En Hollywood mi carrera habría terminado a los 40 años: Charlotte Rampling

Ajena a la fama del cine estadunidense, esta actriz mantuvo su carrera en Europa; ahora, a sus casi 70 años, la buscan para papeles importantes como el que interpreta en 45 años.

Charlotte Rampling.
Miguel Cane
Ciudad de México /

Es una leyenda viva y lo sabe. No obstante, Charlotte Rampling (Sturmer, Reino Unido, 1946) no se da aires de diva. Su mirada icónica —el actor Dirk Bogarde la describió en su momento como "un halcón que observa a su presa detrás de una persiana veneciana"— y su voz inolvidable se han prestado a la más ecléctica variedad de personajes en cinco décadas de carrera: lo mismo fue una chelista promiscua en Georgy Girl (1966), que una mujer condenada al Holocausto (en Los malditos de Visconti, 1968); igual ofreció el colapso mental más bonito de la historia del cine para Woody Allen (Stardust Memories, 1980) que impactó al mundo en la aún hoy muy polémica y erótica El portero de noche (Liliana Cavani, 1974).

Tras un "renacimiento" de la mano del director francés François Ozon —en Bajo la arena y la enigmática Swimming Pool—, Charlotte ha trabajado más en la última década y media que en el resto de su carrera, con participaciones cada vez más y mejor reconocidas por una generación de cineastas que surgieron a la zaga de su propia carrera; así la vimos como la madre cruel en Melancolía de Lars Von Trier, o como la espía rusa que busca refugio desesperadamente en un mundo de mentiras en la miniserie de la BBC Restless o como la psicoanalista del asesino en serie en la última temporada de la serie Dexter.

Esta semana llega otra impresionante actuación suya en 45 años, filme de Andrew Haigh alabado por la crítica y en donde comparte créditos con Tom Courtenay. La cinta explora el matrimonio de Kate y Geoff Mercer, una pareja sin hijos que lleva una existencia aparentemente feliz la semana previa al 45 aniversario de su boda. Todo parece ir bien hasta que, al inicio, Geoff recibe una carta informándole que finalmente ha sido encontrado el cuerpo de su ex novia, Katya, tras 50 años de permanecer desaparecida. El cadáver está perfectamente conservado en un glaciar en los Alpes suizos, algo de lo que él no había hablado mucho con su mujer. La noticia del descubrimiento lanza Geoff a una crisis existencial que debilita su relación con su amada Kate.numerosos reconocimientos y se le menciona como una fuerte contendiente para el Oscar a la mejor actriz de 2015.

¿En qué forma encaja 45 años en el esquema de la carrera de una actriz como usted?

Es una historia apasionante. Desde un principio deja ver su naturaleza, su contenido emocional. Es muy inquietante. La propuesta visual es muy sosegada y se adapta bien a las exigencias psicológicas de la trama. Es la clase de trabajo que realmente me interesa explorar en esta etapa de mi vida: lo que motiva a los personajes a hacer lo que hacen, tocar las emociones más humanas. Leí el guión de un solo golpe, lo cual no es siempre el caso conmigo. Andrew es uno de esos raros directores que demuestra la humanidad de la gente. Muestra lo que es ser humano. Cuando Andrew sugirió a Tom para ser Geoff, le dije: "¡Por supuesto!". Yo no había trabajado con él, solo lo conocía socialmente, de un modo muy casual, pero Andrew vio que Tom y yo podíamos sentir una conexión profunda, y era vital para creer que están íntimamente involucrados.

¿Siente usted que una película como ésta se podría haber hecho en Estados Unidos?

No. Andrew (Haigh) tiene una sensibilidad especial, un oído, y para este tipo de historias solo es aplicable en Europa. Ambos hemos trabajado en Estados Unidos, pero la verdad es que no creo que ninguno de los dos hubiera querido hacer su carrera de manera permanente ahí.

¿Por qué?

Si yo me hubiera quedado en Hollywood, mi carrera habría terminado a los 40 años, en Estados Unidos habría terminado en tristeza y frustración. No. En Europa hay más directores y otras maneras de contar historias.

Aún sin haber hecho carrera en Hollywood, trabajó con grandes directores como Ozon, Allen, Lumet, Von Trier, Visconti,... ¿son muy diferentes a Haigh?

Cada director es diferente, sí. Cada uno tiene su técnica. Aunque a veces hay cosas similares entre algunos en su manera de trabajar o de escribir, de percibir las cosas y plasmarlas, y en realidad hay una gran cantidad de similitudes entre Von Trier y Haigh, ¿sabes? Los pondría en el mismo renglón. Todos esos cineastas que mencionas, con los que he tenido la fortuna de trabajar, tienen la misma visión generosa y magnífica del mundo.

Haigh tiene una visión muy dura, muy desesperanzada en esta historia, ¿no cree usted?
Sí, pero es que la historia que cuenta sea así. En lo personal creo que Andrew es más feliz, es un hombre más sonriente. Tiene una buena vida en pareja. Es muy cálido, muy afectuoso. Lars Von Trier no me parece que fuera un hombre muy feliz, la verdad. Andrew, como digo, es muy jovial. Como director es estricto y sabe lo que quiere, pero nunca deja que eso pase a un nivel personal. Quiero decir que el tema de la película es obviamente intenso, pero tuvimos un montón de diversión en el rodaje. Muchas veces, el humor provenía de él, aunque no lo creas.

¿Sobre qué diría que trata 45 años?

Creo que en gran parte es sobre el tiempo. El pasado. Pensar en lo que pudimos o no tener. A menudo pienso que la melancolía que sentimos sobre el pasado es más acerca de los fracasos y decepciones del presente que el propio pasado, y me parece que ese es uno de los temas centrales del filme. Kate y Geoff lamentan lo que no tuvieron, cuando saben que no lo tuvieron, pero si no hubiera aparecido esta posibilidad, la chica congelada, lo más probable es que ni siquiera hubieran cuestionado las decisiones que tomaron y que conforman su vida conyugal, su sociedad.

¿Cómo encuentra su fama renovada? ¿Es diferente ahora a los tiempos se su debut?

En cierta forma me he mantenido, para bien o para mal, al margen de ello. En Francia, donde vivo casi todo el año, es muy diferente. Particularmente no me interesa tanto. Sé que a algunos les encanta, pero no me gusta. Todo lo que he hecho en el pasado me ha traído a este momento y estoy feliz con las opciones que estoy recibiendo ahora, pero la fama ya no es una de ellas. Supongo que está bien. Finalmente, me dejan en paz.

Se habla de una nominación al Oscar por esta película. ¿Qué opina al respecto?

No esperaba que pasara esto, que se mencionara con tanta insistencia el Oscar. Es algo bonito, pero no lo esperas nunca, no haces películas para ganar un Oscar. Como te dije, la verdad es que nunca hice carrera en Estados Unidos, nunca hubo esa clase de interés de ninguna de las dos partes. Eran otros tiempos y las actrices europeas no hacíamos carrera en Hollywood. Ahora hay todo este movimiento, esta curiosidad. No puedo negar que me hace gracia. Pero no espero nada. Haber hecho la película, en sí, ya es premio suficiente.

¿Cómo se siente en esta etapa de su vida?

Cumplo 70 el año que viene, y no me intimida pensar en el envejecimiento. Es curioso, pero estoy trabajando más que antes, ahora mismo acabo de terminar el rodaje de The sense of an ending —la adaptación de una novela muy aclamada de Julian Barnes—, los directores, muchos de los cuales aún no nacían cuando empecé a trabajar, me siguen buscando y me ofrecen opciones hermosas y estoy completamente preparada para ello.

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