En el homenaje a Ismael Rodríguez que organiza la Cineteca Nacional, podemos apreciar una de las películas más conspicuas del eximio cineasta: La oveja negra.
La ironía en dramaturgia es una forma de lógica narrativa en la que el personaje consigue lo contrario de lo que quiere, y de eso están saturados los acontecimientos de la película, que nos involucra de inmediato. Los personajes están construidos desde la exageración, son incompetentes para manejar su comportamiento, y eso les confiere una condición de depravados que intensifica la ironía haciéndola perversa.
La oveja negra es una vuelta alrededor del acendrado machismo y del enorme poder manipulador de la madre sumisa, una joya de la construcción dramática tanto en personajes como en estructura, sostenida con un tono de farsa melodramática que deja el rico sabor del chocolate amargo.
Desde la primera secuencia Cruz lanza su letanía de cómo deben ser las cosas: "¿Y desde cuándo se empieza a comer en esta casa sin la bendición del jefe?... A mí se me debe esperar siempre, así tarde dos días o dos años". Nos damos cuenta de que Silvano mira a su padre con incredulidad, y la sola imagen nos revela quiénes son los antagonistas. En la secuencia, cargada de esa ironía perversa que raya en la genialidad, Silvano defiende la sopa de su madre, Cruz lo abofetea por contradecirlo y ordena se vaya a comer con los puercos. Después vuelve a pegarle porque le agradece sus enseñanzas. Concluye con un aviso dramático que genera suspenso, pues Silvano dice a su madre que ha pensado que un día va a matar a su padre. Bibiana se sorprende, pero Silvano la tranquiliza asegurándole que nada más lo ha pensado.
El desarrollo es un entramado grandilocuente y los acontecimientos encajan de manera natural, sin forzamiento. Justina es despechada por Silvano, y, para vengarse, se involucra con su padre y logra que se distancie de Bibiana, lo que origina un gancho dramático, pues Cruz promete una y otra vez que va a cambiar, lo típico de una mala educación.
Cruz dice creer ser el diablo, pero después de golpear salvajemente a Silvano por culpa de Justina, afirma que es el diablo. Metáfora del machismo a ultranza, que de ninguna manera es exclusivo de los pueblos subdesarrollados, pues es un mal que se padece hasta en las mejores sociedades del mundo.
La oveja negra es una lección que evita el sermón y plantea con perversa ironía los comportamientos más abyectos del ser humano; por eso sigue conmoviéndonos hoy, en el siglo XXI.
La oveja negra (México, 1949), dirigida por Ismael Rodríguez, con Fernando Soler y Pedro Infante.