La escena musical de Monterrey está de luto. Este miércoles, las cuerdas de la ciudad se silenciaron un poco más con la partida de Gus Montalvo, el legendario cantante, guitarrista y alma creativa del grupo Phases.
Tras una valiente batalla contra el cáncer, el músico ha pasado a la inmortalidad a través de sus acordes.
El acorde que marcó a una generación
No se puede hablar del rock en español sin mencionar “Yo la veo”, ese himno que bajo la pluma y voz de Montalvo se convirtió en un clásico instantáneo.
Pero Gus era mucho más que un éxito de radio; era un artesano del sonido. Con una maestría que fusionaba el funk y el blues, su guitarra no solo tocaba notas, contaba historias.
Fue un pionero, un arquitecto del sonido regiomontano que usaba los escenarios íntimos o las banquetas de los restaurantes, pero también escenarios de grandes festivales.
Un guerrero que nunca dejó de tocar
Incluso cuando la salud comenzó a afectar, el espíritu de Gus se mantuvo inquebrantable.
Apenas en octubre de 2025, el emblemático Café Iguana fue testigo de un acto de amor puro: integrantes de Kinky, Jumbo y El Gran Silencio se unieron en un concierto a su beneficio.
Esa noche, Gus subió al escenario. Verlo ahí, con su guitarra en mano y rodeado de sus "hermanos de ruta", fue el recordatorio perfecto de por qué el rock nunca muere: porque crea lazos que trascienden la vida misma.
"Hasta siempre, hermano": El adiós de los grandes
Las redes sociales se han inundado de nostalgia y respeto. Figuras que hoy llenan estadios reconocen que, sin Gus, el camino hubiera sido mucho más difícil de transitar.
Homero Ontiveros (Inspector) compartió: “Siempre en perfil bajo, dejando que fuera su guitarra la que hablara. Todos los grupos saben lo que aportó el buen Gus”.
Toy Selecta (ex Control Machete): Lo recordó como el visionario que abrió caminos, colaborando en giras y en el tercer álbum de Control Machete, con esa "guitarra" que tanto lo distinguía.
Jonaz (Plastilina Mosh): Con una imagen que vale más que mil palabras, despidió a su compañero con un sencillo pero desgarrador: “Hasta siempre, hermano”.