El camino de un atleta hacia el deporte universitario de élite en Estados Unidos rara vez tiene reglas fijas o una sóla fórmula. Y en el caso de los deportistas mexicanos, el destino puede tomar rumbos inimaginables, que a final de cuentas resultan ser satisfactorios.
La trayectoria del pateador poblano Jesús Gómez-Juárez, exfigura de los Sun Devils de Arizona State University (ASU), es una prueba de resiliencia, en la que el esfuerzo familiar y la capacidad de adaptarse a los momentos de mayor presión transformaron todo. Durante su participación en el College Game Day de ASU, en el que participó como uno destacado egresado, Gómez reflexionó sobre cómo llegó a la Universidad y el ovoide cambió su vida para siempre.
Del sueño del futbol a la exigencia del emparrillado
Como la gran mayoría de los niños en México, el anhelo inicial de Jesús Gómez no estaba en los emparrillados de la NCAA, sino en las canchas y las porterías. Su meta de infancia era vestir la camiseta del Club Puebla en la Liga MX; sin embargo, la honestidad consigo mismo sobre sus capacidades físicas lo llevó a reorientar su pasión cuando descubrió que su verdadera fortaleza residía en la potencia de su pierna.
"Mi viaje es un poco loco, como el viaje de todos nosotros. Empecé jugando al futbol y quería ser futbolista. Quería jugar para el Puebla, ese era mi sueño. Pero pasan cosas, no era lo suficientemente bueno. Tuve que admitir que no era lo suficientemente bueno, pero tenía una pierna bastante fuerte. Mis amigos jugaban al futbol americano en la escuela y de repente los vi jugando tocho bandera, así que dije: ‘Quiero unirme’”.
A pesar de las dudas iniciales de sus padres, quienes temían las tacleadas y los impactos físicos propios del futbol americano, Gómez encontró en la posición de pateador la puerta de entrada a una disciplina que terminaría definiendo su vida. Aunque al principio intentó desempeñarse en posiciones más protagónicas, comprendió que el éxito requería aceptar y perfeccionar su talento natural en el pateo.
“Me aceptaron en el equipo, pero no era pateador; no quería patear nada, decía: 'Es aburrido, he estado pateando durante 14 años, no quiero seguir haciéndolo, ¿por qué querría hacerlo?’”, recordó. “Intenté como receptor, quarterback, todas esas posiciones vistosas. No funcionó, no era lo suficientemente bueno. Empecé a jugar como pateador y me dije: ‘Bueno, tal vez tenga una oportunidad aquí’. En realidad pensaba que simplemente me iba a quedar en México, no pensaba que tenía el nivel o la capacidad para jugar en Estados Unidos”.
El sacrificio familiar y el reclutamiento desde México
Dar el salto al sistema colegial de Estados Unidos representó un reto. Sin el radar habitual de los reclutadores estadunidenses sobre el talento mexicano, Gómez y su familia tuvieron que diseñar su propia ruta de visibilidad para poder cumplir el sueño.
Acompañado por su padre, Gómez recorrió Estados Unidos para participar en 14 campamentos de especialización en un solo año. Estuvo en Dallas, Chicago, Florida y California, donde las becas aún no estaban garantizadas y los costos debían ser asumidos por sus padres.
“Es difícil, para ser honesto; no voy a decir que es fácil porque no lo es, especialmente siendo de México”, reconoció. “Los entrenadores no miran mucho hacia México, pero si haces que te recuerden, definitivamente tienes una oportunidad”.
Esa constancia dio frutos cuando los entrenadores identificaron el valor de un jugador que no solo mostraba potencia, sino una determinación inquebrantable.
“A lo largo de tu viaje sigues aprendiendo cosas y llegas a un punto en el que vas a usar todo lo que aprendiste para un momento especial. Ese momento sucede, luego te reinicias y comienzas a aprender de nuevo: fallas, tienes éxito, pero sigues aprendiendo. Y luego usas todo ese conocimiento otra vez. Sucedió a lo largo de mi carrera y siento que todos esos años previos a llegar a ASU me ayudaron a desempeñarme en este escenario donde todos los ojos están sobre ti y todos los aficionados te van a amar o te van a odiar. Fue bastante especial”, añadió Gömez, quien actualmente vive en Tempe haciendo su maestría.
Ejecutar con el reloj corriendo
Tras iniciar su carrera en Eastern Michigan University y adaptarse a condiciones climáticas extremas antes de transferirse a Arizona State mediante el portal de transferencias, Gómez se convirtió en una pieza clave para los Sun Devils. Su habilidad para definir partidos en los minutos finales lo transformó en un referente bajo presión.
Para Gómez, la clave para mantener la serenidad cuando decenas de miles de aficionados te observan porque la victoria del equipo depende de una sola patada, radica en la repetición constante y la confianza en la preparación previa para esos escenarios.
“Me quedo en blanco durante el momento”, confesó sobre la sensación al entrar al campo para definir un juego, sin creer que se trata de un logro individual, sino del resultado del esfuerzo colectivo, ya que sus compañeros le dan protección en las trincheras. “Todo vuelve a la preparación: he pateado la misma patada en los entrenamientos cientos de veces. Así que es solo volver a lo básico y confiar en que soy lo suficientemente bueno”.
FCM