Preparar un concierto en un estadio y conseguir una colaboración que persiguió durante años podría parecer suficiente para dejar atrás cualquier inseguridad. Para Easykid, sin embargo, avanzar en su carrera también ha significado enfrentarse a preguntas incómodas: si todavía tiene algo que ofrecer, si su propuesta puede interesar a otros artistas o si su mejor momento ya pasó.
Esas dudas terminaron convirtiéndose en el punto de partida de Soy un fatalista, un álbum en el que el músico chileno decide expresar pensamientos que al principio prefería ignorar. Su intención es decirlos en voz alta, transformarlos en canciones y encontrar una manera de seguir adelante.
En entrevista con MILENIO, Joaquín Andrés Palacios Zamorano, nombre real del cantante, comparte cómo un proyecto que imaginaba pequeño creció hasta reunir ocho canciones y una búsqueda personal que conecta el reggaetón con sus primeras influencias de rock y metal alternativo.
"Mi intención no es quedarme con este concepto ni transformar mi esencia ni mi personalidad en este concepto de ser un fatalista, sino que todo lo contrario: quiero decirlo en voz alta, quiero sacarlo, liberarme de esto y poder avanzar".
Las dudas que dieron origen a 'Soy un fatalista'
Antes de tomar la forma de un álbum, el material iba a ser un EP para acompañar el concierto que prepara en un estadio de Chile en noviembre. Venía de publicar otro proyecto y quería evitar que un lanzamiento inmediato hiciera sentir que ya lo estaba dejando atrás.
Pero, conforme trabajaba en las canciones, aparecieron inquietudes que le dieron una dirección distinta. El intérprete comenzó a preguntarse por su edad, el ritmo de la industria y las posibilidades de alcanzar nuevas metas, incluso cuando reconocía que estaban ocurriendo cosas buenas en su carrera.
“De la nada me empezaron a llegar estas ideas a mi mente de que quizás ya se pasó mi tiempo, de que ya no soy tan joven como antes, como cuando empecé”.
A esas preguntas se sumaban otras relacionadas con las personas a las que quería llegar: artistas con quienes soñaba colaborar, productores y públicos que todavía no conocían su música.
"¿Qué pasa si en verdad no soy tan bueno como para llegar más lejos? ¿Qué pasa si no soy tan interesante como para captar la atención de ciertos artistas, ciertos productores con los que me gustaría trabajar o cierto público?".
Palacios describe su confianza como una montaña rusa. La respuesta de los oyentes a sus primeros proyectos lo ayudó a sentirse más seguro, pero eso no impidió que después surgieran nuevas dudas. Esta vez decidió darles espacio dentro de su trabajo.
Para el cantante, compartirlas también ofrece una posibilidad de conectar con quienes atraviesan algo parecido, independientemente de su profesión.
"Siento que esa es la tarea de un artista: plantear sentimientos, plantear pensamientos de alguna forma para poder acercarlos a tu público y poder sentirlos y poder liberarlos".
Del reggaetón al rock: volver a lo que escuchaba antes de cantar
La búsqueda también se refleja en el sonido. Las ocho canciones comienzan en el reggaetón que su público reconoce y avanzan hacia influencias de rock, emo y metal alternativo, hasta llegar a un cierre que incluye gritos y una necesidad de volver a sentir.
Para el músico, ese recorrido tiene una historia personal. Recuerda que su interés por la música creció escuchando a bandas como Green Day, Blink-182 y Limp Bizkit. Recuperar esos sonidos le permitió acercarse a una parte de sí mismo que no siempre había mostrado en sus canciones.
En su proyecto anterior todavía se preguntaba cómo reaccionaría la gente al escucharlo fuera del reggaetón. Con Soy un fatalista, explica, esa preocupación perdió peso frente a lo que quería expresar.
"No tengo ese miedo a que me escuchen en un rock alternativo, en un metal alternativo. Para mí era lo que tenía sentido para este proyecto, para lo que quería decir, para mi historia como artista y como alguien que es fan de la música".
La selección de los temas respondió a esa idea. Algunas canciones quedaron fuera para que cada una tuviera una función y el recorrido no resultara repetitivo.
