“Scarpia me llena de adrenalina”: Alfredo Daza

El barítono, quien triunfa en escenarios internacionales, interpretará al Barón Scarpia de Tosca en el Palacio de Bellas Artes y en el Teatro Juárez, dentro del Festival Internacional Cervantino.

El barítono Alfredo Daza. (Foto: Compañía Nacional de Ópera | Inbal)
Ciudad de México /
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El barítono internacional Alfredo Daza esperó muchos años, después de una “educativa experiencia” juvenil, para interpretar al villano de villanos de la ópera, el Barón Scarpia de Tosca, que hará de las suyas en el Palacio de Bellas Artes y en el Teatro Juárez, dentro del Festival Internacional Cervantino.

“Yo, demasiado joven, no entendía el papel”, dice el cantante a MILENIO. Y después sitúa al personaje en su etapa actual: “Scarpia me llena de adrenalina”, comenta Daza, que lo estrenó profesionalmente en agosto de 2012, en el festival al aire libre de Kiel, en Alemania, con las sopranos Raffaella Angeletti y Ella Fabbian, como Tosca, y los tenores Jesús García y Yoonki Baek, como su némesis Cavaradossi.

Y sobre quién es Tosca para él, el barítono valora que la heroína de Puccini “representa una sociedad y cómo la sociedad puede reaccionar en cierto momento cuando ya el abuso ha sido demasiado”.

Daza (Puebla, 1976) está celebrando medio siglo de vida con la puesta en escena ahora de Luis Miguel Lombana, que tuvo su ensayo abierto al público general el pasado jueves 30 de septiembre, antes de las dos funciones en Bellas Artes, el 4 y 8 de octubre, y una más en la ciudad de Guanajuato, el sábado 17.

Comparte escenarios con la soprano María Fernanda Castillo, como Tosca, y con el tenor Arturo Chacón-Cruz como el pintor, con quien repite después de su Rigoletto del año pasado en Bellas Artes.

Después de Tosca, Daza retoma a principios de enero el papel de Diego Rivera en la producción original de El último sueño de Frida y Diego, que estrenó en San Diego en octubre de 2022, pero ahora con la Seattle Opera, donde compartirá el escenario del McCaw Hall con Daniela Mack (Frida) y Amanda Batista (Catrina), en el título de los Pulitzer Gabriela Lena Frank y Nilo Cruz, su libretista.

El barítono recuerda que a los 16 años, mientras estudiaba en el Conservatorio de la ciudad de Puebla, aunque él ya a esa edad había hecho el Don Giovanni de Wolfgang Amadeus Mozart, a su maestro se le ocurrió llevar a escena Tosca al teatro Principal de la capital estatal, y ahí Daza hizo su primer Scarpia.

“Siempre he sido muy cuidadoso con Tosca, porque tuve una experiencia muy educativa cuando estudiaba. Lógicamente a un chico que comienza con tremendo papel, yo sí sentí que algo pasó, que algo me afectó. De todos modos, pues está uno chavo, me divertí muchísimo, aprendí mucho con una experiencia que no debió haber pasado. Teníamos un grupo con mucho talento, y el maestro se súper emocionó”, dice Daza, cuyos maestros posteriores le señalaron la “locura” de hacer Scarpia a esa edad.

“Aprendí que ciertos papeles los tienes que esperar. De hecho, para Tosca, espere, espere, espere mucho tiempo. A través de la carrera he pasado por muchos papeles, desde algunos barrocos, casi todos los roles baritonales de Mozart, los de Gioachino Rossini, pensé que mi carrera se iba a desenvolver hacia Rossini, pero, pues nada, fue cambiando la voz, el cuerpo, uno va haciéndose adulto”, agrega el artista.

Sus colegas Plácido Domingo y Alfonso Antoniozzi le previnieron sobre el lirismo de su personaje en el título de Giacomo Puccini, cuando les comentó que había aceptado debutarlo en el festival de Kiel.

“'Debes cuidar mucho el lirismo del papel; el segundo acto es una salvajada, tienes opciones, manéjalas', me dijo Antoniozzi. Y las he manejado. Y entendí que uno tiene que esperar para estos papeles. Y siempre he tenido la paciencia de esperarlo”, dice Daza, reconocido por sus roles verdianos.

La primera vez que se sintió “bien” con Scarpia fue en la Tosca de Hugo de Ana en el teatro Giuseppe Verdi de Trieste, en marzo de 2022, con María José Siri en el papel éponimo y Mikhiel Sheshaberidze como Cavaradossi, en la que la crítica especializada prodigó elogios a la interpretación del mexicano.

“Siri es una Tosca muy experimentada. Acabábamos de salir de la pandemia. Y ahí fue una de las primeras veces que dije: 'Bueno, ok, esto se siente bien'. Y algunas veces pasa que un papel se queda ahí guardado un rato, en lo que se lo vuelven a pedir a uno. Y fíjate que para esta Tosca en Bellas Artes y en el Cervantino, me siento bastante cómodo”, afirma el barítono, ovacionado en el ensayo general.

