• El Mundial promete inclusión. Las personas con discapacidad siguen jugando de visitantes

La FIFA presume inmuebles mundialistas recién remodelados. Pero para miles de aficionados con discapacidad, entrar a un estadio y vivir el Mundial seguirá siendo una carrera de obstáculos.

Ciudad de México /

DOMINGA.– La tarde cae sobre el Estadio Azteca (aún cuesta nombrarlo Banorte) como una sábana gris que amenaza con tormenta. Afuera el ruido del tráfico se mezcla con el murmullo de los vendedores ambulantes, el olor a garnachas y el eco de los primeros cánticos de quienes llegaron temprano. Es un día festivo, es la reinaguración del Coloso de Santa Úrsula, rumbo al Mundial.

El futbol promete lo mismo desde siempre: noventa minutos para olvidarse de la realidad personal. Un estadio lleno, la garganta rota y ser uno más entre miles que festejan un gol o un campeonato. Pero para Daniel Santillán, el partido empieza mucho antes de que el árbitro silbe. Su “fiesta” inicia en la calle, donde cada grieta es un rival y cada pendiente, un contragolpe.

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Daniel, Shanty para los cuates y @shantyruedasmagicas en TikTok, no siempre se movió así. En 2019, una estampida en el Metro lo dejó con una lesión medular a nivel de las vértebras torácicas. Desde entonces, su vida se divide entre las pasiones que antes podía disfrutar –correr, bailar, jugar fútbol– y lo que ahora debe calcular como si fuera estrategia de vestidor: la inclinación de una rampa, la distancia entre un elevador y una puerta, la fuerza necesaria para subir un puente.

Es fanático del América, “nadie puede ser perfecto”, bromea. Durante años evitó los estadios y dejó de ver los partidos en la televisión porque le dolía el recuerdo de jugar. No era simple nostalgia, era un duelo. “El futbol era todo para mí. Era mi momento feliz de distracción y convivencia… De pronto, todo lo que me gustaba dependía de mis piernas y ya no podría moverlas jamás”, narra en entrevista para DOMINGA.

Volver al estadio fue un torbellino de emociones: la piel chinita al ver la cancha, la vibra de la multitud, las fotos con sus compañeros, la alegría de sentirse parte del juego. “Fue bastante emocionante, después de muchos años de que yo iba de pie, caminando, ahora me tocó ir en silla de ruedas”, dice con la voz entrecortada. Para Santillán, fue un impulso emocional para olvidar la depresión que vivió –en la pandemia– y que lo puso al borde de querer poner fin a su vida.

Ahora la fiebre rumbo al Mundial 2026 fue el pretexto ideal. Y no regresó solo, estuvo acompañado por doce amigos, también usuarios de sillas de ruedas, gracias a una asociación altruista que les proporcionó los boletos.

Ahí se topó con una jugada de contradicciones: un estadio remodelado para la fiesta global pero rodeado con deficiencias que le juegan en contra. Muchos de los aficionados que viven “la intensidad del futbol” y con alguna discapacidad, se autoexilian de los estadios porque el esfuerzo es una goliza en contra: estacionamientos caros o accesos especiales bloqueados. Las rampas, los elevadores y accesos amplios son ejemplos muy visibles de infraestructura que ayuda a la movilidad de personas con discapacidad motriz y usuarios de silla de ruedas.

Ya dentro del estadio, Daniel tampoco tuvo juego limpio: “las rampas son demasiado inclinadas y los usuarios de silla de ruedas necesitamos apoyo para poder subirlas”. Además, los espacios reservados limitan la posibilidad de asistir con más de un acompañante. “Necesitamos un poquito de mejores espacios, había algunos destinados para dos sillas de ruedas y para dos personas a un lado, luego otro espacio para otra silla de ruedas y una persona al lado y así sucesivamente”.

Daniel reconoce avances: baños exclusivos y cuidados, espacios más limpios y la posibilidad de tener a alguien al lado. Pero el Azteca, el estadio más grande del país con 83 mil 264 asientos, apenas cuenta con 40 lugares para personas con discapacidad motriz. Y señala también lo que le falta: barandales que den seguridad, más lugares para sillas de ruedas y, sobre todo, teme que estas mejoras sólo sean temporales. “Siento que es como un disfraz para que, pues, todo el mundo vea que México es otro rollo, ¿no? Que al final de cuentas, deberían de dejarlo, digo, si ya lo están haciendo ahorita, pues, ¿por qué no continuar con esto?”.