"Quise darle prioridad a la escucha, a que cada canción tenga su lugar y no ser redundante".
Escribir sobre esas emociones, añade, no siempre fue lo más difícil. En uno de los temas sintió que podía soltar de golpe pensamientos que llevaba tiempo guardando, sin preocuparse demasiado por la estructura.
"Fue más bien como un vómito, como que pude vomitar cosas. Ni siquiera me preocupé de cantar o de crear una estructura, sino que literal estoy escupiendo pensamientos que tenía hace rato guardados".
J Balvin, la colaboración que buscaba desde 2019
El cierre de ciclo también tiene un nombre propio: J Balvin. Desde 2019, el chileno le enviaba mensajes por Instagram con la esperanza de grabar juntos. Cuando el colombiano finalmente los vio y respondió, una posibilidad que parecía lejana comenzó a tomar forma.
"Fue bonito ese momento de que por fin alguien que estuviste persiguiendo harto tiempo te reconoce y habla contigo, y se empieza a crear esta posibilidad de tener una canción juntos".
El año pasado pudo conocerlo en Nueva York y compartir una sesión de estudio. Más adelante mantuvieron el contacto por WhatsApp y terminaron concretando la colaboración a distancia: Joaquín envió una maqueta, Balvin grabó su verso y el equipo del chileno continuó trabajando en la canción.
Aunque al principio conversaron sobre publicarla como sencillo, el autor quería que formara parte del álbum. Tenerla dentro del proyecto le daba un significado especial después de tantos años de buscar ese encuentro.
"Yo siempre tuve la esperanza de que se terminaran dando las cosas para que la canción fuera parte del proyecto, porque para mí eso es mucho más impactante que un single".
También recuerda el valor de poder explicarle su intención y encontrar una respuesta favorable.
"Yo también poder explicarle mi visión de la canción, de cuál era mi intención de sacar este tema en un álbum y no como un single, y él confiar en mí. Eso fue bacán".
Un álbum y un estadio al mismo tiempo
Mientras construía el disco, Easykid también debía tomar decisiones sobre el espectáculo con el que lo llevará al escenario. Ambos proyectos avanzaron al mismo tiempo y exigieron su atención en canciones, referencias visuales, escenografía y coreografía.
El intérprete reconoce que estar involucrado en todo demanda tiempo y energía, pero considera que su participación permite conservar la visión que quiere compartir con el público.
"La idea es mostrar mi visión del arte a mi público, entonces tengo que estar involucrado en todo sí o sí".
Para organizarse, intenta trabajar por etapas y se apoya en un equipo que conoce sus gustos. Además, encontró que el álbum y el concierto podían nutrirse entre sí: lo que imaginaba para las canciones influía en el escenario, mientras que la energía que buscaba para el show también alimentaba la música.
Aunque tomar decisiones ha sido una de las partes más estresantes, confía en que el resultado compense el esfuerzo.
"Llega el día en que sale y al final todo vale la pena".
La música antes que la fama
Mirar hacia sus comienzos, cuando compartía música en SoundCloud, le permite dimensionar el camino recorrido. Palacios reconoce que nunca imaginó estar preparando un concierto de esta escala ni conseguir algunas de sus colaboraciones.
También agradece que el crecimiento haya sido paulatino, porque eso le ha permitido valorar y procesar cada paso.
"Jamás me imaginé esto que estoy viviendo hoy en día. Eso lo hace mucho más especial".
Al hablar de lo que lo motivó a mostrar una parte más vulnerable, el cantante coloca sus prioridades en el terreno creativo.
"Para mí la música y el arte están primero, antes que todo lo demás, antes que la plata, antes que la fama, que la exposición".
Por ahora, su atención sigue puesta en Soy un fatalista, el concierto en Chile y una gira que, según adelanta, también pasará por Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. El siguiente proyecto tendrá que esperar: primero quiere llevar estas canciones al escenario y compartir con los asistentes aquello que decidió sacar de su cabeza.
"Espero que todos dejemos de ser fatalistas después de este proyecto".
jk