La etapa de vida en la que se encuentra Gael García Bernal, sus tres hijos y lo que está pasando en el mundo detonaron que, tras varios años, quisiera regresar a la silla de director con Hombre al agua.
“La paternidad, por ejemplo, me detonó una necesidad de contar algo acerca de ello; una separación también; la crisis de la masculinidad; el cuerpo político en Latinoamérica hoy en día; el amor traducido a los cuidados... un montón de cosas. Y, de pronto, ciertas tesis que de alguna manera empezaron a formarse mientras estábamos amasando la película”, nos dijo el actor en entrevista previa a la premiere en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF).
Esas inquietudes terminaron entrelazándose en la cinta que García Bernal coescribió junto al dramaturgo argentino Mariano Pensotti y que se enfoca en Camilo, un hombre que pasa de trabajar como salvavidas en Cuba a formar parte de una poderosa familia de Yucatán, pero que, en el camino, comienza a cuestionarse su lugar dentro de ese nuevo mundo.
Entre las ideas que fueron tomando forma, hay una que el propio Gael identifica como central: una lectura sobre el momento político que vive Latinoamérica.
“Hoy en día vivimos en un mundo en el cual cada película, ya sea de nosotros, de cada quien o de alguien más, es dirigida acerca de nuestras vidas. Esa experiencia, esa manifestación con el exterior, puede ser cooptada por el statu quo que nos domina, que es el capitalismo rampante. Y no lo digo como una adjetivización; lo veo más como un hecho, pues es el mundo en el que vivimos, ¿no?
“Y este capitalismo rampante, esta estructura que vivimos y que aceptamos vivir, o que no tuvimos tampoco poder de decisión para elegir otra cosa, puede utilizar aquello que somos para fines electorales. Entonces eso me llamaba mucho la atención, la verdad”, explicó.
Esa reflexión se traslada también a los personajes, que se mueven entre las distintas versiones de sí mismos que construyen para sobrevivir, pertenecer o ejercer poder.
Entre identidad y poder
En la película, Gael da vida a Camilo, el salvavidas cubano que rescata de morir ahogado a Abel, un poderoso empresario interpretado por Jorge Salinas. Como agradecimiento, Abel lo lleva a Yucatán, le ofrece trabajo y lo introduce en una vida de privilegios.
“Estoy más que agradecido de poder participar en estas producciones, con estos elencos, estos repartos, en esas historias que son el reflejo de nuestra actualidad. Eso es lo que yo creo del cine: es el reflejo de la historia de la sociedad. Hombre al agua es el reflejo de lo que se está viviendo en nuestra humanidad, en nuestra humanidad latinoamericana, y en especial con el pueblo, en el personaje de Camilo. Con Abel, el cual yo represento, estamos viendo a un empresario muy exitoso, pero exitoso no por lo que el éxito quiere decir realmente, sino exitoso para él, por sus logros económicos e industriales, queriendo llegar ahora a tener un control de masas. Para eso necesita ser político”, señaló Salinas.
Otro personaje importante en la historia es Juana, interpretada por Esmeralda Pimentel, hija de Abel, esposa de Camilo y una atleta de alto rendimiento especializada en salto con garrocha. Para prepararse, la actriz entrenó durante siete semanas de la mano de la atleta Carmelita Correa.
“Aprendí de la maestra Carmelita Correa, que es nuestra campeona nacional en garrocha. Ella tiene el récord del salto más alto que ha dado una mujer en nuestro país. Y no solamente es un privilegio de esos que nos regala la profesión, de hacer cosas inimaginables, sino que el atletismo aquí juega como un simbolismo que informa muchísimo de quién es Juana; sobre cómo ella habita sus relaciones y su día a día.
“Lo di todo, todo de mí. Entrenaba todos los días. Y sí, fue tener un dolor en el cuerpo todos los días. Y claro, cuando yo le decía a Carmelita: ‘Oye, qué duro esto’, me decía: ‘Imagínate vivir con este dolor por tantos años, todos los días’”, relató la también actriz de Casi el paraíso.
Un elenco con historia
Para Pimentel, quien comenzó su trayectoria en telenovelas, también fue especial poder ser dirigida por Gael, a quien admiraba desde niña.
