'Seis meses en el edificio rosa con azul', la película mexicana en Cannes, está basada en la historia real de su director

Al presentar su película en Cannes, el director mexicano Bruno Santamaría Razo lloró, pues en ella plasmó muchos aspectos personales y familiares.

'Seis meses en el edificio rosa con azul' cuenta la historia de su director. | Especial
Milenio Entretenimiento y Agencia AFP
Ciudad de México /

Cuando el director mexicano Bruno Santamaría Razo vio por primera vez Seis meses en el edificio rosa con azul en una sala del Festival de Cannes 2026, lloró. 

"Me conmovió muchísimo", contó el realizador de 39 años,  incrédulo de que su primer largometraje de ficción llegó a la edición 2026 del festival de cine más prestigioso del mundo.
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La historia real detrás de Seis meses en el edificio rosa con azul

Seis meses en el edificio rosa con azul, presentada en la Semana de la Crítica, reconstruye fragmentos de la propia infancia del realizador: un niño de 11 años que empieza a descubrir su deseo por su mejor amigo mientras intenta comprender la enfermedad de su padre, diagnosticado con VIH en el México de los años 1990.

A medio camino entre la ficción y el documental, la película explora una época atravesada por el miedo, la desinformación y el estigma alrededor del sida y la homosexualidad, pero también los silencios familiares y aquello que los niños perciben incluso cuando los adultos intentan protegerlos.

"La ficción apareció como una forma de acercarme a una verdad emocional relacionada con un periodo de mi infancia que no lograba entender", explicó Santamaría (Ciudad de México, 1986) desde en Cannes.

Santamaría comenzó entonces a entrevistar a su familia, a revisar fotografías, videos caseros y álbumes familiares en busca de respuestas sobre el diagnóstico de VIH que recibió su padre cuando él era un niño. Pero la memoria estaba llena de vacíos.

"Había muchos huecos, y empecé a llenarlos con imaginación", explicó el cineasta, que terminó construyendo escenas y personajes ficticios inspirados en recuerdos reales.

Ese juego entre realidad e invención atraviesa toda la película, filmada en parte en la misma escuela donde estudió de niño y con personas de su entorno real participando en el rodaje.

En pantalla, el protagonista intenta entender un mundo adulto lleno de secretos mientras descubre sus propios sentimientos hacia su mejor amigo, Vladimir.

El prejuicio sobre el VIH permanece

Todo ocurre en un México donde el VIH todavía estaba asociado al miedo y a la homosexualidad en el imaginario colectivo.

El director recordó especialmente las campañas televisivas de la época, marcadas por mensajes alarmistas que vinculaban directamente la enfermedad con los homosexuales.

"Había una relación muy directa entre homosexualidad, sida y muerte", afirmó.
"Eso construyó un miedo muy profundo en no querer ser lo que uno estaba sintiendo que era".

Y aunque muchas cosas han cambiado, el director cree que el estigma sigue presente. "El prejuicio permanece. Sigue generando miedo y mucha soledad".

En la película, sin embargo, el peso del VIH aparece menos desde el drama explícito que desde los silencios y las emociones que atraviesan la vida familiar.

El cierre de una etapa íntima y personal para Bruno Santamaría Razo

Mientras los padres intentan proteger a sus hijos llenando la casa de música, colores y fiestas, Bruno percibe tensiones que todavía no sabe nombrar.

"Los niños sienten las cosas aunque no entiendan completamente lo que pasa en el mundo adulto", reflexionó Santamaría.

La cinta explora también cómo ese clima de silencio y estigma terminó marcando el descubrimiento de su propia identidad sexual.

"No fue una decisión, fue mucho más sutil, pero fue construyendo una barrera, un muro", rememoró el director refiriéndose a su homosexualidad.

Lejos de una reconstrucción oscura, Seis meses en el edificio rosa con azul opta por una puesta en escena cálida y luminosa.

"Cuando a mi papá le diagnosticaron VIH, mis papás hicieron un esfuerzo muy grande por protegernos del dolor y la tristeza... La casa se llenó entonces de color, de salsa, de gente que entraba y salía".

Tras seis años de trabajo, el realizador aseguró que el estreno en Cannes marca el cierre de una etapa íntima y personal. "Tengo claro que la película se terminará con su proyección".


hc

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