Los funcionarios llegaron temprano a instalar la casilla y rápidamente colocaron las mesas donde estarían disponibles las urnas electrónicas. Junto a un enorme cuadro de la Virgen de Guadalupe que sirve a los viajeros para encomendarse antes de subir al autobús, se guio en el proceso a los votantes que llegaron a la casilla especial, en la Central de Autobuses en Torreón.
Lo mismo se hizo en la Coordinación de la Unidad Torreón de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde, haciendo una pausa al trabajo, llegaron grupos nutridos de policías municipales que, trasladándose en camionetas oficiales, depositaron su voto en las urnas electrónicas y retomaron sus funciones preventivas.
Pero en la Central de Autobuses de Torreón llamó la atención que viajeros provenientes de otros estados se acercaran con la intención de votar. Así se le explicó a un hombre originario de Veracruz que se trataba de la designación para diputados locales en Coahuila, y se le regresó su credencial sin que pudiera participar.
Manuel Gutiérrez, presidente de la casilla especial, comentó que la jornada se desarrolló con tranquilidad, pero al utilizar urnas electrónicas, la gente siempre mostró mayor curiosidad. Además, al dar las indicaciones sobre el procedimiento a seguir, lo que se observó por este medio de comunicación fue la continuidad de prácticas irregulares y sospechosas entre ciudadanos, como tomarle la foto a la papeleta, sea esta física o virtual.
Al no estar expresamente prohibido por la ley, esta práctica se sigue repitiendo, lo que genera conjeturas sobre la coacción del electorado. Porque nadie, a excepción de algún candidato novato, se pondría a llorar y a tomarle fotos a una papeleta electoral.
"Ha estado muy tranquila la elección. Como es algo especial y la votación se lleva a cabo por medio de una urna electrónica, la votación está siendo muy ágil, muy rápida, y les enseñamos cómo hacer el proceso. Tenemos una capacidad de atención para mil votantes".
Y la indicación es que, cuando se terminen las mil boletas, se cierra la casilla, sea la una o las tres de la tarde. Pero si no se han agotado las mil, cerramos hasta las seis de la tarde”, explicó Manuel.
A temprana hora y en la calle, el calor aumentó peligrosamente la posibilidad de procrastinar la obligación y el derecho de votar, y los peatones, en cambio, buscaban la sombra que de a poco daba cobijo a los muros por los cuales pegaban sus cuerpos para avanzar por sus vidas.
Pero la procrastinación suele ocurrir durante los domingos aunque no se transmita en la televisión un partido de futbol. Y si la idea de adorar a Dios un domingo de misa y comunión tampoco resulta estimulante, mucho menos votar por candidatos que el grueso de la población ni conoce siquiera.
Los que llegaron a votar lo hicieron muy de mañana, esperando que abrieran las casillas a las ocho de la mañana. Si hubieran podido hacerlo antes, quizá habrían estado dispuestos a levantarse de madrugada. Así en una casilla, una mujer comenzó a gritar que la abrieran porque, sin semana inglesa, tenía que ir a trabajar.
La jornada electoral en Coahuila pasó desapercibida para miles de personas que en domingo y aún con la pijama puesta y la olla abrazada, se fueron mejor al puesto del menudo o al de los tacos de birria, donde sí hubo grandes filas e irónicamente no faltó en la estampa el perro amarillo esperando que cayeran algunas sobras de las mesas, metáfora visual de un candidato hambriento de votos.
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