'Por los buenos tiempos', de David Keenan, un reencuentro con los 70's

Las rudas andanzas de los Chicos son expuestas con humor y tragedia, puesto que siempre hay alguien que le gusta contar la historia y decir: aquellos fueron los mejores tiempos

David Keenan. “Por los buenos tiempos”. Traducción de Francisco González López. Editorial Sexto Piso.
Israel Morales
Monterrey /

Nadie dijo que los buenos tiempos se fueron. Regresan de la pluma de David Keenan (Glasgow, 1971) en una vuelta a los convulsos años setenta en Irlanda del Norte donde los Chicos, Sammy, Tommy, Barney y Patrick, hacen de todo. Desde meterse hasta la cocina para llevarse un arsenal, dar de golpes hasta cansarse a quien se les atraviese al menor desacuerdo y no se diga cuando están inmersos en su idea de aprobar el “examen” para ser parte del IRA... le entran a todo. 

Te recomendamos
“Don’t stop believin’”, de Jonathan Cain, una historia de vida, de fe, una canción

Así es como en “Por los buenos tiempos” ambulan por esas calles y buscan que en el norte de Belfast, de mayoría católica, muchos paguen los platos rotos. Sammy habla desde el presente y se asume producto de ese tiempo: sometió a diestra y siniestra a quien se opusiera a sus “ideales”, aunque no tanto como los stars violentos de sus compañeros, quienes tantas veces celebraban cuando paraban a sus opositores, desde darles muerte, extorsionarlos o hasta incautarles una tienda de cómics (para darle el toque pop, por si poco le faltaba a David Keenan) y hasta “robarle” la novia al dueño. 

Kathy es un personaje ambivalente que se mueve con destreza entre los matones.

Y vaya que surte efectos leerse hasta la saciedad a Conan el Bárbaro y casi terminar como él, aunque ya metidos en personaje, no hay quien pare a los chicos que entonan canciones de Perry Como para afianzar su identidad. 

Si el trasfondo social duele, lo es aún más cuando el rumbo parece perderlos y recuperar esos discursos de lo terrible que tan bien solían explotar. En ese organigrama las reglas y las traiciones cambian, y del rojo se pasa al negro, pese a que las canciones de Como no dejan de sonar, con humor y una gran carga de alusiones a los setenta, se viene la debacle para la que nunca estuvieron preparados, pues ya los Chicos vivían su propio apocalipsis. 

Cada personaje vale las páginas de esta trama, bien armada y con grandes efectos, para advertir que recordar es volver a vivir los buenos tiempos.

David Keenan. “Por los buenos tiempos”. Traducción de Francisco González López. Editorial Sexto Piso.

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.