“El violín sería un poco mis pulmones; me da mucho aire tocarlo”: María Dueñas

La violinista y compositora española regresa a México para participar en el Festival Cultura UNAM y en Festival Internacional Cervantino.

María Dueñas (Granada, 2002) pertenece a una nueva generación de violinistas. (Foto: Juan Carlos Aguilar)
Ciudad de México /
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María Dueñas (Granada, 2002) pertenece a una nueva generación de violinistas, pero se mantiene cercana a sus influencias, como Jascha Heifetz, a quien ha dedicado su nuevo álbum en la Deutsche Grammophon, con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, dirigida por Gustavo Dudamel.

“El violín sería un poco mis pulmones, con el violín puedo respirar de una forma que siempre es diferente, obviamente, porque hay muchísimas cosas que influyen: salas, público, todo diferente. Sí diría que me da mucho aire tocar el violín”, apunta sin dudar la virtuosa española, de regreso a México.

La joven violinista y compositora, que ha estrenado y grabado también música contemporánea de la mexicana Gabriela Ortiz con la Filarmónica de Los Ángeles (LA Phil), bajo la batuta del venezolano, conversa con MILENIO en vísperas del primero de sus conciertos, ahora con la Camerata de Salzburgo, en su debut en la Sala Nezahualcóyotl, el viernes 9 de octubre, a las 20:00 horas, dentro del Festival Cultura UNAM, que repetirá en el Teatro Benito Juárez de Guanajuato el sábado 10, a las 20:30 horas, en su regreso como luminaria del Festival Internacional Cervantino (FIC).

De hecho, el 29 de octubre de 2022, Dueñas estrenó como solista en su debut en el Cervantino Altar de cuerdas, de Ortiz, también con LA Phil y Dudamel, una pieza que quedó incluida en el álbum de la mexicana Revolución Diamantina, ganador de tres premios Grammy el año pasado, en las categorías de Mejor composición clásica contemporánea, Mejor interpretación orquestal y Mejor compendio clásico.

Incluso encargó a la mexicana un capriccio para su segundo álbum, que grabó hace un par de meses.

“Y seguro que habrá más en el futuro”, apunta.

María Dueñas llega a México con su álbum más reciente, Homage to Heifetz, grabado en los legendarios Abbey Road Studios de Londres, que incluye el Concierto para violín, de Erich Korngold, la Sinfonía española, de Édouard Lalo, y piezas de Claude Debussy y del mexicano Manuel M. Ponce.

María Dueñas debutará en la Sala Nezahualcóyotl. (Foto: Juan Carlos Aguilar)

La violinista repite en el FIC como solista, ahora con el Concierto para violín en Re menor, de Félix Mendelssohn, pero con la Camerata de Salzburgo, que está cumpliendo 74 años, bajo la dirección artística de su colega Gregoy Ahss, con un programa que arranca con la obertura de la ópera Las bodas de Fígaro, de Wolfgang Amadeus Mozart, y cierra con la Sinfonía número 2, de Ludwig van Beethoven, el compositor con el que Dueñas grabó con la Deutsche Grammophon el álbum Beethoven and Beyond.

La conexión con México para Dueñas comenzó así con Gabriela Ortiz y se consolidó en el Cervantino

“La verdad es que sí siento mucha conexión con este público, porque sí he notado mucho apoyo siempre en redes sociales y también de niños y jóvenes que siempre me escriben y son violinistas”, apunta la joven de 24 años, nacida en la generación de celulares, redes sociales e inteligencia artificial.

“Sobre todo, tengo muy buena relación con Gabriela Ortiz, que me dedicó su concierto para violín Altar de cuerdas, a raíz de lo cual he tocado algunas otras obras de ella. Realmente ya estaba deseando venir y ver lo que en ella se inspira; me estuvo hablando mucho de arquitectura y de sus raíces”, dice.

—¿Por qué le interesa la música contemporánea? Porque se presenta ahora con Mendelssohn.

Como músico y como joven siento responsabilidad de dar a conocer obras nuevas, porque sí, el repertorio clásico siempre va a estar ahí, y sí que es un poco nuestra responsabilidad presentar siempre obras nuevas al público y dar a conocer compositores que aún viven. Para mí es muy importante tener una conexión muy grande con un compositor contemporáneo; siempre quiero encontrar alguna razón, de hecho, necesito varias razones, para tocar música o para que alguien me escriba un concierto.

