Hay conciertos que se disfrutan… y hay otros que se convierten en historia. Lo que ocurrió en el Auditorio Banamex fue una experiencia que rompió cualquier lógica: Soda Stereo volvió a Monterrey y de una forma que parecía imposible, junto a Gustavo Cerati.
Desde horas antes del inicio, el ambiente ya se sentía distinto. No era el típico show lleno de sentimientos por volverlos a ver juntos.
Fue en punto de las 21:30 cuando las luces del recinto se apagaron, y con ello tres sombras tomaban su lugar en el escenario, Soda estaba de vuelta.
El concierto con Ecos, pero los primeros acordes de “Juego de Seducción” marcaron la emoción de todos. Pero lo que realmente dejó sin palabras a los asistentes fue la aparición de Cerati. Acompañado por Charly Alberti y Zeta Bosio, surgió una figura creada con tecnología de última generación que logró recrear su presencia de una manera sorprendente.
No se trató de una simple proyección. Fue una construcción visual tan detallada que, por momentos, hacía olvidar que el líder de la banda falleció en 2014. La sincronía con las pistas originales de voz y guitarra, tomadas de giras pasadas, logró un resultado sonoro impecable.
La ejecución musical fue poderosa. Temas como “Nada Personal”, “Hombre al Agua” y “Persiana Americana” sonaron con una vigencia impresionante. Soda Stereo demostró que su música no pertenece al pasado, sino que sigue marcando el presente.
La figura digital de Cerati se sentó en el escenario y el recinto entero quedó en silencio. Después, miles de voces comenzaron a cantar al unísono, creando un instante íntimo, profundo y difícil de describir. Fue un momento donde la tecnología dejó de importar y lo único que permaneció fue la conexión emocional.
A lo largo de la noche, quedó claro que este espectáculo no busca reemplazar al artista, sino rendirle homenaje. Zeta Bosio y Charly Alberti tocaron con una energía que reflejaba respeto, nostalgia y complicidad con su compañero ausente.
El cierre llegó con “De música ligera”, desatando la euforia total. El Auditorio Banamex se convirtió en un solo coro, mientras en el escenario la figura de Cerati se desvanecía lentamente. El público respondió con un grito que retumbó en todo el recinto: “¡Gracias totales!” cuando el reloj marcaba las 23:00 horas.
Más allá de cualquier debate sobre tecnología en la música, Monterrey fue testigo de algo único. No fue solo un concierto, fue la confirmación de que hay legados que no desaparecen.
mrg