A finales de 2023, Misael Sánchez Funez, mejor conocido en el rap como Faruz Feet, sintió que "estaba a punto de morir". Una insuficiencia renal, derivada del lupus que le diagnosticaron desde niño — y del que habla en su canción Karma — lo mantuvo postrado en una cama de hospital.
Sin embargo, el rapero demostró que sus ganas de vivir son más fuertes; se aferró a sus sueños, a su familia y a la música, y logró salir adelante. Poco después, recibió la noticia de que se presentaría en el Pepsi Center de la Ciudad de México.
"Cuando uno cree que siempre es de noche, amanece", comenta a MILENIO, reflexionando sobre lo que aquella experiencia le enseñó.
Más que un concierto
Conocido por la potencia y la emotividad de sus presentaciones, Faruz Feet promete algo superior para el Pepsi Center el próximo 10 de abril: "Que no sea el clásico rapero con el micro, sino algo más grande, algo que no había hecho; incluso tengo la intención de invertir de mi bolsa". Por ello, la exigencia es mayor.
"Empecé a rapear a los 14, por eso que la misma música y los mismos ideales se concreten en un escenario tan masivo es increíble para mí".
Nacido en la Ciudad de México en 1992, descubrió el rap apenas salió de la infancia: entre los 11 y 12 años, la popularidad de Eminem y 50 Cent despertó su interés por las rimas, llevándolo luego a explorar artistas de culto como Sean Price y Non Phixion. También se acercó al rap español gracias a un disco de Acción Sánchez, integrante del grupo SFDK.
Entonces, sucedió lo lógico para un oyente de rap: empezar a tirar rimas. Al principio, Faruz intentó emular a sus ídolos, y así se hizo de un nombre en su CCH. Pero cuando comprendió la importancia de desarrollar un estilo propio, "las olas se abren y mi carrera empieza a despegar".
"Ahí me doy cuenta de lo importante que es la autenticidad. Y que para mí el rap es una expresión humana: si tengo un momento de debilidad, escribo, lo narro y así lo saco", explica.
En este camino musical, sus padres han jugado un papel clave. "Me acuerdo que un día estaba produciendo, mi jefe pasó y dijo: ‘Esa mamada’. Eso se me quedó. En ese entonces, en casa lo veían como algo pasajero, que no agradaba del todo porque les preocupaba mi futuro".
Sin embargo, nunca le “pusieron el pie” ni lo desalentaron. Con el tiempo, al ver que lo que parecía un pasatiempo se volvía algo serio, empezaron a "respetarlo”. Hoy, dice, ese respeto se ha transformado en admiración.
“Ha sido una carrera larga y me ha servido cuestionarme a mí mismo si realmente soy bueno… y aquí estoy”.
Madurez e identidad
Tras más de 15 años de carrera, Faruz Feet entiende la madurez como “ejecutar todo lo que piensas y llevarlo a cabo; si quieres algo, poner todo de ti sin afectar a un tercero".
Esa idea, dice, va más allá de la música: "Debes disciplinarte, pensar en tu entorno y hacer que todo funcione lo mejor posible; llegar al balance correcto de las cosas".
Responsable de tres volúmenes homónimos lanzados desde 2020, hoy su visión apunta tanto a lo artístico como a lo personal: "Cuando sabes que la fiesta o el cotorreo no va contigo, no lo tomas. Porque es fácil irte por caminos que ni siquiera te identifican".
Reconoce que, aunque su intención nunca ha sido pegar — "me vale madre" —, entiende su éxito actual como fruto de la constancia, la paciencia y, sobre todo, la autenticidad. Valores que ha reforzado a través de otra de sus pasiones, el fisicoculturismo.
Ejemplo de este tesón genuino se refleja en su postura ante las redes sociales, donde suma cientos de miles de seguidores — más de 945 mil oyentes en Spotify y 264 mil en Instagram —: "No voy a caer en tendencias de hacer un trend y ponerme a bailar. Respeto a quienes lo hacen, pero yo en lo mío. Sí hago contenido de mi música, pero a mi manera".
Vulnerabilidad y nuevas metas
En el escenario, Faruz Feet se erige como un cantante valiente y perspicaz, porque "el rap es para eso, sentirte el mejor". Aunque también da cabida a su vulnerabilidad: "He llorado — se sincera — Hay canciones que de repente no puedo interpretar porque me rompo".
Detalla esos claroscuros personales comentando que casi siempre "la gente me ve sonriendo", pero cuando se cierra el telón "hay a veces un infierno atrás. Por eso los únicos refugios que tengo son el rap y el deporte".
"También me ayuda hablar con mi jefe y que me diga '¿Ya listo pa’ darle?'. Eso me levanta. Ver a mi familia bien… de ahí saco huevos. No me puedo doblar".
Con esa idea de constancia y lucha, el rapero ve a futuro, más allá del concierto del 10 de abril: "Se vienen dos álbumes, uno colaborativo. También vamos, primero Dios, a escalar más allá: buscar escenarios como Pa’l Norte o Vive Latino".
Cierra la entrevista con MILENIO agradecido por su presente, aunque con los pies en el origen: “Nunca soñé con escenarios, dinero o el éxito. Cuando empecé, lo único que quería era rapear… demostrar que era bueno. Ganarme el respeto”.
hc