Tío Rober y la risa como trinchera: "El comediante, si está cómodo, no está haciendo su trabajo"

En entrevista con MILENIO, el Tío Rober habla de 'Abrazar la realidad', su defensa de una comedia que incomoda y la necesidad de mirar el mundo más allá de las pantallas.

El comediante habla con MILENIO sobre sus proyectos actuales. | Especial
Ciudad de México /
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Roberto Andrade Cerón, el Tío Rober, recuerda aquella vez que, de niño, una película lo maravilló: Las aventuras del barón Munchausen, la fantasiosa aventura que Terry Gilliam llevó al cine a finales de los años 80.

"Me impresionó muchísimo —cuenta el comediante y guionista a MILENIO—. Y, más allá de eso, recuerdo llegar al día siguiente a la escuela y contarles a mis compañeros lo que había visto".

Tener cautiva a toda la clase mientras relataba que el Barón llegó a la Luna en un globo aerostático hecho con ropa interior o escapó del vientre de un monstruo marino fue, dice, una revelación: "Me gustó mucho". Ese momento marcó el inicio de su relación con "el arte narrativo".

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Abrazar la realidad

A sus 47 años, el Tío Rober se define como "alguien realista, que se toma su tiempo para analizar las cosas". Esa mirada es el punto de partida de Abrazar la realidad, su actual gira de comedia que arrancó a finales de junio en Texcoco y que, por ahora, continuará hasta septiembre con presentaciones en más de 25 ciudades del país.

"El optimismo exacerbado a veces lleva a lugares no muy inteligentes. Hay una frase que me gustaba mucho de niño: 'Todos son ojetes a menos que demuestren lo contrario'. No sé si eso es pesimista de mi parte, pero abrazo eso todos los días", explica sobre la esencia del show.

Frente a los acontecimientos sociales y políticos actuales, el comediante utiliza el humor como una herramienta para cuestionar las percepciones, y con ello generar conciencia sobre "una simulación día a día a través de las pantallas de los teléfonos, de las pantallas televisivas, donde predicamos una moral que no ejercemos; donde se nos dice una cosa cuando realmente se están haciendo otras".

Por eso, asegura, le parecía "importante" abrazar la realidad: "porque si no nunca vamos a lograr un cambio verdadero".

Fechas de la gira. | Especial

La comedia como confrontación

Hacer reír no es solo entretener. También es una forma de cuestionar, dice el Tío; como alguien que se asume "respetuoso de la comedia", considera que el género tiene una responsabilidad social: incomodar.

"Creo que es importante socialmente porque tiene que estar comprometida con atacar a los grupos de poder, sea esto la política, las minorías de moda o concepciones intelectualoides pseudorrevolucionarias. El comediante siempre tiene que estar atacando al poder porque de esa manera desvela lo negativo", exalta.

Una postura pública con la que no titubea; la comparte con amigos y alumnos de stand up. ¿Por qué? Porque "el comediante, si está cómodo, no está haciendo su trabajo; el comediante tiene que sufrir".

De ahí, su definición de lo que busca provocar: más que una risa inmediata, encontrar un punto de vista que permita observar lo desapercibido o cuestionar lo previamente asumido.

"La inteligencia siempre me hace reír.... A ver, todo mundo es inteligente; sin embargo, un humor que busca explicar algo que los demás no han visto, mostrar realidades, abrir los ojos, se me hace algo muchísimo más emocionante que el que solamente busca hacer reír".

Foto: Especial

La catarsis y la amistad

Además de cuestionar al poder y señalar contradicciones sociales, la comedia también es un espacio de encuentro y catarsis para el Tío Rober.

Por ejemplo, su experiencia en Pur de Patos, proyecto que comparte con el 'Sancho de su Quijote', Hugo 'El Cojo Feliz', le ha permitido descubrir la posibilidad de transformar aspectos íntimos en historias compartidas.  

"El contacto con el público es maravilloso. Me acuerdo de Rubén, un tipo que estaba desahuciado y fue a cotorrear con nosotros... Hemos tenido personas con discapacidades motoras, gente deprimida, personalidades dispuestas a hacer comedia con sus anécdotas o vivencias".

Esos encuentros, que por lo regular ocurren cada miércoles en Marketeatro, tienen un valor especial porque conectan directamente con su faceta de guionista: "Eso me llena mucho, sobre todo como contador de historias". 

"Es una catarsis tan especial y emotiva que no deja de sorprenderme. Es uno de los proyectos que más me ha gustado en mi carrera y que la gente ha tomado bastante bien", apunta.

Es un recorrido que ha construido junto a una de sus relaciones profesionales más importantes (El Cojo), con quien está por cumplir 15 años de trabajo conjunto.

"Cuando tu amistad se termina convirtiendo más en una relación de negocio y todo... puede ser difícil. Sin embargo, El Cojo y yo lo hemos sabido sobrellevar muy bien todo".

La comedia más allá del escenario


Al principio, el Tío miraba con distancia el fenómeno de las redes. Pero con los años —y el aumento de su impacto—, encontró en ellas una herramienta para proyectar sus ideas, por más guarras o sardónicas que sean. 

"Al principio estaba reacio (a las redes). Al haber estudiado cine, tener cierto bagaje cultural, me daba cierto repele a ser influencer o youtuber. Pero con los años he aprendido a amar la herramienta, porque a fin de cuentas termina llegando tu mensaje", señala.

Y en pleno auge de la creación de contenido, considera que no se puede reducir a todos los creadores bajo una misma etiqueta, "porque hay quienes se dedican a la política, a la contracultura, a reflexionar".

Esa apertura hacia nuevas formas de expresión es el timón de Balagardos, proyecto que lanzó recientemente en YouTube y que asegura estar "disfrutando muchísimo" por la libertad que siente.

"Termina siendo bastante incorrecto. Me he rodeado de comediantes nuevos que no tienen ningún miedo de mostrarse tal cual son, y tengo mucha fe en este nuevo proyecto porque nos la pasamos muy bien en cada grabación. El hecho de juntarlos a todos fue una buena iniciativa".

Al cierre de la entrevista con MILENIO, el comediante, que actualmente se nutre de filósofos como Pascal Bruckner y Byung-Chul Han, expresa el confort e inspiración que siempre le da su 'Private Idaho': el cine. "Siempre me asomo a lo cinematográfico, siguiendo nuevas propuestas, pero también regreso a un cine más longevo, sobre todo de los 70 y de los grandes maestros", detalla.

"Además me he hecho muy fan del ingenio memístico mexicano. Me parece asombroso que nadie lleve una especie de bitácora o estudio, es cultura viva que nadie está recopilando u organizando. Y sé que en unos años nos vamos a arrepentir porque es parte de la historia de México".
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  • Yair Hernández
  • juan.hernandez@milenio.com
  • Es periodista especializado en temas de cultura y entretenimiento. Actualmente trabaja como reportero para Milenio.

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