Llamarse Olimpia. La lucha que convirtió la violencia digital en un delito

EDICIÓN FIN DE SEMANA | 8M

El documental dirigido por Indira Cato estará disponible en el circuito independiente de salas de cine, cinetecas y cineclubes de una decena de ciudades mexicanas.

Llamarse Olimpia, la historia de la lucha que impulsó una de las transformaciones legislativas más relevantes en México | Especial
Ciudad de México /

Una imagen íntima puede difundirse en segundos, aparece en una pantalla, se comparte con un solo clic y se replica sin control por la red. Pero detrás de esa circulación digital hay historias reales de violencia, de exposición y vidas profundamente marcadas. De esa experiencia parte Llamarse Olimpia, el documental de Indira Caro que sigue la lucha de la activista Olimpia Coral Melo y el movimiento que impulsó una de las transformaciones legislativas más relevantes en México contra la violencia digital de género.

La historia es conocida, pero el documental la vuelve a mirar desde otro lugar. Antes de convertirse en ley, la Ley Olimpia fue una herida abierta: la difusión de un video íntimo sin consentimiento que expuso públicamente la vida privada de una joven en Puebla.

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Lo que siguió fue un proceso largo de denuncia, organización y resistencia que terminó por abrir un debate nacional sobre la violencia digital. Para Cato, contar esa historia implicaba algo más que explicar una reforma legal. Se trata de humanizar.

“El reto fue entender por qué funciona la Ley Olimpia y por qué es tan potente en este país. Funciona porque tiene una historia detrás, la historia de Olimpia nos conecta emocionalmente con un mundo que a veces resulta muy incomprensible y confuso, como el mundo legislativo”, explicó la directora Indira Cato en entrevista con MILENIO.

En el caso de Olimpia “queríamos humanizarla, porque a veces se les exige muchísimo a las activistas, y es importante recordar que son personas”.

El documental propone un acercamiento a un grupo de mujeres que han vivido la violencia digital, “pretende acercarnos a ellas a partir de la empatía. Por supuesto que se habla de la ley y tiene la intención de difundir lo que se está haciendo, de dar herramientas a cualquiera que haya sido víctima de este delito, pero también busca escuchar de viva voz lo que viven las víctimas y lo que sienten”, y en ese proceso, la película también intenta recuperar la dimensión humana de la activista que encabeza esta lucha.
Llamarse Olimpia, la historia de la lucha que impulsó una de las transformaciones legislativas más relevantes en México | Especial

De historia personal a reforma legal

La historia que detonó la llamada Ley Olimpia comenzó a principios de 2010, cuando Olimpia Coral Melo denunció la difusión de un video íntimo sin su consentimiento en su comunidad en el estado de Puebla. En ese momento no existían herramientas legales para sancionar ese tipo de agresión, pero fue a partir de esa experiencia que Olimpia impulsó una lucha colectiva junto con defensoras digitales que derivó primero en reformas al Código Penal de distintos estados y luego en cambios a nivel federal.

Hoy, la Ley Olimpia reconoce la violencia digital como una forma de violencia contra las mujeres y sanciona la difusión de contenido íntimo sin consentimiento. Sin embargo, la existencia de la ley no significa que el problema esté resuelto, “hay que recordar que los cambios no suceden de un día para otro; son procesos largos y complejos, especialmente cuando implican transformaciones sociales profundas”, comentó la realizadora, respecto a los cambios que deben acompañar al marco legal.

En ese sentido, la legislación representa apenas el primer paso, “lo que no se nombra no existe”, pero el verdadero desafío, explicó, está en transformar las prácticas institucionales y sociales que permiten que estas violencias persistan, “las defensoras digitales no solo impulsan leyes, también acompañan casos, capacitan a ministerios públicos con perspectiva de género, trabajan con servidores públicos y visitan escuelas para prevenir estas violencias. Es ahí donde comienza un cambio real desde la raíz”.

