Salma Hayek se adentra en las heridas de una mujer marcada por la guerra

En Without Blood, dirigida por Angelina Jolie, la actriz interpreta a Nina, una sobreviviente que años después regresa al lugar de su tragedia para encontrarse con uno de los hombres que destruyeron su vida

La película se estrena este viernes 18 de septiembre en Estados Unidos.
Ciudad de México /
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En Without BloodSalma Hayek se enfrenta a uno de los desafíos actorales más complejos de su carrera, no solo por la historia que le toca contar, sino por todo lo que Nina, su personaje, representa. 

La película dirigida por Angelina Jolie la coloca frente a una mujer marcada por la violencia de la guerra, pero su historia no se detiene en la venganza, por el contrario, lleva esa experiencia a un terreno en el que también cabe el perdón.

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Ese recorrido le exige a Hayek sostener emociones difíciles de habitar. La película, también escrita por Angelina Jolie, se aleja de la estructura tradicional de una historia de venganza para concentrarse en sus consecuencias. Nina, el personaje de Hayek, no es solamente una mujer que busca ajustar cuentas con el pasado, es alguien que intenta entender qué ocurrió, qué le fue arrebatado y qué debe hacer con una vida construida alrededor de ese episodio.

“En diferentes partes de su vida, ella vuelve al mismo episodio. Nina es alguien incapaz de hacer nada. Esa cosa parece pasividad, pero tiene todo un tumulto interno. Se siente sin esperanza y sin ayuda. Está paralizada por el dolor y la traición, incluso la de sus propios hijos”, explicó la actriz durante una charla que sostuvo con medios internacionales después de la proyección del filme en el festival de cine de Toronto. 

Desde el principio, Salma Hayek decidió no mirar a Nina como un personaje aislado. La historia ficticia le permitió pensar en las mujeres que han enfrentado formas distintas de violencia, especialmente aquellas a quienes los sistemas, las circunstancias y los hombres que las rodean les han arrebatado la capacidad de decidir sobre su propia vida. 

“La construcción de esta mujer siempre tuvo la intención de pensar en millones de otras mujeres”, afirmó.

La actriz detalló que en este punto encontró un vínculo directo con México: “Nunca la sentí aislada. En su espacio mental. Siempre llevé conmigo a todas las mujeres del mundo que han estado en situaciones similares”.

Al hablar de Nina, Salma Hayek recordó los años en los que se involucró con las familias de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, un periodo que describió como doloroso y que incluso llegó a afectar su salud emocional.

“Como mujer mexicana, hubo un largo episodio en mi vida, que fue muy doloroso, porque intenté asumir una causa y, sin importar lo que hiciera, cuánto me esforzara durante décadas, no vi ningún progreso”, recordó la mexicana.

Esa experiencia, que incluyó estar en contacto con familiares de las víctimas, algunas de las cuales fueron amenazadas por buscar justicia, terminó formando parte de la manera en que construyó a Nina. 

“Este conflicto de las mujeres de Juárez fue uno de mis puntos de inspiración. Era casi como una ofrenda cada día cuando llegabas a trabajar. Yo estaba ofreciendo mi trabajo a… lo siento… …a diferentes mujeres. En el caso de las mujeres de Juárez, trabajé con muchas familias de las fallecidas. Y Nina también es todas esas mujeres”, explicó con lágrimas en los ojos.

La conexión fue tan profunda que el desafío fue contener el dolor. Angelina Jolie no quería que Salma Hayek descargara la emoción cada vez que la escena lo permitía.

“Como pueden ver, la dificultad para mí como actriz en esta parte nunca fue cómo voy a llegar a la emoción sino cómo sostienes eso durante ocho horas al día, todos los días. Porque ella (Angelina) no me permitía llorar”, explicó la mexicana.

Esa exigencia fue parte de una relación creativa que Hayek describe como excepcional. Las actrices se conocieron años antes durante Eternals, pero su amistad se convirtió en una colaboración más profunda con Without Blood. Durante meses hablaron con frecuencia, no solamente sobre la película, sino también sobre sus hijos, política y otros asuntos personales. Sin darse cuenta, aquellas conversaciones comenzaron a prepararla para Nina.

