Carlos Alcaraz alcanza su primera final del Abierto de Australia con milagrosa e histórica victoria sobre Zverev

El español remontó al alemán para firmar una milagrosa victoria de 6-4, 7-6(5), 6-7(3), 6-7(4) y 7-5 en las semifinales del Grand Slam

Carlos Alcaraz alcanza su primera final del Abierto de Australia con milagrosa e histórica victoria sobre Zverev (Reuters)
Ciudad de México /

De pronto resucitó Carlos Alcaraz, en caída libre después de tener el partido ganado primero pero en manos de su rival después sometido por el malestar corporal y los calambres, y aferrado a la pista terminó por ganar un partido épico, con un final 'milagroso', al alemán Alexander Zverev por 6-4, 7-6(5), 6-7(3), 6-7(4) y 7-5 para disputar su primera final del Abierto de Australia.

Sobrevivió el murciano, el número uno del mundo, a una montaña rusa en un maratón de cinco horas y veintiséis minutos para alargar su precoz leyenda. Estuvo primero a dos puntos de ganar en tres sets, con soltura. Pero después se hundió y estuvo a merced de Zverev, que vio el cielo abierto y un triunfo cerca con el que no contaba. Pero de pronto, emergió de nuevo el murciano, en el set definitivo, el quinto, para volver a dar la vuelta a la situación y abrazarse a un triunfo ansiado.

Zverev sacó para ganar. Lo que tuvo Alcaraz en el tercer set lo tuvo el alemán en el quinto, con 5-4 y el saque. Fue cuando emergió definitivamente el español, que revolvió, resucitó y dio la vuelta a la situación. La final, para el número uno del mundo.

El español se tiró al suelo y se cubrió el rostro con las manos. Después, se abrazó con su rival, que asumió la derrota a pesar de la dureza con la que abandonó la cancha.

Alcaraz, que jugará la final el domingo ante el ganador del partido entre el serbio Novak Djokovic y el italiano Jannik Sinner, superó cuando nadie lo esperaba el deterioro físico al que se vio sometido en el tercer set y que parecía arrebatarle una victoria casi segura.

El español estuvo a solo dos puntos de ganar al germano por séptima vez en trece enfrentamientos y de la final que tanto ansiaba. Estaba ya condicionado, mermado, pero aún así tenía cerca el objetivo. Vencía por 6-4, 7-6(5), 5-4 y 30-30. Entonces la situación ya era angustiosa para el murciano, que no se podía mover con soltura, que arrastraba los pies, que cojeaba y que respondía y mantenía el tipo gracias al inmenso talento que acompaña su juego.

A pesar de ser asistido dos veces por los fisioterapeutas, de tratar su muslo derecho, no había una mejoría suficiente para plantar cara al alemán, que vio una nueva oportunidad, un panorama distinto y que fue en busca de un partido perdido.

"Tengo calambres hasta el dedo meñique, hasta el último pelo de la cabeza", decía Alcaraz a su 'box'. Samu López, su entrenador, le alentaba: "Estarás bien en un ratito".

Lo intentó de todas formas Alcaraz, que iba disparado hacia la final, que mostró su superioridad y su gran momento en los dos primeros sets. El inicial que ganó con autoridad, el segundo, con inteligencia y madurez; después de estar 2-5 por debajo en el marcador dio la vuelta a la situación y se apuntó el parcial en el desempate.

Carlos Alcaraz y Alexander Zverev (Reuters)

Zverev estaba resignado a su suerte, contra las cuerdas, sin soluciones. Fue entonces cuando las alarmas se encendieron.

"He vomitado un poco ahí, no sé si tengo que tormar algo; estoy tieso"

Todo iba bien para el español y las alarmas se encendieron de pronto. En un intercambio se acercó a su equipo y le dijo que había vomitado un poco en la pista, que estaba tieso, que no sabía si tendría que comer algo.

Parecía una situación como otras hasta que su juego bajó radicalmente. De diez a cero en un momento. Buscaba el acomodo de su cuerpo en cualquier momento, estiraba las piernas. Aún así, el talento le mantenía de cara al juego aunque no lo suficiente como para derribar al tercer jugador del mundo.

Los masajes en los intercambios aliviaron algo a Alcaraz pero no le sanaron. Sabía la situación Zverev, que no estaba dispuesto a dejar pasar la ocasión parar disfrutar de otra ocasión para ganar, por fin, un Grand Slam.

El tenista alemán se quejó a la juez de silla de la atención. No es habitual atender a un jugador por calambres. No es una lesión, dijo.

El panorama era angustioso. Ver a Alcaraz generaba sufrimiento en el seguidor. Impotencia. La supervivencia en el partido se convirtió en algo épico porque Zverev no daba síntomas de caída.

​El partido se fue al cuarto set. Era lo natural. El alemán ganó el desempate del tercero y el choque superó las tres horas. Por primera vez en la competición el murciano se dejó un parcial. Había tenido un camino impecable hasta la semifinal, intratable. Tal y como se mostró en los dos primeros parciales.

Después, se mantuvo en pie a la espera de una remontada física que tardaba, que no llegaba. El partido se alargaba y la respuesta corporal no estaba. Tenía ventaja en sets pero el margen se reducía. La final, que tuvo en la mano, se le alejaba.

El tercer alemán en la historia después de Boris Becker, dos veces vencedor, y Rainer Schuettler, que perdió en el 2003, en alcanzar la final en Australia, entero físicamente, aplacó la leve reacción de Alcaraz que dio algún síntoma de mejoría en el cuarto parcial. Aún así, fue mejor en el desempate al que se llegó. Sostenido en su gran saque y en un estado físico que no presentaba fisuras.

Llegó el parcial definitivo. El quinto. Nunca nadie había remontado dos mangas al número uno del mundo, que había ganado catorce de los quince encuentros que había disputado a todos los parciales. Pero de entrada y con una doble falta, perdió su servicio Alcaraz al que se le nublaba cada vez más el panorama.


Era cuestión de fe. De un milagro. Llegó la recuperación de Alcaraz, que volvió al partido, volvió a correr, contó con sus piernas, su ilusión y sus ganas. Se vio derrotado y resucitó. Tuvo fe. Un gran campeón. Espera Sinner o espera Djokovic.




MGC


  • Agencia EFE
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