• El rock vive, la lucha sigue. Un juguete muy rabioso ataca de nuevo

Fundada por dos hijos del exilio sudamericano, esta banda se convirtió en una de las voces más relevantes de la escena del rock ochentero. Los rabiosos regresan con un nuevo álbum.

Ciudad de México /
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DOMINGA.– La llamada se consumó cuando las canciones ya estaban escritas. Federico Bonasso, quien se encontraba descansando en su casa al sur de la Ciudad de México, las escuchaba detenidamente como parte de un proyecto solista. Fue entonces que una idea que le venía pulsando terminó por imponerse: El Juguete Rabioso debía volver al escenario. Así que levantó el teléfono, buscó a Santiago Behm y le dijo: “Oye, tú tienes tus rolas y sé que estás haciendo tu disco; yo tengo mis rolas, estoy haciendo mi disco. El Coco tiene las suyas. Pero esas canciones tienen que estar juntas, debemos volver a hacer música juntos”.

Del otro lado de la línea no hubo resistencia. Había pasado casi un tercio de siglo desde la última vez que la banda grabó un álbum, pero ninguno sintió que estuviera resucitando un recuerdo. Más bien estaban obedeciendo a unas canciones que, como diría después Bonasso, llevaban tiempo tocándoles el hombro.

Casi 30 años después de su último disco, Bonasso, Behm y Coco Ruiz volvieron a reunirse para grabar Siempre | Araceli López

Así comenzó Siempre, el tercer disco de una de las bandas más singulares del rock mexicano. No nació de una gira conmemorativa o del cálculo de agentes comerciales que suelen acompañar los regresos de grupos históricos: El Juguete Rabioso apostó todo por complacer a un público analógico, el que los conoció en persona y uno, más joven y digital, que encontró fascinante su historia.

Siempre demostraba que sus creadores –Bonasso en la voz y teclados; el bajista y guitarrista Behm y Coco Ruiz en la batería y guitarras–, llegaron a la conclusión de que todavía tenían algo que decir, que estaba relacionado con aquel añejo compromiso y batalla cultural que comenzaron al llegar a México, cuando fundaron la primera banda con la que fueron conocidos: Exilio, fundada entre los años 1982 y 1983; sin el acompañamiento de Coco Ruiz.

“Regresamos porque todavía teníamos mucho que contar, y debíamos cumplir con una vieja deuda en el tercer disco de El Juguete Rabioso. Un disco que nos pidió mucho la gente”, explica el vocalista del grupo, Fede Bonasso.
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La deuda no era únicamente con quienes esperaron nuevas canciones durante 30 años. También la tenían consigo mismos. Durante ese tiempo cada uno construyó un camino propio, escribió discos, publicó libros, desarrolló proyectos personales, pero un territorio creativo persistió y sólo podía existir cuando Federico Bonasso, Santiago Behm y Coco Ruiz volvían a ocupar el mismo cuarto de ensayo.

“Es muy diferente cuando llevas la rola al estudio, al ensayo con los rabiosos. Se producen otras magias, otros intercambios”, reconoce Bonasso.

La historia de El Juguete Rabioso nunca fue únicamente la de una banda. También es la de dos hijos del exilio latinoamericano que terminaron encontrándose en México para inventarse una patria compartida. Behm llegó desde Chile siendo apenas un niño, después del golpe militar pinochetista que derrocó al gobierno de Salvador Allende. Bonasso escapó con su familia de la violencia política de la Argentina en tiempo del general Jorge Rafael Videla –conocida como Proceso de Reorganización Nacional–, primero hacia Europa y después hacia México, donde halló un país que terminaría convirtiéndose en su casa.

Hijos del exilio latinoamericano, Federico Bonasso y Santiago Behm encontraron en México el lugar para crear El Juguete Rabioso | EFE

Ambos se conocieron en el Instituto Luis Vives, la escuela fundada por el exilio español en la Ciudad de México.

Este espacio educativo fue clave pues justo ahí nació el Juguete ya con ese nombre, en 1985, aunque con otros integrantes como su profesor Fernando Urdapilleta o Víctor Gayo. Fue hasta 1991 que Federico, Santiago y Coco, junto con Jaime Lichi, grabaron un primer álbum, Caras Modernas, producido por Rockotitlán y WEA, y posteriormente vendría Alma Total en 1995, bajo el sello Warner.

Los H.I.J.O.S. del exilio

“Traemos como esa marca, esa nostalgia prematura que acompaña a todo desterrado”, dice Federico Bonasso frente al micrófono. La frase no aparece como un gesto de melancolía sino como una explicación de origen. Esa experiencia del desarraigo nunca desapareció del todo, aunque con el paso del tiempo fue mezclándose con otra identidad. “Desde muy chavos somos mexicanos y aquí hicimos El Juguete Rabioso, que no podía sino ser una banda chilanga”.

