A pesar de las amenazas contra su vida y de ser obligado al exilio por su trabajo periodístico, Óscar Martínez (El Salvador, 1983) no duda en responder a la pregunta de si ha valido la pena: “Sí, claro. Yo comencé muy joven teniendo un verbo utópico de cambiar el mundo, pero este te va enseñando que es cínico y que nada ocurre como tú quieres. Después quise informar, influir y visibilizar las vidas de los empujados del mundo y dificultar la vida de los corruptos, pero también vi que es difícil”.
El periodista charla sobre Bukele, el rey desnudo (Anagrama), un perfil escrito durante el exilio.
Después de años de lucha y amenazas por su trabajo periodístico, Martínez tiene una nueva palabra en su vida: “No es lo que más me satisface, pero mi verbo actual es estorbar. Creo que a una dictadura hay que estorbarla. Bukele es un dictador y le sería más cómodo seguir con su narrativa prístina de liberador de las maras si nosotros no hubiéramos documentado sus pactos con las pandillas y confirmado tantas cosas de corrupción alrededor de él. Creo que una persona necesita tener un verbo rector en su vida y ese es el mío ahora”.
Martínez dice que ha habido un gran costo familiar y económico por su trabajo porque el exilio es muy caro, “pero mi vida ha sido una aventura y lo agradezco. No quisiera una que no fuera una aventura maravillosa pues no he dicho bonita, ni fácil, ni linda. Me he quedado maravillado ante el espectáculo a veces nefasto, a veces hermoso del mundo, lo he vivido en primera fila y eso lo agradezco profundamente”.
“Todopoderoso” y ridículo
Desde 2020, Martínez dirige El Faro, medio salvadoreño que ha documentado investigaciones sobre el gobierno de Bukele. El libro que presenta fue escrito durante sus primeros seis meses de exilio debido a órdenes de captura relacionadas con su trabajo periodístico.
“Yo no quería escribir el libro, pero trabajo en una jefatura de redacción que me hace hablar de Bukele todo el tiempo, y me hicieron ver que era necesario. Estaba escribiendo un texto sobre cómo se logra la paz en Latinoamérica, pero después vinieron las entrevistas con los pandilleros que nos buscaron, vino el exilio y el libro también tiene una carga performática”, comenta.
Para el periodista, Bukele es “cruel, violento, todopoderoso y también ridículo. Es un tipo que vende humo: ¿dónde está Bitcoin City? Vayan a buscarla. ¿Dónde está el crecimiento económico de El Salvador? ¿Dónde está el tren del Pacífico que prometió? Desmontarlo me parece que es un acto de obligación histórica”.
Martínez comenta que Bukele, el rey desnudo ha tenido buena recepción en ventas y que la nueva edición incluirá un capítulo titulado “Bukele trumpista”.
Sobre el panorama político de América Latina, opina que los gobiernos y sus líderes también reflejan el descontento de sus sociedades.
“Un político electo tiene que ser un reflejo, aunque sea deformado, de la sociedad que somos. Millones de argentinos votaron por Milei, un hombre que, sin ser un especialista, tiene desórdenes mentales, o los que votaron por Trump, un hombre misógino y racista. Esto es un reflejo de sociedades que están hartas, que ya no quieren justicia, ahora quieren venganza, y estos hombres ofrecen venganza. Hay gente que ya no quiere tejer redes, sino odiar, y estos hombres ofrecen odio, basta ver las redes sociales donde esparcen sus mentiras. Nos han sumergido en un mundo de idiotez”.
Generación combativa
El autor asegura que toda una generación de periodistas comenzó a contar lo que ocurría en El Salvador en los años 90.
“Fueron años brutales. Los periódicos de aquel momento, que venían de una dictadura, estaban censurados, sobre todo por la derecha y por las clases económicas, y no nos explicaban lo que pasaba. Nosotros, como generación, empezamos a hacer periodismo muy jóvenes porque el que leíamos no nos contaba lo que ocurría, por ejemplo, con las pandillas. Mucho de esto fue una reacción alérgica al entorno, no lo entendíamos y tuvimos que actuar”.
Antes de estudiar Periodismo, el escritor trabajaba en un periódico: “En 2005, pedí permiso en la universidad para ir a Irak porque mandaron tropas salvadoreñas. Esa era nuestra vida, a los 23 años, irte al sur de Irak a cubrir una guerra y no lo hice sólo yo, es mi generación”.
Pero su búsqueda por la verdad y enfrentar al poder ha tenido un costo: “En 2010 anduvimos con escoltas armados porque sacamos a la luz un cártel mezcla de policías, empresarios y políticos. Nos quisieron matar y tuve que sacar de El Salvador a mi familia. En 2015, cuando revelamos las masacres policiales que se vendían como enfrentamientos, los policías intentaron matarnos y nos fuimos a Nicaragua a escondernos para salvar la vida”.
Las pandillas salvadoreñas también los amenazaron de muerte y Martínez acepta que ha tenido miedo, “pero hay una característica que aprecio mucho en mi carrera periodística: yo nunca he vivido esto en soledad; he estado rodeado de un equipo de gente que cubre lo mismo que yo cubro, que entiende lo que yo entiendo, que padece lo que yo padezco porque vivirlo solo debe ser muy gacho”.
BSMM