El Mago de Oz continúa siendo una de las películas más aclamadas por la crítica y una obra de culto para los amantes del séptimo arte. La producción de Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) catapultó al estrellato mundial a una joven Judy Garland; sin embargo, a pesar de que este proyecto definió el inicio de su legendaria trayectoria, la realidad detrás de cámaras era aterradora.
La icónica actriz vivió un calvario de abusos físicos y psicológicos durante el rodaje. A una corta edad, se vio obligada a consumir sustancias controladas administradas por el propio estudio para soportar jornadas de trabajo inhumanas, una estrategia ejecutada de forma consciente por los productores para terminar el proyecto en los tiempos óptimos del estudio.
Judy Garland vivió abusos en Hollywood
El paso de Garland por MGM entre 1935 y 1950 moldeó su fama, pero destruyó por completo su salud física y mental debido a las brutales exigencias ejecutivas:
Los altos ejecutivos, encabezados por el jefe del estudio, Louis B. Mayer, la llamaban de forma despectiva "el patito feo con joroba", comparándola cruelmente con los estándares estéticos de bellezas adultas de la época como Ava Gardner o Lana Turner.
Desde los 14 años la forzaron a regímenes alimenticios sumamente severos. Su ingesta diaria consistía a menudo únicamente en caldo negro, café, sopa de pollo y constantes cajetillas de cigarrillos para mitigar el hambre. El estudio incluso designó espías en los comedores para asegurar que no consumiera alimentos sólidos.
El "sistema de pastillas": Adicción forzada por el estudio
Para cumplir con calendarios de filmación obligatorios que llegaban a extenderse hasta 18 horas diarias, el equipo médico de MGM implementó un ciclo químico destructivo en la adolescente:
- Anfetaminas (bencedrina): Suministradas por las mañanas para mantenerla despierta, con energía en el set y suprimir drásticamente su apetito.
- Barbitúricos (secobarbital): Suministrados por las noches para contrarrestar el efecto de los estimulantes y obligar a su cuerpo a dormir un par de horas antes de la siguiente jornada.
Este ciclo continuo impuesto en plena etapa de desarrollo generó una dependencia química severa de la cual la actriz jamás pudo recuperarse a lo largo de su vida.
Abuso laboral y acoso en el set
La explotación de Garland no se limitaba a la manipulación médica, sino que escaló al plano del acoso y la violencia de género:
En sus escritos personales, Judy reveló que Louis B. Mayer solía sentarla en su regazo y tocar su pecho de manera inapropiada durante las reuniones de negocios, manipulándola bajo la premisa de que ella "cantaba con el corazón".
Durante la filmación de El Mago de Oz, cuando Garland tenía apenas 16 años, algunos de los actores adultos que interpretaban a los Munchkins la acosaban sexualmente de forma constante, aprovechándose de las dinámicas del set para meter las manos debajo de su vestido de Dorothy.
Colapso, crisis y el despido definitivo (1950)
Hacia finales de la década de 1940, los efectos de la explotación sistemática pasaron factura. Garland comenzó a sufrir crisis nerviosas crónicas, migrañas, alucinaciones y cuadros de depresión profunda. La presión del entorno la llevó a intentar quitarse la vida en 1947 y nuevamente en 1950.
Tras ausentarse o llegar tarde reiteradamente a las filmaciones de The Barkleys of Broadway y Royal Wedding debido a sus colapsos de salud, MGM optó por suspenderla y finalmente canceló su contrato en septiembre de 1950, desechando a la estrella tras 15 años de explotación laboral.