• No todo es ‘No manches Frida’: México produce más de 200 películas al año

  • Los directores conquistan festivales y premios internacionales, pero cuando se trata de elegir qué ver, muchos siguen desconfiando. Jóvenes de la Gen Z cuentan qué tanto ven películas nacionales.
Mariana Morales Meneses
Ciudad de México /
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Es viernes y quieres ir al cine. Abres la cartelera y empiezas a deslizar: la versión quién-sabe-qué número del Hombre Araña; La Odisea, el estreno que lleva semanas siendo discutido en TikTok; y por ahí, alguna producción europea que alguien describió como “imperdible”. Sigues bajando y de pronto aparece una película mexicana. El póster no te dice demasiado; el título suena a comedia. No recuerdas haber visto publicidad; la pasas de largo. Y así, entre una y otra, se va formando una idea extraña: que en México no se hace cine.

La realidad es que películas hay y muchas. En 2025, se registraron 235 largometrajes mexicanos en alguna etapa del proceso de producción, entre ellos 140 ficciones y 86 documentales, de acuerdo con el Anuario Estadístico de Cine Mexicano del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine).

Valeria Pérez, de 21 años, estudia Comunicación y pertenece a ese pequeño grupo de personas de la generación Z que sí busca cine mexicano. Calcula que, de cada 50 películas que ve, alrededor de 35 son nacionales. Lo hace porque se reconoce en ellas. “Se ven lugares que reconozco”, cuenta a MILENIO. También encuentra historias con las que puede identificarse y, aunque otras no tengan nada que ver con su vida, le gusta verlas porque forman parte de su cultura.

Incluso disfruta las películas “palomeras”. Para ella, una comedia mexicana puede funcionar aunque tenga una fórmula conocida: amor, familia, felicidad, risas y una moraleja escondida por ahí rumbo al final. No necesariamente hay que salvar al cine nacional cada vez que uno compra un boleto, a veces sólo quieres pasarla bien.

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Hace apenas unos días, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas eligió a En el camino como la película que representará a México en los Oscar. La nueva creación de David Pablos retrata la soledad y la ternura de los traileros. 

“Está esperando que alguien lo acaricie [...] cuando encuentra eso, ya no quiere irse”, reveló el cineasta a Guillermo Rivera de la revista DOMINGA.

Diego, de 23 años y estudiante de Ingeniería Mecánica, también ve cine mexicano; lo último que vio fue Moscas (2026), de Fernando Eimbcke. Pero cuando piensa en la producción nacional, aparece inmediatamente un prejuicio: No manches Frida (2016) y todas esas comedias que considera superficiales y hechas más para vender que para contar una buena historia. Para él, las películas que realmente merecen atención suelen ser las que tienen actores menos conocidos, pero que consiguen hacer que sus personajes se sientan reales.

Valeria y Diego consumen cine mexicano. Sólo que no necesariamente están viendo el mismo.

'No manches Frida' (2016) abarrotó salas durante su exhibición | Foto: Especial

El problema de ver una película que no eres

Hay películas mexicanas que llegan a la cartelera con una desventaja: nadie espera demasiado de ellas. Señora Influencer (2023) es un buen ejemplo. Por el nombre, el póster y la premisa podría parecer otra comedia sobre redes sociales, influencers y gente que vive pegada al celular. Una película más para pasar dos horas, reírse un rato y olvidarla antes de llegar al estacionamiento.

Pero la obra del director Carlos Santos hace algo bastante más interesante. Utiliza esa apariencia de comedia para llevar la historia hacia un lugar mucho más oscuro y darle un giro que modifica por completo lo que acabamos de ver. La cinta incluso fue presentada inicialmente bajo esa apariencia de comedia mexicana antes de revelar sus verdaderas intenciones.

No es la única. Está Sujo (2024), de Astrid Rondero y Fernanda Valadez, que sigue a un joven marcado por la violencia y las circunstancias en las que creció. La cocina (2024), de Alonso Ruizpalacios, que lleva a la pantalla la vida caótica de los trabajadores de un restaurante neoyorquino; o No nos moverán (2024), de Pierre Saint-Martin Castellanos, que utiliza el humor para acercarse a una herida histórica como la masacre de Tlatelolco.