Aunque refiere que la altura de Ciudad de México dificulta su trabajo a los cantantes de ópera, califica en cambio de “muy linda” la producción de la Compañía Nacional de Ópera a cargo de Lombana.

“Tengo que destacar haber trabajado con Lombana, director de escena y actor de oficio; él es un actor antes que nada, y se siente y se aprecia trabajar con una persona tan seria, lógicamente como en toda nueva producción, no va todo tan rápido como quisiéramos. Es una producción muy linda y, para mi gusto tendría que volver a hacerse porque es efectiva y todos estamos dando lo mejor de nosotros para hacer un buen papel. Me siento muy honrado de haber regresado a Bellas Artes tan rápido”, subraya.

En el elenco en Bellas Artes están: Yunuet Lagunes y María Fernanda Castillo (Tosca); Arturo Chacón-Cruz y Carlos Arturo Galván (Cavaradossi); Alfredo Daza y Luis Ledesma (Barón Scarpia); José Luis Reynoso (Cesare Angelotti); Abel Pérez (Sacristán); Mariano Fernández y Carlos Suárez (Sciarrone); Chac Barrera y Álvaro Anzaldo (Spoletta); César Barrera y Aldo Arenas (Carcelero), y Elizabeth Landa (un pastor). En la dirección concertadora está Stefan Lano y, al frente del coro, Rodrigo Cadet.

La escenografía e iluminación quedó a cargo de Jesús Hernández; el vestuario, de Jeridy Bosch; el maquillaje y peinados, de Carla Tinoco, y el diseño de video, de Giselle Hauscarriaga.

—¿Qué necesita el Scarpia que quiere usted ofrecer al público?

Se requiere de madurez, tanto física como vocal, como histriónica, porque histriónicamente es demasiado interesante como para no ponerle la atención necesaria. Requiere de mucho análisis, análisis que llevamos los actores sobre nuestros personajes, un análisis psicológico, un análisis que requiere también esa madurez. Una persona demasiado joven, yo, demasiado joven cuando canté ese papel, no entendía al famoso villano de la ópera, que se puede volver un villano reventón, de caricatura. Se requiere esa madurez como actor, y la física vocal para que aguante el temperamento del actor y al mismo tiempo mantener las dos energías equilibradas en escena, sobre en un teatro difícil como es Bellas Artes, por la altura de la ciudad, que nos pega muchísimo, la calidad del aire, la acústica.

—¿Qué le da la partitura de Puccini a un Scarpia como usted?

Da momentos muy difíciles, muy desequilibrados, muy excitantes, en verdad excitantes y de alta energía, que, con ese balance histriónico del que hablaba, a mí me llena de adrenalina. Es un papel lleno, lleno de adrenalina. Y la música da muchos colores. Sí es un poco salvaje, sobre todo ya cuando llega la parte de estar agrediendo a Tosca, la de la tortura a Cavaradossi sí es bastante fuerte, vocalmente es un tanto rudo. Podríamos decir que es el nacimiento, estamos ya más tarde que un embrión del verismo, ya estamos ahí a milímetros del verismo. De hecho, podríamos decir que Scarpia a pesar de no estar en esa ola cultural de la ópera del verismo, ya se puede considerar un papel verista.

—¿Y en relación con la soprano y el tenor protagonistas?

Hay un desbalance tremendo también junto con las sopranos que cantan Tosca. Puccini era un maestro de la armonía. Y la voz grave, en este caso que es el barítono, siempre es mandado a hacer la armonía, lo que signfica que no es una nota aguda, no es como con Verdi, que mantiene esa línea melódica tanto en el tenor y el barítono, o con la soprano y el barítono que mantienen esa línea melódica, hay muchos agudos conjuntos por medio de terceras o cadenzas en las que siempre al barítono le da esa facilidad de acústicamente equilibrarse con una soprano o un tenor, porque por lógica al cantar las notas más agudas se oyen siempre más en el teatro que las graves o medias.

“Ese es uno de los retos que siempre puso Puccini al barítono, que le compone armónicamente; cuando la soprano o el tenor van al agudo, al barítono lo pone inmediatamente en una voz media baja, que básicamente, y en muchas funciones, se vuelve casi inaudible. Ese es el reto y, bueno, así está escrito. Pero musicalmente Scarpia da muchos momentos, muchos, muchos colores. A mí encantan las escenas en que le habla a Tosca por primera vez o cuando está oyendo el concierto afuera del Palazzo Farnese, esa parte me encanta porque está muy relajado y viene acompañado de una ironía magnífica”.

—En el ánalisis que hizo de su personaje, ¿qué mueve a Scarpia frente a Tosca y Cavaradossi, frente al momento histórico que es el contexto de la trama?