Indira Caro, directora del documental | Especial

Narrar sin revictimizar

Uno de los desafíos éticos más importantes para el documental fue abordar historias de violencia sin reproducir dinámicas de exposición o revictimización. Para ello, el equipo de filmación tomó una decisión significativa: trabajar en campo con un equipo integrado exclusivamente por mujeres y “lo hicimos entendiendo que los espacios en los que se desenvuelve Olimpia y las otras chicas suelen ser espacios casi exclusivamente de mujeres”, esa decisión ayudó a construir un ambiente de confianza.

“Ellas tenían toda la libertad de decir: ‘no queremos que graben esto’, o incluso después de grabado decirnos ‘no me siento cómoda con que esto aparezca’”, el consentimiento y el bienestar de las participantes fueron criterios centrales durante todo el proceso, porque “en el documental muchas veces se olvida que estamos trabajando con personas reales. Narrativamente puede ser más potente mostrar la vulnerabilidad de alguien, pero para mí eso no lo vale si vulnera a la persona”.

Aunque la película sigue la trayectoria de Olimpia Coral Melo, el documental incorpora otras voces: “no existe una sola historia”, dijo la directora; “en este caso hablamos de la de Olimpia, pero hay muchas formas de vivir y procesar la violencia digital y todas son válidas. Tampoco queríamos caer en la idea de que cuando eres víctima, lo ‘correcto’ es poner la cara, hacer una ley y cambiar el mundo. Muchas veces las mujeres simplemente están intentando sobrevivir a lo que les pasó, y eso ya es muchísimo”.

Violencia digital en una era tecnológica

El documental también invita a reflexionar sobre cómo las tecnologías amplifican las violencias de género en el entorno digital. Desde la viralización de contenido íntimo hasta el uso de herramientas como inteligencia artificial o deepfakes, las formas de agresión continúan evolucionando, “las leyes tienen que ir ajustándose a medida que aparecen nuevas realidades tecnológicas. Eso es justamente lo que ocurrió con la Ley Olimpia”.

Uno de los aportes fundamentales de esta reforma fue nombrar la violencia que ocurre en entornos digitales, “la Ley Olimpia permitió decir algo muy importante: lo virtual también es real”. Detrás de las pantallas, dijo la directora, existen consecuencias concretas. “aunque ocurra en redes, sigue siendo violencia que impacta a personas reales y a cuerpos reales”.

Detonador de conversación

Más allá de la denuncia, la directora espera que la película funcione como un detonador de reflexión colectiva sobre la forma en que se habitan las redes sociales; “ese es el trabajo de un documental: desatar conversaciones y que la gente replantee la forma en la que habita las redes”. Señaló también que la dinámica de las plataformas digitales puede generar una sensación de distancia o anonimato que facilita la violencia: “en redes puedes lanzar una bomba y simplemente irte. No tienes que responsabilizarte”.

Por ello, la reflexión que propone la película apunta hacia la responsabilidad colectiva, “es importante recordar que todo lo que escribimos, compartimos o reproducimos tiene consecuencias para personas reales, con cuerpos reales y con historias reales del otro lado”.

Una experiencia personal y colectiva

Llamarse Olimpia también representa un momento significativo en la trayectoria de la directora, ya que se trata de su primer largometraje: “fue una experiencia muy intensa. No fue un proceso fácil, pero estoy muy agradecida con todas las chicas que aparecen en la película y con el equipo que se formó”. Para Cato, el proceso de realización también reflejó uno de los temas centrales del documental: la importancia de las redes de apoyo, “el sentirte sostenida por personas que creen en ti y que quieren contar la historia”.

La cineasta reconoció el potencial del cine documental para visibilizar problemáticas sociales, pero también la responsabilidad ética que implica, porque “hacer documentales es, en cierta medida, un acto invasivo: llegar con una cámara y entrar en la vida cotidiana de alguien”. Por ello, el reto consiste en narrar con respeto: “hay que preguntarnos constantemente cómo hacerlo de forma responsable, cómo no invadir más de lo necesario y cómo respetar los límites de las personas”.

CLG

  • Ivett Salgado Méndez
  • ivett.salgado.mendez@gmail.com
  • Periodista y conductora de entretenimiento, con más de 15 años de experiencia. Durante la última década mi especialidad ha sido el cine, en combinación con la producción de televisión.

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