“En el caso de Gabriela fue muy fácil, porque las dos tenemos muy buena amistad con Gustavo Dudamel, y ahí fue un poco como surgió ese encuentro. Y me siento muy representada con su música, tiene muchos elementos rítmicos que conectan con mis raíces españolas. Ella me estuvo contando cómo se había inspirado en las iglesias de cielo abierto —creo que así se llaman— aquí en México, y también en la arquitectura de la Alhambra, de mi ciudad, Granada. Así que sí, para mí es muy fácil. Y, de hecho, fue muy interesante porque al ser su primer concierto de violín tuvimos mucha comunicación porque había cosas que había que cambiar, y me sentí muy envuelta en esa composición”.

—Granada tiene una gran tradición de música popular. ¿Cómo es que se decantó por la clásica, con esa presión que hay de la música popular en su ciudad y en la misma España?

La música popular siempre va a estar ahí. De hecho yo lo noto mucho, por ejemplo, al interpretar la Sinfonía española de Lalo, así que hay muchos elementos para mí de la danza. Lo del acercamiento a la música clásica fue por mi madre, porque a ella le encantaba escuchar sobre todo ópera, clásica. Entonces, desde pequeña estuve un poco más en contacto con esa rama de la música clásica. Un poco más tarde ya asistimos a conciertos y vi el violín y una orquesta por primera vez, así que yo diría que mi primera conexión con la música fue con clásica.

La violinista ha estrenado y grabado música contemporánea de la mexicana Gabriela Ortiz. (Foto: Juan Carlos Aguilar)

—Escogió el Concierto para violín de Mendelssohn, que conoce desde niña, para su regreso al Cervantino y en su debut en la Sala Nezahualcóyotl. ¿Qué le da esta obra a usted, para que ahora la traiga con la Camerata de Salzburgo?

Lo primero es siempre pensar que hay una nueva audiencia, porque, al venir por primera vez aquí, tengo muy presente en mi mente que igual hay mucha gente que viene a un concierto por primera vez o que me escucha por primera vez, así que siempre quiero dar esa impresión de frescura, porque recuerdo la ilusión con la que yo iba a conciertos, y quiero transmitir eso. Además, esta vez es muy especial, porque vengo con la Camerata de Salzburgo, entonces sí que es verdad que es un concierto muy de música de cámara. Es una conversación constante. El concierto de Mendelssohn permite mucha flexibilidad y mucha cercanía con los músicos también.

—Trae fresco su álbum Homage to Jascha Heifetz. ¿Por qué le interesó ese proyecto conjunto con Dudamel?

Cada grabación que he tenido hasta ahora ha representado una etapa diferente de mi carrera. Este es mi tercer álbum; empecé con el concierto de Beethoven, que fue una etapa un más posterior; después con los 24 caprichos de Paganini. La evolución de un músico es mediante las obras. Y ahora con este álbum he querido un poco rendir homenaje a cómo empezó todo, porque recuerdo cuando era pequeña escuchar no sólo a Heifetz, también a Yehudi Menuhin, a David Oistrakh, a todos estos violinistas legendarios, y me impactó mucho el sonido personal que tenían, sobre todo Heifetz; era un sonido muy humano, muy cálido, muy reconocible.

“Y también quería rendir homenaje a mis raíces, a mi país, a España, con la Sinfonía española de Lalo. Pensando sobre todo esto, me vino a la mente obviamente Gustavo Dudamel, porque tenemos una conexión muy fuerte en el escenario, pero también personal. Me parecía la mejor persona para acompañarme en este proyecto”.

—Unió a Korngold y Lalo, tan diferentes. ¿Por qué?

La razón es porque Haifetz hizo esta misma grabación, él en un vinilo tiene a Lalo y a Korngold; este vinilo lo tenía yo en casa y era el que había escuchado. Fue como una decisión muy natural. Además, hay muchos valores humanitarios que unen a Haifetz con Korngold, por ejemplo, porque ambos emigraron a Estados Unidos cuando eran muy niños; entonces hay mucha conexión humana detrás de esta obra, pero principalmente el motivo fue porque Haifetz lo grabó así exactamente.