También está Soy Frankelda (2025), de los hermanos Arturo y Roy Ambriz, una cinta de animación y terror gótico que probablemente no sea lo primero que alguien imagina cuando escucha “cine mexicano”, pero funcionó. En 2025, fue la película mexicana con mayor asistencia en la Cineteca Nacional, con 45 mil 742 espectadores. No está nada mal para un filme de animación sobre una niña atrapada en un mundo de pesadillas producido en el país. Tal vez el público sí quiere cosas distintas; sólo hay que dejar de presentarlas como si fueran tarea.

Los mexicanos sí vamos al cine

Hay gente que dice que el cine está muriendo, que la pandemia iba a matarlo. Sin embargo, México llegó a ocupar el cuarto lugar mundial en asistencia a salas, con alrededor de 181 millones de espectadores en 2022. El país tiene uno de los mercados cinematográficos más grandes del mundo. Entonces no parece que el problema sea que a nuestra generación no le guste ir al cine.

Vamos y pagamos. Incluso compramos palomitas que cuestan casi lo mismo que la entrada. Lo que elegimos ver es otra historia. Valeria cree que parte del problema está en cómo conocemos las películas. En un mundo donde el algoritmo decide buena parte de lo que aparece frente a nosotros, una película que no tiene una campaña fuerte puede desaparecer antes siquiera de que sepamos que existe.

“Estamos esperando estas películas que son un boom masivo”, explica Diego. 

Si una producción extranjera aparece durante semanas en redes sociales, entrevistas, trailers y publicidad, mientras una película mexicana apenas aparece en nuestra pantalla, es mucho más probable que terminemos eligiendo la primera. Para Diego hay, además, un prejuicio más profundo. Cuando una película es mexicana, algunas personas asumen que será peor que una francesa, rusa o estadunidense.

El cine nacional llega a la conversación cargando con una reputación que no siempre merece. Y eso resulta todavía más extraño si recordamos lo que ocurrió con el cine mexicano durante los últimos años.

México llegó a ocupar el cuarto lugar mundial en asistencia a salas | Foto: Especial

Cuando México estaba ganando Oscars

Alfonso Cuarón ganó el premio Oscar a Mejor Director por Gravity en 2014. Alejandro González Iñárritu lo obtuvo por Birdman en 2015 y nuevamente por The Revenant en 2016. Guillermo del Toro hizo lo mismo en 2018 con The Shape of Water. Los cuatro premios llegaron en apenas cinco años: directores mexicanos, aunque las producciones eran estadunidenses.

Mientras tanto, del otro lado de la pantalla, Diego Luna y Gael García Bernal se convertían en referencias para una generación. Valeria los menciona casi inmediatamente cuando piensa en cine mexicano. Para ella, Amores perros (2000) e Y tu mamá también (2001) siguen teniendo algo que muchas películas pierden con el tiempo: pueden verse hoy y todavía sentirse cercanas

“Son películas que siento que no tienen fecha de caducidad”, dice.

Valeria reconoce que, incluso estudiando Comunicación, siente que nunca termina de conocer la historia del cine mexicano. Sabemos los nombres grandes. Pedro Infante. María Félix. Cantinflas. Diego Luna. Gael García Bernal. Cuarón. Del Toro. Iñárritu. Pero entre esos nombres hay décadas de películas, directoras, directores, actores, guionistas y productores que rara vez aparecen en una conversación entre jóvenes.

'Y tú mamá también' marcó la carrera de Diego Luna y Gael García Bernal | Foto: Especial

Hace unas semanas, DOMINGA publicó un acercamiento a la historia de Mimí Derba, una de las figuras que ayudaron a construir los primeros años del cine mexicano. Sin embargo, su nombre no provoca entre nosotros el mismo reconocimiento que el de las grandes estrellas que llegaron después.

El cine mexicano no desapareció, seguimos produciendo cientos de películas, llenando salas y tenemos directores que llegan a festivales internacionales.

El cine hecho en el país tiene más de cien años y, aun así, cuando alguien dice “cine mexicano”, probablemente pensamos en los mismos diez nombres. Nos falta curiosidad. Porque mientras discutimos cuál es la mejor película de Cuarón o si ya vimos todo lo que hizo Del Toro, hay décadas enteras esperando del otro lado de una pantalla. Películas que no aparecen en nuestra For you page, actores cuyos nombres ya nadie menciona y directoras que tuvieron que abrirse camino cuando ni siquiera existía un camino.

MD

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