La primera vez que Jorge Ruiz Dueñas (Guadalajara, 1946) escribió un poema tenía 16 años; a partir de ahí, el narrador y ensayista asegura que la vida ha transcurrido tal como le correspondía y hace una reflexión sobre la finitud.
“Estaba en Ensenada y en lugar de estudiar para un examen de química orgánica, me puse a escribir un poema (risas). Son mis primeros recuerdos formales, no de lector sino de intentar usar la palabra y decir algo con ella”, cuenta el autor, quien en 1997 recibió el Premio Xavier Villaurrutia.
Cumplió 80 años el 23 de abril y la Academia Mexicana de la Lengua (AML) le rendirá un homenaje al narrador, quien ha desarrollado una obra poética caracterizada por el rigor formal y una constante indagación en torno a la memoria, el tiempo y la identidad.
Sobre el homenaje opina: “Les llamo pequeños rituales generosos y los acepto con humildad”.
Aunque nació en Guadalajara, su vida estuvo marcada por el mar de Ensenada y los paisajes bajacalifornianos.
“Mi primer contacto con la naturaleza siempre fue el mar y el desierto húmedo peninsular. Eso me marcaba sin que fuese otra cosa más que el trasfondo de las situaciones personales y la naturaleza humana. Era una época en la que me expresaba de manera gozosa; la naturaleza lo permitía, el símil de las emociones estaba relacionado con eso. Un poco la fiesta de la vida”, dice el narrador, que ocupa la silla XIII de la AML desde 2019.
El que podría ser su último libro de poesía
Ruiz Duenas asegura que celebra ocho décadas en las que ha incursionado en diversos géneros: “Yo empecé como poeta y paulatinamente me fui incorporando a otros: al ensayo, a la narrativa; inclusive en tiempos muy lejanos, todavía en la vida universitaria, hice una obra de teatro. Es un trabajo paulatino y sigue uno fiel a la palabra; escribiendo con esa urgencia, pero ahora hay más pausa y más paciencia. La verdad es que sí hay épocas que están marcadas y tienen que ver con el desarrollo personal y con la forma en cómo uno va percibiendo la existencia. Es parte de la naturaleza humana el actuar así”.
El escritor publicó recientemente Vesperal (Desliz Ediciones) y tiene en camino el poemario Epitafios (Editorial A tres bandas) y un libro de ensayos sobre el poema Clarel de Herman Melville.
Sobre Epitafios, que considera podría ser su último libro de poesía, opina: “Trataré de cerrar ese capítulo y es una reflexión sobre la finitud, la finitud personal, el recuerdo del padre que se ha ido, el recuerdo de los amigos; la finitud vista de manera genérica, como algo que va dentro de nuestra propia naturaleza y una reflexión final sobre esto, diciendo, no propiamente un desencanto, sino un hay que partir, salir y dejar los espacios propios de la vida para quienes vienen detrás.
Comenta que como todas las actividades humanas, hay un momento de despedirse: “Si después hay algunas oportunidades de volver, así sea en una pequeña tarde de toros, vuelve uno por ahí y se escabulle. Pero todos nos despedimos y debemos hacerlo de la mejor forma y dejar el menor número de problemas posibles”.
Para Ruiz Dueñas, con los años se experimentan las obligaciones de la edad. A los 50 decidió explorar la poesía amorosa, etapa a la que corresponde Habitaré tu nombre.
“Siento que en ese momento la forma de ver la existencia me permitía hacer una reflexión centrándome en mí mismo, en mi propia psique. Esa época pasa por reflexiones diversas sobre las restricciones del cuerpo y la esencia de las cosas. Es un libro que tiene de trasfondo ya no la naturaleza misma, sino la reflexión filosófica”.
El ensayista reconoce que a los 80 años la percepción de la finitud se vuelve real: “Hay que prepararse para cerrar los expedientes, que ya lo he estado efectuando. Es un tipo de reflexión sobre el hecho de que hay un momento terminal, de caducidad, y hay que atenderlo, si no con alegría, sí verlo con toda precisión, más que con dolor o con nostalgia, sino como la consecuencia misma de la existencia”.
La importancia de la vejez
Jorge Ruiz Dueñas estudió Derecho y Administración en la UNAM y ha dedicado su vida tanto a la cultura como a la enseñanza.
"¿Satisfecho? No. Creo que siempre debe haber insatisfacción. La satisfacción total es para los inconscientes porque no hay de ninguna manera una literatura, un poema perfecto. Si tuviese la oportunidad mágica de volver a existir, trataría de cometer menos errores, pero probablemente inauguraría otros”.
Para el poeta, vivimos en un país donde las letras “no son precisamente una actividad que permita tener una existencia cómoda y, por otro lado, la vejez, en un país donde no sucede como en Japón, que la vejez es celebrada y es buscada para el consejo. Dentro del esquema del mundo occidental es desechada. Creo que la tarea que he hecho, si no ha sido suficiente, es la que he podido concluir”.
Respecto a la felicidad en esta etapa de su vida, comenta: "Mi amigo Adolfo Castañón tiene un poema y lo cito: ‘Yo no sé si fui feliz’ y lo he entendido, porque al final de la existencia, uno puede decir que se ha sido feliz o infeliz, pero en realidad no lo sabemos; digamos que la vida ha transcurrido tal como me correspondía, que he logrado a veces algunos anhelos.
El bardo (poeta) asegura: “Creo que la victoria más entrañable es la que sale de la supervivencia en la adversidad. Acabamos de pasar un episodio que pensábamos propio de la Edad Media: la pandemia. Somos supervivientes y, desde ese punto de vista biológico, la supervivencia en la adversidad es la victoria más entrañable; haber sobrevivido a esas condiciones es ya por sí mismo un premio de la existencia”.
El homenaje se llevará a cabo este 7 de mayo, a las 18:00 horas, en la sede de la AML (Donceles 66, Centro Histórico, Ciudad de México).