Scarpia tiene una confusión. Podríamos decir que es una persona enferma psicológicamente. Tiene una confusión entre el deber, el poder, y el deseo; en su mundo o desde su perspectiva, él está haciendo lo que tiene que hacer, como debe hacerse y como él lo resuelve. Básicamente estamos ante una persona que dice que las cosas se hacen como digo yo. En el drama literario es un poquito más servicial, porque tiene la constante presión de la reina, pero en el drama del libreto Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, Scarpia representa todo ese poder, el poder y la confusión del poder con el deseo.

“Es obvio que Scarpia tiene una obsesión, casi podríamos decir que está enamorado de Tosca, pero desde su punto de vista es una obsesión puramente sexual. Y, al mismo tiempo, tiene la manera de resolver las cosas a su modo y de castigar a las personas a su modo, y que las cree correctas. Por ejemplo, cuando explica a Tosca lo que le están haciendo a Mario Cavaradossi. Ella pregunta ¿qué está pasando en ese cuarto? Y Scarpia dice todo cuadra con la ley, la ley es esa. Estamos hablando de la ley de otro momento, en que, para sacar información (bueno sigue existiendo, sigue existiendo en nuestros días), en Scarpia hay ese sadismo, de disfrutar de su poder, de disfrutar de saber que él hace las cosas como según él tienen que ser, como deben ser, y que le dan resultados”.

—Y para Alfredo Daza ¿quién es Tosca, el personaje?

Tosca es un personaje imaginario, quiere representar a una cantante de ópera. No sé, a lo mejor le dieron el clavo en que es muy celosa, ja, ja, ja, que los cantantes de ópera no somos muy tranquilos que digamos. Es un personaje como muchos otros, todos los personajes de todas las óperas existen por algo, Werther, un Alfredo, una Traviata, un Renato de Un baile de máscaras, todos tienen características muy importantes humanas, reflejadas en lo que es este arte de la ópera, y el arte siempre refleja la condición humana, y tanto la refleja, que la ópera y el teatro siguen retratándonos de muchas diversas maneras en cómo somos, en los problemas sociales que tenemos y en los problemas del humano.

—¿Y eso qué representa en la actualidad?

Estamos en tiempos muy difíciles. Y un personaje como Tosca pertenece también a esa problemática que hay, que ha existido universalmente, sobre los derechos de la mujer, la explotación, el abuso a la mujer, etcétera. Y más que eso suceda solo en México, yo me refiero a lo que sucede universalmente, vemos lo que está pasando a las mujeres en Afganistán y otros lugares. Tosca representa una persona que, aun con todo el poder que el arte le da, no sé, tener una amistad con la reina, tener cierto estatus social, pues el artista es nada más eso: un artista. Lo mismo le pasa a Mario Cavaradossi, son dos artistas, a lo mejor Mario con ideas más revolucionarias. Tosca es una persona dedicada totalmente al arte y al amor a su hombre, pero al mismo tiempo no solamente es una mujer, representa una sociedad y cómo la sociedad puede reaccionar en cierto momento cuando ya el abuso ha sido demasiado.

—Y ¿qué sentimiento le despierta de botepronto Scarpia a Alfredo Daza?

De botepronto no puedo calificar a un personaje que esté haciendo. Como actor siento que mi responsabilidad es defender la psicología de mi persona. Si yo lo estoy viendo desde afuera, es eso que le acabo de comentar hace rato, una persona que no es el malo típico, él no se considera malo, él no se ve malo, no es Iago, que dice yo soy malo porque así fui creado. No, es un administrador. No puedo decir: Ah, es que es un desgraciado, porque no, es mi papel. Sí, es un psicótico, y creo que ha habido papeles que ha hecho que son verdaderamente de una persona mala, malévola, que existen, que existen en nuestro mundo. Menciono mucho a Francesco, de I masnadieri (Verdi), que es una persona que dice: Yo así soy y cuando llegue al poder van a ver lo que es vivir entre sangre y martirio, planea matar a su padre, es una persona verdaderamente mala, mala manipuladora.

“Scarpia sí es un manipulador, pero desde su punto de vista se hacen las cosas como se han estado haciendo. Y es esa típica persona que cae en esa enfermedad del poder y en ese archivar casos, porque ha tenido muchos casos. Él está absolutamente en el poder, pero precisamente se hacen las cosas respecto a la ley de entonces. Y el trato oscuro que le ofrece a Tosca de liberar a Mario por sexo, también ya lo ha hecho, porque da una referencia ahí cuando se refiere a Palmieri, eso significa que ya lo ha hecho antes, es otro archivo más. En su manera de proceder, es una persona que le gusta quizás ir un paso adelante de los demás, manipuladora, sádica, pero con un fin, no nada más obra sin razón, su fin es que la ley se cumpla y, su segundo fin, obtener lo que desea, que es Tosca”.

PCL


  • José Juan de Ávila
  • jdeavila2006@yahoo.fr
  • Periodista egresado de UNAM. Trabajó en La Jornada, Reforma, El Universal, Milenio, CNNMéxico, entre otros medios, en Política y Cultura.

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