Con un homenaje al creador del mambo, Dámaso Pérez Prado, el Festival del Centro Histórico cerrará su trigésima tercera edición el domingo a las 18 horas en Zócalo. En un magno concierto participarán el pianista Héctor Infanzón, la Orquesta Filarmónica Juvenil Armando Zayas de la Ciudad de México y la Orquesta de Pérez Prado Los Reyes del Mambo, dirigida por Mario Cárdenas.
El escritor Alejo Carpentier afirmó alguna vez que el “Mambo número 5”, de Dámaso Pérez Prado, una de sus composiciones más conocidas, “es una página extraordinaria en el dominio de la música popular contemporánea mundial”. El mambo, apuntó el autor de obras como El siglo de las luces y El reino de este mundo, “trajo a la música cubana un factor percusivo, no llevado en los instrumentos de percusión sino a instrumentos de metal principalmente”.
Además del “Mambo número 5”, el mundo ha bailado también obras maestras como “Mambo número 8”, “La niña popoff”, “El ruletero”, “Cerezo rosa”, “Qué le pasa a Lupita”, “Mambo en sax”, “Qué rico mambo” y “Patricia”. Para demostrar que la música del maestro no ha pasado al olvido, la plancha del Zócalo se convertirá en una gran pista de baile en la que la gente está invitada a dejarse llevar por la locura del mambo.
En el homenaje del Zócalo capitalino se interpretarán obras como Suite rumbera, de Héctor Infanzón; “La chula linda” y los legendarios “Mambo del Politécnico” y “Mambo en sax”, piezas orquestadas por el propio Infanzón. También se tocará el popurrí “Mambos de Pérez Prado”, orquestado por Eugenio Toussaint, y una selección de mambos con arreglos originales de Pérez Prado, esta última a cargo de la Orquesta Los Reyes del Mambo.
Al homenaje se suma la Orquesta Filarmónica Juvenil Armando Zayas de la Ciudad de México, emanada del Proyecto de Orquestas y Coros Juveniles de la capital, que será dirigida por los maestros Ariel Hinojosa Salicrup, Jorge Barradas y Juan Ramón Corona.
Dámaso Pérez Prado (Matanzas, Cuba, 11 de diciembre de 1916-Ciudad de México, 14 de septiembre de 1989), el gran artista isleño, fue educado por grandes maestros decimonónicos de piano y canto. A través de un ensamble novedoso, el genial compositor encontró en la música vernácula de Cuba el medio ideal para expresar el vibrante momento musical de la posguerra en Latinoamérica.
El padre y Rey del Mambo llegó a México en 1949, atraído por la creciente industria del cine, después de haber trabajado en diversas orquestas de Estados Unidos, Argentina y Venezuela. El exquisito sonido del mambo, ritmo de origen cubano, logró su verdadera dimensión universal gracias a él, al grado de provocar la admiración del propio compositor ruso Igor Stravinsky.
UNA OBRA ÚNICA
La Orquesta de Pérez Prado Los Reyes del Mambo fue fundada por Mario Cárdenas en vida del maestro. “Antes de que muriera Pérez Prado yo grabé un disco con la orquesta, pero sin el maestro —recuerda el saxofonista—. El último año nos presentábamos en el Teatro Blanquita, pero él ya estaba muy enfermo de diabetes, así que en las últimas tres o cuatro canciones ya se notaba muy cansado. Yo quería hacer algo por el maestro”.
Cárdenas deseaba que la música de su maestro siguiera sonando cuando ya no viviera. “Por consejo de Venus Rey, entonces secretario del Sindicato de Músicos, registré el nombre de Los Reyes del Mambo, para llevar el estandarte del Rey del Mambo, porque él es el rey. La intención de la orquesta es llevar el sonido de Pérez Prado a las nuevas generaciones”.
Cárdenas reconoce que su personalidad era difícil, pero su genio, innegable. “Tenía su estilo, no le hablaba a cualquiera. Aunque estuvieras en su orquesta, no te hablaba. Para eso había un delegado, a quien le decía: “Cámbiame a este músico, tráeme otro”, pero no hablaba con los músicos. Supongo que estaba muy involucrado en lo suyo, porque siempre estaba escribiendo en su piano”.
A pesar de que trabajó con obras de grandes directores de orquesta, Cárdenas aseguró que nunca conoció a nadie como él. “Como Pérez Prado no he visto otro, en cuanto a su actitud hacia la música, en cuanto a su estilo. Se la pasaba escribiendo, creando cosas. La prueba es que hizo varios ritmos, como la chunga, el dengue, el suby, el pau pau, la culeta, el mambo-twist y el rockmambo. Lo que hizo el maestro es único, escribió mucho y todas sus piezas fueron éxitos”.