metáfora de Argentina: vivir con ese anhelo por las glorias del pasado, pero sin sucumbir.

— Ubico al personaje en ese umbral del anhelo de una época que desaparece de repente. El tango en gran parte es eso, vive de la nostalgia de decir 'Alguna vez fuimos los mejores'. Esas cosas que a veces enojan al resto del Latinoamérica... Es interesante profundizar en ese sentimiento, ver qué hay detrás, qué fuerza contiene eso. Porque es cierto que miran atrás, pero van caminando.

En lo que una nueva obra sale a la luz, posiblemente de poesía, Oliver, además del trabajo, no deja de bailar tango. Con su pareja, revela, "a veces nos pasa la misma cosa: entramos en sintonía con la música; quizá podemos hacer pocos pasos, pero con el tango vivimos momentos que no pasan siempre".

También se mantiene atento a lo que ocurre en Latinoamérica, aunque los hechos recientes lo llenan de pesadumbre: "Infelizmente no veo muchos cambios, sino conflictos que se van agudizando. Hubo épocas donde se lograba mejor hablar uno con otro, ahora parece cada vez más difícil... Me cuesta proyectarme en cambios que permitan, aunque sea por un día, olvidarnos de ser resilientes".

Ante esos estados —a veces luminosos, a veces sombríos— escribe. Convencido de que esa es la única forma de transmitir esas emociones y sentimientos para "hacer de un momento de la vida algo que nos vuelva mejores seres humanos".


hc

  • Yair Hernández
  • juan.hernandez@milenio.com
  • Es periodista especializado en temas de cultura y entretenimiento. Actualmente trabaja como reportero para Milenio.

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