Esa doble condición –la memoria del exilio y la permanencia en México– atraviesa prácticamente toda la obra del grupo y explica por qué sus canciones hablan con naturalidad de dictaduras sudamericanas, poesía española, movimientos sociales o barrios de la capital mexicanos.

Y eso es más que explicable; Federico Bonasso y Santiago Behm pertenecen a una generación marcada por el destierro de sus familias, su historia dialoga con la de cientos de hijos de exiliados latinoamericanos que encontraron refugio en México y que, décadas después, reivindican la memoria como una forma de identidad.

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El colectivo H.I.J.O.S. México, del que Federico forma parte, está integrado por descendientes de exiliados y de personas desaparecidas por las dictaduras del Cono Sur. Ahí se sostiene que la memoria no busca instalarse en la nostalgia, sino convertirse en una herramienta de justicia frente al olvido. Su consigna de memoria, identidad y justicia resume una experiencia compartida por quienes crecieron heredando relatos de persecución y clandestinidad.

La infancia de Federico y Santiago estuvo marcada por un mismo horizonte político. Behm tenía cinco años cuando su familia abandonó Chile y llegó a su amada isla del Caribe. “Mis padres tuvieron que huir de Chile, vivimos en Cuba seis años y fui tremendamente feliz. Después de eso vinimos a México”. Su mirada cambia cuando habla de la isla, la gratitud le sale por los ojos y recuerda cómo fueron llamados, años después de su exilio y ya con El Juguete Rabioso acostumbrado a la fama, para tocar en el corazón en la Habana, Cuba frente a Fidel Castro.

Bonasso, en cambio, recuerda una clandestinidad que comenzó incluso antes del golpe militar argentino. La Alianza Anticomunista Argentina, la tristemente célebre Triple A, perseguía a periodistas, intelectuales y militantes de izquierda. Su padre dirigía el diario Noticias, donde escribían Rodolfo Walsh, Juan Gelman y Paco Urondo. El periódico fue clausurado. Una bomba estalló frente a la casa familiar. La clandestinidad se convirtió en la única forma de seguir con vida.

Bonasso y Behm heredaron las historias de dos dictaduras sudamericanas y las transformaron en una identidad musical profundamente mexicana | Notimex
“Tengo de allí muchas sombras, muchas alarmas. El que vive en la clandestinidad incorpora para siempre una serie de traumas”, dice sin disimulo. La familia logró escapar con pasaportes falsos, llegó primero a Europa y después a México, donde comenzó, según Federico, “una hermosa aventura de mexicanización”.

La expresión resume mucho más que un cambio de residencia. Habla del proceso mediante el cual el niño que había dejado Buenos Aires fue descubriendo que el país que lo recibía también arrastraba sus propias heridas. “Y ahí nos cae el veinte de que aquí también hubo represión, de que aquí también hubo doctrina contrainsurgente, de que aquí también hubo fuerzas armadas que castigaron a la disidencia política”. Ese descubrimiento terminó moldeando la identidad artística de El Juguete Rabioso, que además tiene una fuerte influencia de los rockeros argentinos Charly García y Fito Páez.

La música posdictaduras

Su historia familiar y personal influyó para que durante los años noventa la banda se involucrara activamente en conciertos de apoyo al Movimiento Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y convirtió esa experiencia en uno de los momentos fundacionales de su memoria colectiva. Entendían la música como una forma de participación pública.

Entendían, probablemente, que la manifestación artística también puede convertirse en un medio para expresar inconformidades, visibilizar injusticias y ampliar la conversación pública sobre conflictos que afectan a una sociedad; en algunos casos trasciende fronteras, idiomas y clases sociales y se convierte en agente de transformación social.

En los noventa, El Juguete Rabioso participó en conciertos de apoyo al EZLN y volvió la música en participación política |Jesús Quintanar

Podría decirse que la historia de Bonasso y Behm recorren ese camino. Las canciones de esta banda no se limitan a recordar el exilio de sus familias ni las dictaduras que marcaron a una generación, sino que pretenden transformar esa memoria en una manera de leer el presente.

Para sus integrantes 30 años no fueron suficientes para convertir al Juguete Rabioso sólo en un recuerdo. El silencio terminó cuando Bonasso descubrió que sus composiciones no podían existir lejos de Behm y Coco Ruiz. Había algo en ellas que seguía perteneciendo a la banda, que era colectivo. “Había rolas que nos tocaban el hombro y nos decían: ‘Oigan, no nos olviden, queremos vivir bajo la identidad del Juguete’”.

