"Se está haciendo tarde"

Leída cuarenta y cinco años después, la novela mantiene enérgicos la totalidad de sus atributos, reconocidos entonces por lectores y crítica.

José Agustín, "Se está haciendo tarde (final en laguna)", Nitro Press, México, 2017, 304 pp.
México /

Leída cuarenta y cinco años después, Se está haciendo tarde (final en laguna), novela que el mexicano José Agustín (1944) escribiera, buena parte de ella, durante su reclusión en el desaparecido penal de Lecumberri, mantiene enérgicos la totalidad de sus atributos, reconocidos entonces por lectores y crítica. “Original, influyente y revolucionaria”, como toda la obra agustiniana, bien define ahora Hernán Lara Zavala en la cuidada reedición a cargo de Nitro Press.

Desde donde quiera observársele, la novela representa una destacada primicia literaria en un medio donde lo nuevo pronto se hace viejo, y donde lo viejo, y bueno, no tiene las mismas consideraciones que solemos regalarle a lo primero. Diríase que para la fecha de su publicación (1972) José Agustín era todavía un autor joven. Sí y no. Puesto que con 28 años había publicado ya La tumba y De perfil, a partir de las cuales se empezó a hablar de literatura de la onda.

A Se está haciendo tarde… se le considera también una novela contracultural (una detallada y atinada ubicación de la misma se encuentra en los textos que acompañan la reedición a cargo del propio Lara Zavala, Mauricio Bares, Andrés y José Agustín Ramírez, Fernanda Melchor, Iván Farías y Yolanda de la Torre). Y cómo no si formas y contenidos atrapan al lector y lo llevan al universo que muestra, siempre desde la intimidad, alucinante o templada, de cada uno de los personajes.

Rafael, veintitantos años, se monta en un superexpreso de lujo para visitar a Virgilio, quien vive en el puerto de Acapulco (sitio revisitado en la obra agustiniana). Éste, diler, camello, conecte, el bueno, lo introducirá en una aventura de excesos y proyecciones al lado de un par de gringas, Gladys y Francine, y del joven Paulhan. Un viaje que dura tan solo un día (drogas, alcohol, sexo, tarot, alucine) pero que parece nunca concluir debido al aliviane de cada uno de ellos.

¿Qué quiere decir alivianarse?, pregunta alguien en la novela, sin encontrar acuerdo entre los demás. ¿Un seminario de semántica en pleno Caleta?, interviene el narrador. Ya que si algo tiene también esta novela, y mucho, es un gran humor, omnisciente e involuntario, que acompaña a personajes y situaciones toda la jornada. (Te ves más vieja de lo que eres, como si tuvieras ciento setenta y ocho años y no los ciento cuarenta que tienes). Un solo día, a la manera de aquella gran novela de la literatura universal que recordará el lector.

Escribe De la Torre que “la feroz censura setentera” impidió el rodaje de la versión fílmica de Se está haciendo tarde…, aun cuando, para esas fechas echeverristas, “proliferaron con velocidad conejuna las cintas de ficheras”. Cuando también, con la intervención de José Agustín, se escribe el guión de El apando, antes novela que José Revueltas imaginó en la misma prisión de Lecumberri, ahí recluido por su participación en el movimiento estudiantil de 1968.

El 13 de mayo de 1971, Revueltas saldría de Lecumberri.

El 7 de julio, cincuenta y tantos días después, José Agustín.

  • Mauricio Flores
  • mauflos@gmail.com
  • Periodista, estudió Ciencia Política y Administración Pública en la UNAM

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