"Sin duda fue especial trabajar con uno de los artistas para mí más emblemáticos, significativos, hermosos que tenemos en México, que es Gael, que ha hecho tanto por nuestra cinematografía y por nuestra cultura y que yo admiro desde tantísimos años atrás. El que él me convocara a hacer una audición fue para mí un sueño. Ya el simple hecho de audicionar y que él pudiera considerarme como una posibilidad para interpretar un personaje de una película que él había escrito me parecía muy mágico.
"Y después, cuando me dio la noticia de que no solo me iba a dirigir, sino que también iba a actuar con él, imagínate qué regalo. Un sueño hecho realidad", compartió la actriz.
Si para Pimentel se trató de un primer encuentro soñado, para Salinas Hombre al agua representó otra cosa: una cuenta pendiente. Ambos actores ya habían compartido créditos en Amores perros, aunque sus personajes pertenecían a historias distintas y nunca llegaron a filmar una escena juntos, así que la experiencia internacional que ha vivido con García Bernal; primero en Venecia y ahora en Toronto, fue especial para Salinas.
"Me imaginé estar acompañando un proyecto de forma internacional. Había ocurrido con Amores perros; pero no tuve la fortuna de asistir ni a los Óscares ni a Cannes. Vamos, ni siquiera pude estar presente en la premiere en México. Y yo dije: 'Algún día, algún día le pagaré al destino esa afrenta que yo le había hecho sin querer'. Y así fue. Ahora el destino me vuelve a poner en la posibilidad de regalarme estas emociones, ¿no?, lo cual sigo agradeciendo a Dios", contó Salinas.
Entre una versión de sí mismo y Ricky Martin
Camilo, el personaje de Gael, es constantemente empujado a modificar su identidad, incluso su acento, para encajar en distintos espacios. De manera similar, a lo largo de su carrera internacional, García Bernal ha interpretado personajes de distintas nacionalidades y contextos.
“Sí, esa es la experiencia de la otredad y de la extranjería. Yo he sido extranjero toda la vida. Incluso he actuado con acentos distintos toda la vida. Y mi primer acento de Guadalajara lo hice en el primer cortometraje que hice, que fue De tripas, corazón, hace muchos años. Y hasta hace poquito logré volver a hacerlo en La Máquina. Solamente dos veces he hecho de tapatío. Es muy loco, es muy loco porque no he podido hacer el acento mío, ¿no? Entonces sí hay algo de un paralelismo en eso”, consideró.
Ese juego con las distintas versiones de Camilo llega aún más lejos cuando Juana decide realizar una película inspirada en su propia vida y el hombre encargado de interpretarlo es nada menos que Ricky Martin.
“Cuando andaba en el proceso de escritura, un enamoramiento constante donde uno se va imaginando ciertas cosas, ¿no?, dije: ‘Estaría buenísimo que Camilo abriera la puerta y se encontrara a Ricky Martin’, ¿no? Era pensar como el arquetipo de Ricky Martin. Y de pronto, cuando ya estábamos listos para filmar, el director de casting me dice: ‘¿Y si buscamos a Ricky?’. Y, en efecto, no se perdía nada; al contrario, se ganaba muchísimo. No lo habíamos hecho porque nos daba vergüenza, lo veíamos como algo imposible, ¿no? Y él dijo: ‘Brother, yo estoy ahí’, desde el primer momento”, recordó.
Aunque Martin aparece brevemente en pantalla, Pimentel aseguró que su paso por el rodaje dejó una fuerte impresión en el equipo.
“Fue breve porque lo tuvimos 24 horas en Yucatán. Pero su participación fue poderosa, inmersiva y fue divertidísima. Él llegó con toda la generosidad, así como creo que llegaron todos, y siempre pidió: ‘No hagan ninguna diferencia conmigo y con el resto de cualquier miembro del equipo’. Eso creo que refleja toda su humildad y su generosidad y su amor al arte. Fue muy bonito. Él llegó a jugar, llegó a darlo todo”, complementó Pimentel.
Un futuro como director
Si bien tuvieron que pasar más de cinco años desde Chicuarotes para que García Bernal volviera a dirigir un largometraje, Hombre al agua parece haber despertado nuevamente ese impulso creativo.
“Me gustaría seguir dirigiendo. Y la que sigue... pues ya tengo un par de ideas ahí. No, no un par, como cuatro. Unas de ellas más avanzadas que otras, una más fácil que otra, una muy ambiciosa, muy, muy grandota. Y bueno, hay otras que están ahí en el tintero, pero que en algún momento sí espero poder lograr”, concluyó.
OAGP