Esa fue la razón por la cual Federico hizo esa llamada y logró que Behm entendiera que sus propias canciones solistas tampoco le pertenecían del todo. Por eso el tercer disco comenzó antes de que hubiera un estudio de grabación o una fecha de lanzamiento; nació mientras sus integrantes trataban de autofinanciarse y continuaban con sus actividades cotidianas, y que acabó de cuajar y tomar forma cuando los tres volvieron a compartir una sala de ensayo, igual que lo hicieron algunas de las grandes leyendas musicales.

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Es verdad que previo a ello, durante todos estos 30 años no habían dejado de escribir, de componer. Cambiaron los proyectos, las ciudades, las preocupaciones al tiempo que la industria musical mutaba radicalmente. Lo que permanecía pendiente era encontrar el espacio donde todas sus canciones dialogaran entre sí.

“Es muy diferente cuando llevas la rola al estudio, al ensayo con los rabiosos. Se producen otras magias, se producen otros intercambios”, insiste Federico. Y al final lo que ocurrió en ese espacio terminó llamándose Siempre.

El título nació de una canción, pero describe algo mucho más amplio. Bonasso habla de él como si intentara fijar una imagen que aparece una y otra vez en su memoria: “En algún rincón del universo volveremos a ser felices”. Frase que remite a la historia que marcó a ambos músicos, a las dictaduras que expulsaron a sus familias de Argentina y Chile, y al exilio que, venturosamente, los reunió en México. Sus canciones se convirtieron en el lugar donde esas biografías encontraron un lenguaje común.

Todo ha cambiado, la esencia permanece

La conversación se desplaza hacia el presente. Las preocupaciones cambian de escenario, aunque no de fondo. El rock que conocieron en los años ochenta ya no existe. Las disqueras dejaron de ocupar el centro de la industria y las plataformas digitales reorganizaron la manera de escuchar música. Hoy los algoritmos deciden buena parte de la circulación cultural y el mercado recompensa la inmediatez… y El Juguete Rabioso, insolente, respondió con un disco de 20 canciones.

Contra la lógica de los algoritmos y las reproducciones, El Juguete Rabioso respondió con Siempre, un disco de 20 canciones | Araceli López
“Había quien nos decía: ‘Hagan un EP’. Y dijimos: 'No, un EP no; un disco. Y en lugar de un disco de 10 rolas, pues que sea un disco de 20 rolas’”. Un EP o extended play se refiere –desde el siglo XX– a un formato con más de las dos canciones que tiene un sencillo o single, pero menos que de las que suele tener un álbum completo o LP (long play).

La decisión parecía ir a contracorriente de una época acostumbrada a medir y consumir la música en reproducciones, listas de popularidad y permanencia en las plataformas. Para Behm eso es secundario y reduce su posición a una cuestión mucho más sencilla. “Nosotros hacemos música, lo que queremos es expresarnos con nuestra música”. Por eso hay una condición no negociable para las rolas incluidas en el disco entero: “Si metemos una canción tiene que ser hija de un sentimiento puro y verdadero”.

La misma lógica aparece cuando hablan de los libros que los acompañan desde hace décadas. Roberto Arlt, el escritor e inventor argentino –autor del libro cuyo título la banda tomó prestado para nombrarse– ocupa el punto de partida, pero la conversación pronto deriva hacia Francisco de Quevedo. Bonasso lo menciona con la naturalidad con la que otros músicos citan a un guitarrista. “El soneto Amor constante más allá de la muerte es probablemente el soneto en español más bello jamás escrito".

Roberto Arlt les dio el nombre y Quevedo se metió en sus canciones. Tres décadas después, la literatura sigue en El Juguete Rabioso | Araceli López

En Ya verás, una de las canciones del nuevo álbum, vuelve a nombrarlo: “Amo la voz de Leonel, los versos de Quevedo”. Más que nostalgia académica en esa referencia, la poesía influye en el oficio cotidiano de escribir canciones.

El regreso de El Juguete Rabioso terminó ocurriendo en un cruce de tiempos. Detrás quedaron las dictaduras que expulsaron a sus familias, el México que los recibió como exiliados, las luchas que acompañaron durante los años noventa y el largo silencio de la banda.

Roberto Arlt les prestó mucho más que un título; les legó un personaje empeñado en desafiar el lugar que el mundo había reservado para él. Bonasso sigue reconociéndose en esa obstinación, con un indeclinable toque de rebeldía: “Quiero creer que somos más rabiosos que juguetes”.



(Fact checking: JRH) / MMM


  • Ricardo Balderas
  • Periodista. Se ha enfocado en la investigación corporativa y el análisis de datos. Es coautor de Impunemex y Los hijxs del derrame. Coordina proyectos periodísticos en Poder.

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