Adam Elliot revela la historia real detrás de 'Mary and Max': "Él era mi amigo más cercano"

El director habló con MILENIO sobre la amistad por correspondencia que inspiró a Max y explicó por qué la película continúa conectando con el público 17 años después.

Mary y Max | Cortesía
Ciudad de México /
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Hubo un tiempo en que para conocer a alguien había que esperar días o semanas por una respuesta. Escribir una carta, ponerla en un sobre y confiar en que llegaría al otro lado del mundo. No existían el e-mail, las videollamadas, las redes sociales ni la posibilidad de saber, en segundos, qué hacía o pensaba alguien que estaba a miles de kilómetros.

En ese mundo comenzó, a finales de los años 80, una amistad que décadas después se convertiría en Mary and Max, la película de Adam Elliot que, 17 años después de su estreno, sigue encontrando espectadores. Y quizá ahí está una de las claves de su permanencia: el mundo cambió, pero las emociones que dieron origen a la historia no.

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Cuando Elliot comenzó a escribirle cartas a su amigo en Nueva York, podía contarle sus secretos, sus frustraciones, aquello que lo enojaba o lo deprimía a un completo desconocido al otro lado del planeta. Él hacía lo mismo y “fue muy extraño, después de muchos años, llegué a considerarlo como mi psiquiatra”, dijo Adam Elliot a MILENIO.

“Él era mi amigo más cercano en muchos sentidos, y aun así nunca nos conocimos”, recordó el realizador que recientemente estuvo nominado al Oscar en la categoría de Mejor Película Animada por su trabajo en Memorias de un caracol, una historia que habla sobre el duelo, el aislamiento y el acaparamiento compulsivo provocado por el trauma familiar.

Aquella relación terminó convirtiéndose en la inspiración para Max. El personaje está basado en su amigo real, quien murió hace algunos años. Elliot todavía conserva las cartas que intercambiaron durante más de tres décadas, “eran cientos de cartas, probablemente miles”, que siguen guardadas en una caja que atesora como recuerdo de su amistad.

Mary y Max | Cortesía

La película nació de una época en la que la distancia podía ser enorme y esa misma distancia podía permitir una intimidad extraordinaria. Elliot sitúa Mary and Max en los años 70, una decisión que, de acuerdo al director, contribuyó a darle una cualidad atemporal, “es algo que la mantiene fresca, tiene esta cualidad atemporal y no envejece tan rápido”.

Pero para el director la verdadera razón por la que la película continúa conectando con el público está en algo que no ha cambiado mucho, a pesar del paso del tiempo, “la película trata sobre personas que están al margen, personas incomprendidas y marginadas, y, por supuesto, el mundo todavía está lleno de soledad y melancolía”, dijo Elliot.

Esa frase podría explicar por sí sola por qué la historia continúa encontrando eco. Mary y Max son muy diferentes. Ella es una niña australiana que busca respuestas y pertenencia; él es un hombre mayor, aislado en Nueva York, que observa el mundo desde una perspectiva particular. Pero, ambos encuentran en el otro algo muy profundo: comprensión.

“Es parte de la condición humana sentirse solo en algunos momentos”, comentó Elliot sobre la soledad, un concepto que para él, no pertenece exclusivamente a quienes viven al margen. También puede aparecer detrás de una personalidad extrovertida o de una vida aparentemente llena. Somos seres sociales y necesitamos de los demás, sin duda.

Por eso la película encontró una nueva resonancia después de la pandemia, cuando millones de personas experimentaron de manera tangible lo que significa estar aislados. La paradoja resulta inevitable: hoy podemos comunicarnos con cualquiera, en cualquier momento, desde cualquier lugar. Y aun así seguimos buscando lo mismo que Mary y Max.

Elliot sabe de lo que habla, “yo he experimentado muchos periodos de melancolía y de sentirme solo e incomprendido, y ciertamente paso por periodos de autocompasión”, quizá por eso también hay tanto de él en Mary, “Mary soy yo, pero pensé que era mucho más interesante que la película fuera entre una niña pequeña y un hombre mayor”.

