La cartografía Último Tule, que tiene un tamaño de 64 metros cuadrados, ha sido donada por el artista oaxaqueño Sergio Hernández al Centro Cultural Tijuana (Cecut).
La obra, que forma parte de la exposición también titulada justamente Último Tule, pende del alto muro de la Sala 2 de El Cubo, edificio sede del Cecut, para el cual fue creada ex profeso por Hernández, quien consideró que donarla a este recinto es lo menos que puede hacer por “contar con tan extraordinarias instalaciones que provocan la inspiración, que llevan a crear algo único”.
“Hay un concepto, o varios, muy complejos en torno a esta obra, que está inspirada en la isla mítica Thule, ubicada en los confines de lo que hoy es Groenlandia. Los marineros no querían llegar allá porque es el fin del mundo. Pero también hablamos de una resurrección, de una cruz: del árbol del tule en Oaxaca”, explicó el pintor mixteco, que ha expuesto en Alemania, Suecia, Bélgica, Italia y Japón.
“Quizá sea mucha historia, pero es parte de la obra; también está representado el ombligo de la Luna, que es México; pinté también la cruz de Tenochtitlán y los primeros dibujos y mapas de la ciudad que tenemos, que forman un cráneo. Esta imagen está en el Archivo Naval de España, y son los primeros bocetos de la laguna de Texcoco”, continuó el artista.
Esta pintura “es una pieza magistral que condensa y forma una búsqueda expresiva de tres décadas. Además de representar un logro significativo en el plano personal, la obra también es importante por el aporte que hace al arte de nuestro país. Con ella Sergio Hernández escribe un capítulo de la historia de plástica mexicana”, según explica el texto curatorial que el público puede leer al recorrer la sala.
La cartografía “está hecha de cinabrio, una mezcla de mercurio con azufre; al rojo que se coloca en la tela no puede darle el Sol porque se pone negro, pero cierta luz lo va oxidando hasta encontrar el tono de la sangre cuando seca. Ésta es la idea del autosacrificio, y es un concepto más literario que pictórico”, precisó Hernández.
“No creo volver a pintar una pieza de este tamaño porque me resultó muy cansado”, dijo el artista.