El Estadio Banorte sólo cuenta con 40 espacios para personas en sillas de ruedas | TOMÁS PÉREZ DE LA CRUZ/CUARTOSCURO.COM

¿Y la afición que tiene limitación motriz?

Según datos del Gobierno de la Ciudad de México, de cara al Mundial, existen dos mil obras de infraestructura activas en la capital. La mayor parte de ellas, iniciaron cinco meses antes de la inauguración del torneo futbolístico (que será el próximo 11 de junio) aún cuando se sabía que seríamos sede desde el 13 de junio de 2018. Lo mismo ocurrió con la remodelación del Estadio Azteca/Banorte que inició en mayo de 2024 y, según Emilio Azcárraga Jean, no estará terminado al 100% para el inicio de la justa deportiva. Un estadio que debería ser la estrella del equipo, llega lesionado al debut.

Entrevisto a Javier Munguía, periodista y creador de contenido para Yo También, la asociación civil dedicada al activismo en favor de la inclusión y los derechos de personas con discapacidad. Para él, la ciclovía es el ejemplo más claro de una estrategia fallida para el Mundial. “De las obras más emblemáticas podemos empezar con la ciclovía. Si bien es una opción más de movilidad, está mal construida, mal implementada. No solamente para los ciclistas, sino también para los peatones, incluidos los peatones con discapacidad”, dice.

Al sistema de transporte al que le ha hecho “marcaje personal” es al Tren Ligero que conecta con el estadio. “Lo primero que hicimos fue denunciar que en el tramo 1, que va de la estación Tasqueña hacia la estación Estadio Azteca, todos los accesos son a través de puentes peatonales. Esto deja por fuera a personas usuarias de silla de ruedas, a personas con movilidad limitada, a personas con discapacidad temporal, como lo puede ser una persona que se fracturó, que tuvo una cirugía o que está en rehabilitación”, explica. En otras palabras, el transporte que debería ser el pase filtrado al estadio, termina siendo un fuera de lugar para miles de aficionados.

La mayoría de obras iniciaron meses antes de la inauguración del Mundial 2026 | ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM


En su cuenta de Instagram @javier.munguiaa, Javier ha subido videos con los recorridos por varias rutas que están en trabajos forzados para renovar muros, calles y puentes. “Hasta ahora no tengo evidencias de que se estén instalando más escaleras eléctricas, de que se esté dando mantenimiento o sustitución de los elevadores. Parece que no habrá accesibilidad en las obras del Metro”, me dice.

Conseguir boletos para el Mundial ya es un reto para la mayoría de los fans. Para quienes tienen una limitación motriz, la dificultad se multiplica, pues son muy pocos los lugares disponibles para ellos. La tarjeta amarilla se la lleva la infraestructura, por las fallas en los elevadores instalados en el puente de Huipulco, el gran paso peatonal para llegar a la entrada del estadio, porque no funcionan. El día de la reinauguración y rebautizo del Azteca/Banorte, una familia se quedó atorada durante 40 minutos dentro de uno de ellos. Ese mismo día, apenas estaban colando el cemento en la rampa de acceso. En visitas posteriores, los elevadores ya subían y bajaban con normalidad… pero sus puertas no abrían. Una jugada absurda.

Hay un dato que rompe cualquier narrativa optimista frente al Mundial: el Estadio Azteca, con 83 mil 264 asientos, apenas cuenta con 40 lugares para personas con discapacidad motriz. Incluso si se cuentan las zonas especiales, hasta 200 espacios accesibles –con todo y los acompañantes de personas usuarias de sillas de ruedas–, la proporción no llega ni al 0.25% del aforo. La Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad sugiere tener al menos un 3% de la capacidad total. Eso implicaría, por lo menos, unos 2 mil 400 lugares con accesibilidad total. La diferencia es un abismo. Desde ahí, la inclusión ya va perdiendo el encuentro.

‘Cómper’, que traigo silla

Isaac Pizano es un aficionado del Club Guadalajara. Es todo un ‘chivahermano’. Desde niño, aprendió la diferencia entre la inclusión y la realidad en carne propia. Hoy tiene 32 años y vive con atrofia muscular espinal desde que era un niño de doce años. “Antes corría, brincaba, saltaba y festejaba cada gol de las Chivas”, cuenta en entrevista para DOMINGA. Iba al Estadio Jalisco cada quince días con su papá y con su hermano. Compraban el abono de toda la temporada para ver a su equipo.