La idea de poner en el centro de la historia a dos personas aparentemente opuestas que, precisamente por ser tan diferentes, pudieran establecer una conexión profunda, fue algo atractivo para desarrollar, “quería que fueran personas muy diferentes y, al mismo tiempo, tuvieran esa conexión tan profunda entre ellos”, porque parece poco problable.

Max, además, es autista. Elliot recuerda que en aquella época se utilizaba el término síndrome de Asperger y explica que investigó y habló con psiquiatras y psicólogos para representar al personaje de una manera auténtica. Incluso involucró a su amigo real en el proceso, él leyó el guion y aportó comentarios. Todo fuera del estereotipo.

La intención era evitar que una condición definiera por completo al personaje, “como escritores, nuestro trabajo es evitar los clichés y los estereotipos y tratar de crear personajes dimensionales y muy reales”, explicó Elliot sobre la construcción de Max desde un punto de respeto y empatía, sobretodo por la poca información que había en la época.

Aunque Mary y Max estén hechos de plastilina y sean pequeñas marionetas animadas a través del Stop Motion, el reto era hacerlos sentir humanos. Y ahí aparece otra de las claves de la película: la diferencia no es el tema de los personajes, sino una parte de quienes son. Lo esencial está en lo que buscan y en la forma en que consiguen encontrarse.

Elliot no quiso contar esa historia desde la oscuridad absoluta. Su cine puede ser doloroso, pero también es divertido. Para él, el humor funciona como una forma de liberar la tensión y equilibrar la tragedia, “realmente quiero que el público ría, llore y reflexione sobre sus vidas, pero que al final de la película salga del cine emocionalmente agotado”, dijo.

Mary y Max | Cortesía

Ese equilibrio entre luz y sombra es esencial para el director. La tristeza prepara el espacio para la risa; la comedia permite regresar a la oscuridad sin quedar atrapados en ella. Es también una filosofía que Elliot tenía muy presente cuando hizo Mary and Max, su primer largometraje. A pesar de haber realizado varios cortos, estaba aterrorizado.

No sabía si una película de animación para adultos hecha en stop motion funcionaría y “pensé que iba a ser un desastre y que la película no funcionaría”, porque en aquel momento, el cine de animación para adultos no era tan común y el stop motion representaba un desafío. Lo es incluso ahora.

Pero Elliot decidió concentrarse en aquello que consideraba esencial y que había aprendido desde que dejó la escuela de cine en 1989, desde entonces entendió que “lo que el público realmente quiere es una buena historia bien contada” y es por eso que diecisiete años después, Mary y Max es una historia que sigue viva y cosechando fans por el mundo.

El propio Elliot se sorprende de que una película pueda permanecer tanto tiempo en la conversación, porque “muchas películas, una vez que se estrenan, desaparecen y nunca vuelven a emerger. Así que somos muy afortunados y estamos agradecidos de que todos sigan interesados de volver a verla o verla por primera vez”.

Quizá Mary and Max sobrevivió porque, aunque nació en un mundo que ya no existe, habla de una necesidad que tampoco ha desaparecido. Cambió la manera de comunicarnos, desapareció la espera de las cartas, ahora podemos responder inmediatamente, mirar a alguien a través de una pantalla y tener cientos de personas al alcance de un mensaje.

Pero seguimos sintiéndonos solos, seguimos queriendo pertenecer, seguimos necesitando que alguien escuche aquello que no sabemos decirle a nadie más. Y tal vez esa sea la verdadera vigencia de Mary and Max: no que haya permanecido intacta durante 17 años, sino que nosotros seguimos reconociéndonos en ella.

jk

  • Ivett Salgado Méndez
  • ivett.salgado.mendez@gmail.com
  • Periodista y conductora de entretenimiento, con más de 15 años de experiencia. Durante la última década mi especialidad ha sido el cine, en combinación con la producción de televisión.

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