México quiere hacer historia en Brasil con su Selección Femenil de Futbol Ciego

El equipo mexicano necesita recaudar un millón de pesos para viajar a São Paulo en septiembre. Integrantes de la colectiva narran cómo este deporte les dio la libertad que la sociedad les niega.

La Selección Femenil de Futbol Ciego busca hacer historia en Sao Paulo este septiembre. | Foto: Juan Carlos Bautista.
Ciudad de México /
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Por la calle, el mundo les exige cautela. Caminan con bastón, una mano guía, el paso medido y, muchas veces, bajo la sombra de la sobreprotección. Pero basta cruzar la línea blanca de una cancha de futbol para que todo cambie. Ahí desaparecen los límites impuestos por los demás. El ruido de la ciudad se desvanece y quedan ellas solas “contra el mundo”.

“El futbol ciego es un deporte en donde estás completamente libre”, dice Wendy del Río, entrenadora de Chilangas FC y coordinadora de la Colectiva de Mujeres Futbolistas Ciegas. “Afuera las ves caminar con bastón, pero dentro de la cancha son libres”.

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Para Ilse Avilés, esa libertad se siente como un regreso a sí misma. Antes de perder la vista durante su infancia, se recuerda como una niña inquieta, curiosa y veloz. Corría, exploraba y jugaba futbol. Después llegaron los miedos propios y los de su familia a una condición física distinta, y como la mayoría, no estaban, en ese momento, preparados emocionalmente para enfrentar una discapacidad visual.

Aun así, siempre hubo intentos por desafiar las barreras hasta que lo consiguió y encontró espacios de igualdad y libertad. Sus primos la ponían de portera o la llevaban en la parte trasera de la bicicleta: en los “diablitos”. El objetivo era demostrar que la falta de visión no debía convertirse en una condena.

Hoy, Ilse es pedagoga, tanatóloga, atleta y delantera de futbol ciego. Encontró en este deporte una forma de resistencia y autonomía. Aunque confiesa que la primera vez que se paró en una cancha de futbol sí se preguntó: “¿Qué hago aquí?”.

Para las jugadoras, este deporte representa un espacio de igualdad y libertad. | Foto: Juan Carlos Bautista

Una coreografía a ciegas

El futbol ciego es una obra colectiva donde cada movimiento depende de la confianza. El balón lleva cascabeles en su interior para que las jugadoras puedan localizarlo mediante el sonido. Las cuatro futbolistas de campo utilizan un antifaz para garantizar condiciones de igualdad, pues algunas tienen baja visión y otras ceguera total. Además, es la manera de poder proteger sus ojos.

La palabra “voy” en este deporte es una regla adaptada para evitar choques y lesiones. La jugadora que tenga el balón entre sus pies y no lo advierta a las otras con este grito de “voy” se hace acreedora a una falta.

Pero en este deporte también participan mujeres que sí pueden ver. La portera es normovisual. Su función es custodiar el arco, pero también se convierte en el radar de la defensa para orientarlas: “viene por derecha”, “cierra el centro”, “cuidado por izquierda”.

Desde la media cancha, la entrenadora observa el panorama completo. Wendy del Río marca los tiempos, ajusta la estrategia y da sentido a cada jugada. Y detrás de la portería rival aparece una figura inexistente en el futbol convencional, llamada guía de arco. Desde ahí describe distancias, espacios y trayectorias. Les dice a las delanteras dónde está el balón, dónde está la portería y cuál es el mejor camino hacia el gol. Se convierte, literalmente, en sus ojos.

Gracias a esta red de confianza, la Colectiva de Mujeres Futbolistas Ciegas ha logrado lo impensable: en menos de tres años ha reunido a más de 30 jugadoras activas en los cinco estados del país que ya cuentan con equipos —Ciudad de México, Puebla, Jalisco, Tlaxcala y Baja California— e impulsar semilleros en Nuevo León y Coahuila.

“Dentro de la cancha somos rivales, pero fuera todas somos amigas”, asegura Ilse en el podcast Pioneras MILENIO, conducido por las periodistas Claudia Solera, Janis Mérida y Cinthya Sánchez.

El partido más difícil se juega fuera de la cancha

Mientras el futbol ciego masculino es disciplina paralímpica desde Atenas 2004 y ya tiene 62 selecciones nacionales alrededor del mundo, la rama femenil sigue sin conseguir que añadan este deporte como categoría paralímpica, debido a la escasez de jugadoras y equipos. Las chicas han tenido que abrirse camino enfrentando una doble barrera, que es la desigualdad de género y el impulso para que haya más mujeres en la cancha.

Hoy, la primera Selección Femenil Mexicana de Futbol Ciego está a punto de escribir una página inédita en la historia del deporte nacional.

El equipo recibió la invitación para participar en la Copa América Femenina de Futbol Ciego, que se celebrará del 1 al 9 de septiembre de 2026 en São Paulo, Brasil.

Si logra asistir, México se convertirá en apenas el cuarto país de América con una selección femenil internacional de esta disciplina, junto a potencias como Argentina “Las Murciélagas”, conocidas por ser bicampeonas; Brasil y Canadá.

La participación también abriría el camino hacia el Mundial de 2027, que se disputará igualmente en Brasil, y fortalecería la lucha para que el futbol ciego femenil consiga finalmente ser incorporado al programa de los Juegos Paralímpicos.

Sin embargo, el rival más difícil no está en la cancha. Es el financiamiento. La selección necesita reunir un millón de pesos para cubrir vuelos, hospedaje, alimentación, uniformes y viáticos de las jugadoras y del cuerpo técnico.

El futbol ciego es una obra colectiva donde cada movimiento depende de la confianza. | Foto: Juan Carlos Baustista

El turno de que México diga: “¡Voy!”

Para cruzar el continente y portar la camiseta verde en Brasil, la Colectiva se alió con Fondo Semillas, organización feminista dedicada al financiamiento de proyectos liderados por mujeres, para lanzar la campaña nacional: “Futbol Ciego: Ellas juegan, México dice ¡Voy!”

La colecta inició el 19 de mayo y concluirá el próximo 19 de agosto. Hasta el 17 de junio se habían realizado 61 donaciones, que sumaban sólo 33 mil 241 pesos. Como aún están muy lejos de su meta económica, su historia se sigue difundiendo con fuerza para que logren cruzar el continente.

Además, esta campaña representa mucho más que un viaje deportivo; se trata de demostrar que en México una niña o adolescente con discapacidad visual puede aspirar a mucho más que la sobreprotección o el aislamiento que por mucho tiempo ha impuesto la misma sociedad. Ilse y cada una de las jugadoras han sido ejemplo de que es posible aspirar a la autonomía, a deportes de alto rendimiento, a una competencia internacional y al derecho de celebrar un gol.

Las jugadoras ya levantaron la voz y pidieron el balón. Ahora le toca a México responder, decir: “¡Voy!”, porque la meta todavía está lejos, pero la historia ya comenzó a jugarse.

AH

  • Claudia Solera
  • Periodista de investigaciones especiales desde hace 16 años en medios nacionales e internacionales. Premio Roche 2020 de Periodismo en Salud. Periodista por la Universidad de los Andes de Colombia.

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