—¿Cuál es el estilo que a usted le impactó de Haifetz?

Cuando, por ejemplo, se escucha a Haifetz hablar en persona, da la impresión de que es una persona muy fría, como que no tiene mucha calidez a la hora de hablar con alumnos, hay algunas llamadas telefónicas (que circulan) en internet. Pero, después, cuando se escucha cómo toca el violín, es un sonido muy cálido. Para mí esto un poco enseña que mediante la música es una forma de tocar muy honesta. Como que él ponía un poco una pantalla para relacionarse con la gente, pero, después, emocionalmente era una persona muy rica en emociones. Él desarrolló una técnica única, que nadie realmente tuvo antes, sobre todo de la mano derecha; es como una técnica hecha a medida para él. También creo que no se dejaba mucho influenciar por lo que otros hacían, él tenía un estilo muy propio, muy libre también, a la hora de pensar arcos y dedos, era como algo hecho para él. Esa honestidad al tocar y también esa personalidad es algo que todos deberíamos conservar y buscar también.

—¿Y cuál es el estilo de usted, de María Dueñas? ¿O está en su búsqueda todavía?

Bueno, yo creo que es un camino muy largo, obviamente. Pero sí, realmente pienso que para mí lo más importante es trabajar con el sonido, porque obviamente hay gente que tiene gran virtuosidad y puede tocar muy rápido. Y creo que, en ese sentido, seguramente habrá gente que lo hará mejor que yo, que podrá tocar más rápido, por eso pienso que realmente en lo musical es en lo que puedo un poco encontrar lo que yo quiero hacer. Sí que es verdad que siempre intento, primero de todo, tener mi visión sobre una obra antes de escuchar a otros, cómo lo hacen otros.

—Tiene dos violines. ¿Cómo elige qué violín para la pieza que interpreta? ¿Qué le da cada violín?

Sí, de hecho es bastante fácil decidir, porque el Stradivarius tiene un sonido muy oscuro y muy poderoso, mientras que el Guadagnini es mucho más brillante y, para mí, es un poco más adecuado para música de cámara, para recitales, para obras como Schubert, Debussy, algo así con menos peso. Para el concierto de Brahms o Shostakovich sí que elegiría el Stradivarius. Es un poco siempre dependiendo de los colores que quiera usar.

—En el homenaje a Heifetz, ¿cuál usó?

Usé dos violines totalmente diferentes a los que tengo. Uno es un Gagliano, que es el que estuve tocando durante los últimos diez años de mi vida, un violín que siento muy cercano a mí. Ese lo utilicé para las obras con orquesta, con Dudamel. Pero en ese disco también grabé cinco obras con piano, y ahí fue muy especial, porque ahí estuve tocando el propio violín de Jascha Heifetz, que se me prestó para esa grabación, el Stradivarius Piel. Y, sí, fue un sueño totalmente diferente, porque fue obviamente como entrar en otra época de la historia, pero también algo que surgió en el momento, porque no lo había tocado antes, entonces fue realmente la primera vez que lo toqué para la grabación.

—¿Cómo se siente en cuanto a esta otra faceta que tiene como compositora?

Diría que es un poco una ramificación, porque siempre me gusta componer un poco cuando lo necesito. Para este álbum, aún no ha salido, pero habrá algunos arreglos que he hecho yo, igual que Heifetz, que él trabajó mucho con arreglos. Y sí he querido trabajar alguna obra, por ejemplo, de España, que he escrito para violín y arpa; también arreglos con piano. Sí, componer es como cuando noto la necesidad, conectada con algo en particular.

—En este momento de su carrera, con ese nuevo álbum de homenaje, ¿quién es María Dueñas?

Justamente, en este álbum he sido una persona con mucha curiosidad, porque para mí algo que ha sido muy importante es que la gente no piense que quiero tocar como Heifetz, porque eso es imposible. Pero es más que nada una inspiración de él que me permite buscar mi propia voz en este álbum.

PCL

  • José Juan de Ávila
  • jdeavila2006@yahoo.fr
  • Periodista egresado de UNAM. Trabajó en La Jornada, Reforma, El Universal, Milenio, CNNMéxico, entre otros medios, en Política y Cultura.

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