Tenían su propio ritual hasta que la enfermedad apareció. Luego llegó el bastón, la silla de ruedas. Y retos que pusieron el marcador de su vida en contra.

En julio de 2010, el Guadalajara estrenó casa: el Estadio Akron, que fue como pasar de una derrota a una remontada. “Hasta ese momento me di cuenta de la magnitud de la diferencia. En el viejo Estadio Jalisco todo me ponía en riesgo: las escaleras, los baños, la gente, los pasillos cortos, reducidos. El nuevo estadio poco a poco me fue dando mucha más seguridad y confianza”, sostiene. Fue un parteaguas.

Encontró rampas, elevadores, baños amplios y otro desafío: exigir que haya asistencia calificada dentro del inmueble. “El reto de que haya el personal capacitado, informado, de saber dónde está el elevador, dónde está la rampa, [...] que haya la señalética correspondiente para que la experiencia sea mejor para todos”.

FIFA tomó el control del Estadio Guadalajara para el Mundial 2026 (Cortesía Estadio Akron)


El Akron no es perfecto, la cifra oficial de espacios accesibles es de 200 y no coincide con la experiencia real. “Yo calculo entre 100 y 120, contando acompañantes”, explica Pizano. Y entonces aparece otro problema que rara vez se discute: la inclusión individual no es inclusión real. No puede ir al estadio con su esposa y con su hijo al mismo tiempo. El sistema sólo contempla un acompañante, el resto queda fuera de juego. “Entonces tengo que elegir con quién ver el partido.”

El estadio, afirma, es incluyente. La ciudad no lo es. El acceso desde el periférico implica recorrer más de un kilómetro y medio en silla de ruedas, dependiendo de banquetas parejas y rampas que aún no existen. Isaac confiesa que su sueño es visitar el ‘Coloso de Santa Úrsula’, por lo histórico y simbólico, pero también admite que le teme a los retos que podrían existir frente a la movilidad.

No está en su lista conocer otros estadios debido a que su infraestructura, supone, es más antigua y posiblemente no cuenten con accesibilidad para personas en silla de ruedas. Recuerda con claridad un episodio que lo marcó en el Estadio Jalisco: “En un clásico tapatío, la porra de Atlas se brincó y la zona de discapacidad está junto a la porra de Atlas, entonces yo sentía que ahí yo quedaba, imagínate el miedo que es ir a eso. Yo ya no voy al Estadio Jalisco por seguridad, así de sencillo. El Estadio Jalisco tiene un aforo de personas con discapacidad no mayor a 20, pero es un estadio de 50 mil personas”. Las experiencias de Isaac revelan que la inclusión no es sólo infraestructura, sino también seguridad y respeto.

“Hay mucho miedo a la discapacidad, pero hay poco respeto a la discapacidad. ‘Tengo miedo de que me pase algo y adquirir una discapacidad, pero no respeto los lugares de discapacidad’, es una incongruencia muy marcada”, dice.
“A la gente le es cansado pensar en la discapacidad, en la accesibilidad, en las rampas, en la lengua de señas, en que las banquetas sean parejas, en que darle oportunidad laboral, es muy cansado eso. Pero, imagínate lo cansado que estoy de vivir en una sociedad sin rampas”.

Dentro del Akron parece que Guadalajara va ganando. Cuenta con 208 lugares para personas con discapacidad, nueve elevadores, rampas amplias, baños exclusivos. Pero afuera, la ciudad se anota un autogol. Desde el periférico hasta la entrada hay más de un kilómetro y medio de banquetas irregulares, rampas inexistentes y tramos que obligan a circular por la calle. México construyó estadios para el mundo, pero no construyó caminos para que su propia gente llegue a ellos.

Día a día las personas en silla de ruedas enfrentan obstáculos para su movilidad | JORGE CARBALLO MILENIO DIARIO

Discapacidades invisibles, sociedad insensible

En el planeta existen alrededor de mil millones de personas –un 15% de la población global– que vive con algún tipo de discapacidad, según el Informe Mundial sobre la Discapacidad de la Organización Mundial de la Salud. Más allá de las limitaciones, las personas con discapacidad enfrentan barreras que los dejan en “fuera de lugar”. Incluso, suelen tener menos oportunidades laborales y de movilidad social, menor acceso a la educación y tasas de pobreza más altas. El estigma y la discriminación son el principal freno para su participación plena e igualitaria.

