Ramiro Martínez Plasencia dibuja "Huapango" en El Arte de la Canción, con Avelina Lésper

Colección Milenio Arte

Maestro Ramiro Martínez Plasencia, con la gran pieza del maestro José Pablo Moncayo, el Huapango, crea un collage fascinante hecho de sus propios dibujos, en un concierto de abundancia, inspirado en la técnica de los Árboles de la Vida. Descripción i

Avelina Lésper

HUAPANGO

Maestro Ramiro Martínez Plasencia, con la gran pieza del maestro José Pablo Moncayo, el Huapango, crea un collage fascinante hecho de sus propios dibujos, en un concierto de abundancia, inspirado en la técnica de los Árboles de la Vida. Descripción ideal de una obra que es un himno a la alegría.

Materializar o visualizar en un dibujo el Huapango, con su paisaje sonoro, evocador de ritmos autóctonos, nos dice Ramiro: “Me permití muchas posibilidades. Me sentí muy libre, en el momento de trabajarlo. Hay gente que lo llama nuestro segundo himno nacional. Lo primero que salta a la vista es la alegría y el desborde emocional. Es muy difícil que no se te enchine la piel, cuando lo oyes. He tenido la oportunidad de escucharlo algunas veces en vivo, en la sala de concierto y es una maravilla”.

Es una pieza muy idealista, hay un sentimiento heroico de nuestra idiosincrasia. La gran virtud del maestro Moncayo fue encontrar esa esencia del país, en una pieza de enorme elegancia. Contiene distintos ritmos, que forman parte de los sones veracruzanos, por eso se llama el Huapango. Elevó la música popular a una pieza sinfónica.

Ramiro nos habla del impacto social de la obra: “A veces hay música que es extraordinaria, pero es para unos pocos que la pueden apreciar. Gente que escucha música clásica, que tiene un oído educado. Pero no es algo que disfrute todo el mundo. Es diferente con el Huapango que tiene esa gran virtud, es una gran pieza para los conocedores y para la gente que lo escucha por primera vez y que nunca ha ido a una sala de concierto. Es por la carga emocional que tiene.”

El dibujo contiene muchos elementos, con una técnica muy especial, Ramiro nos explica: “Cuando me puse a escuchar la pieza, pensando en una imagen, viendo las características de la pieza, pensé en algo muy nuestro y muy alegre. Lo primero que me vino a la mente fue el Árbol de la Vida. Estas piezas artesanales de barro, que hablan sobre escenas bíblicas. Hacen una combinación impresionante de personajes y cada artesano le pone su propia historia. Es una explosión de alegría; es una explosión visual, que correspondía con la atmósfera del Huapango. Particularmente árboles de Metepec. Me dio muchísima libertad, porque trabajé igual que los artesanos. Los artesanos trabajan las pequeñas piezas y las posicionan en esta estructura del árbol. Hice lo mismo, la técnica del dibujo es collage sobre papel, hecho con dibujos míos. Dibujos de mis libretas de hace mucho tiempo, que retrabajé, borré, redibujé; las recorté y las pegué sobre el dibujo. Eso me permite jugar mucho con los elementos, como si estuviera construyendo las cosas con barro”.

El Huapango lo estrenaron en el Palacio de Bellas Artes en 1941, bajo la dirección de Carlos Chávez, que fue quien lo comisionó al maestro José Pablo Moncayo. Él y Ramiro Martínez Plasencia trabajaron de la misma forma, hicieron una investigación de nuestras artes populares. El arte debe aprender mucho de los artesanos, los artistas tienen que volver a ser artesanos.

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