Las rampas, los elevadores y los accesos amplios son ejemplos muy visibles de infraestructura que ayuda a la movilidad de personas con discapacidad motriz y usuarios de silla de ruedas. Sin embargo, Javier Munguía pone el dedo en otra llaga: la accesibilidad que debe contemplar las llamadas discapacidades “invisibles”: sordos, sordomudos, ciegos, personas dentro del espectro autista. Hinchas que también quieren gritar gol pero a quienes el sistema ni siquiera les pasa el balón.

“Se necesitaría instalar, por ejemplo, bucles magnéticos alrededor del estadio para permitir que el sonido llegue directamente a los implantes cocleares de personas con debilidad auditiva. Pero ningún estadio en México cuenta con esta tecnología todavía”, subraya. Para personas con discapacidad visual, existen tableros táctiles que permiten seguir las jugadas en tiempo real, pero en México sólo colectivos ciudadanos han impulsado iniciativas similares, sin apoyo institucional. “En nuestro país no hay políticas públicas y tampoco algún posicionamiento o servicios institucionales que permitan a personas con discapacidad vivir el fútbol”, insiste Javier.

​Ese principio es el que se explora en la película Un portero muy improbable (2026). Se trata de la historia de Martín –interpretado por el actor Danilo Guardiola–, un joven que vive dentro del espectro autista y que, al mismo tiempo, es un portero brillante que ataja balones gracias a su mente matemática, pero que enfrenta trabas sociales: bullying, discriminación y falta de oportunidades.

“Su problema no es el talento, su problema es que por estar en el espectro autista, y a lo mejor no saber cómo desenvolverse socialmente, pues le ponen muchas trabas, ni siquiera le dan la oportunidad”, explica su director, Mike Ortiz, en entrevista para DOMINGA.

La película –que se estrenó el pasado jueves en salas cinematográficas– busca generar empatía, visibilizando cómo los obstáculos no están en la cancha, sino en la tribuna, en los palcos, en quienes toman las decisiones. La cinta se convierte en un espejo de lo que viven los aficionados con discapacidad en los estadios. Así, muchos hinchas son excluidos pese a su pasión. La propuesta cinematográfica está respaldada por el Club de Futbol Monterrey y combina humor con emoción, logrando que el público ría y llore en cuestión de minutos. Una montaña rusa de sentimientos que refleja la experiencia de quienes intentan asistir a un partido: la ilusión de estar cerca de su equipo y la frustración de enfrentarse a rampas inclinadas, elevadores cerrados o baños ocupados. Además, la película abre la conversación sobre discapacidades invisibles, como el autismo, la hipoacusia o la discapacidad auditiva.

El Mundial no es para todos

Las obras del mundial volvió a poner sobre la mesa las deficiencias estructurales para las personas con discapacidad | MARIO JASSO/CUARTOSCURO.COM


El Mundial dejará obras, fotografías oficiales y estadios renovados. Pero la prueba de accesibilidad no estará en la ceremonia inaugural, sino en el recorrido completo: salir de casa, tomar transporte, cruzar una calle, encontrar una rampa útil, entrar sin depender de la buena voluntad de desconocidos y mirar el partido junto a la familia. Ese trayecto todavía no está garantizado para todos.

Daniel e Isaac no piden trato VIP ni un pase libre. Piden llegar, entrar, ubicarse, ir al baño, salir seguros y compartir un partido sin que la experiencia dependa de la improvisación. Piden que el futbol también sea para ellos. La deuda no está solo en los estadios. Está en el transporte y en las banquetas que juegan en contra, en la señalética que nunca aparece, en el personal que no está capacitado y en una cultura que sigue tratando la discapacidad como si fuera tiempo extra.

El 20 de julio próximo, un día después de la final del Mundial 2026, las cámaras tendrán otro blanco y los medios otros temas en la mira. Lo que quede después dirá si la accesibilidad fue parte del legado o fue apenas parte de un montaje para lucir bien en las selfies. Porque el partido más importante no termina con el silbatazo final: se juega en cada trayecto, en cada rampa, en cada acceso. Y ahí sabremos si México metió el gol de la inclusión… o si volvió a perder.

GSC/ASG

  • Enrique Hernández Alcázar
  • Periodista, columnista y conductor de noticiarios con más de 25 años de trayectoria en medios de comunicación. Desde el 2005 conduce el informativo vespertino en W Radio

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