En el rodaje, Jolie llevó esa confianza al límite. Hayek recordó que, en una ocasión, la directora le pidió improvisar durante aproximadamente dos horas en una habitación blanca, sin utilería, sin líneas y sin un objetivo definido. El ejercicio no terminó incorporándose a la película, salvo quizá unos segundos, pero cambió su manera de enfrentar al personaje, “eso me dio muchísima confianza para el resto de la película. Fue increíble”, recordó Salma Hayek.

La colaboración también abrió una dimensión personal inesperada. Mientras exploraba a Nina, regresaron algunos recuerdos relacionados con experiencias difíciles de su infancia. Hayek, formada bajo el método de Stella Adler, dijo que su entrenamiento no parte de usar las experiencias personales para construir a los personajes. Pero en este caso la cercanía con Jolie hizo que ciertas conversaciones la llevaran a revisar aspectos de su propia historia.

Ambas hablaron durante horas desde distintos husos horarios y llegaron a una idea que Hayek incorporó a su trabajo: conversar con distintas versiones de uno mismo, con la niña que fue y con la persona en la que se convertirá, “eso es como hablar con tu propia persona infantil. Y después, ¿qué tal hablar con mi yo del futuro?”, explicó durante la charla, “se trataba de intentar descubrir qué harías, cómo se ve el lugar en el que estás ahora”.

La película también la enfrentó a una contradicción que Jolie consideraba indispensable: Salma Hayek quería defender a Nina y a las mujeres que ella representa, mientras la directora le exigía mirar incluso al hombre que había provocado el daño desde un lugar de humanidad.

“Estás aquí para defender a alguien, pero no; incluso cuando estás defendiendo a alguien, ella me pedía también defender al atacante de alguna manera, intentar ver lo bueno en él. Y para mí fue muy complicado todos los días cuando tenía que trabajar esa parte”, agregó sobre prepararse mental y emocionalmente para esta petición de su directora.

Las escenas ocurren frente a Demian Bichir, quien interpreta a Tito, uno de los hombres responsables de la masacre que destruyó la vida de Nina durante la guerra. Años después, cuando ella lo encuentra viviendo bajo otra identidad, decide acercarse a él para confrontar el pasado.

La experiencia también llega en un momento importante de la carrera de Salma Hayek. Desde sus primeros trabajos en México y las telenovelas, su llegada a Hollywood y películas como Desperado, hasta Frida, producción por la que obtuvo una nominación al Oscar como actriz y que también produjo, la mexicana ha construido una trayectoria marcada por la búsqueda de proyectos en los que pueda intervenir más allá de la interpretación.

Ahora desarrolla una película que escribió, dirige y financia de manera independiente, con capital aportado exclusivamente por mujeres. La producción lleva por título Arena y se filma en Veracruz. En paralelo, continúa trabajando como actriz. Durante la conferencia, Hayek vinculó esa decisión con una convicción que también atraviesa su relación con Nina: aprender a escuchar el instinto incluso cuando el camino no parece lógico.

“Mi sueño era hacer películas, no telenovelas, y mi sueño era hacer películas, no ser famosa. Sabía que perseguir ese sueño podía significar perderlo todo. No me conformé con lo que para otros habría parecido éxito. Me preguntaba: ¿estoy dispuesta a vivir con el fracaso por perseguir lo que realmente quiero, en lugar de tener éxito haciendo algo que no quiero? Y cuando haces las paces con el fracaso, eso te da más fuerza”, explicó Hayek.

Después de una carrera de décadas, Hayek admite que Nina todavía la descoloca. Puede salir del personaje, pero hablar de ella la devuelve inmediatamente a ese lugar emocional, “siempre he tenido facilidad para entrar y salir”, dijo, “hay un par de personajes aquí y allá que se quedan más tiempo, pero no sé por qué este simplemente… no sé cómo hacerlo con éste. Salí, y después, cuando hablo de ella, vuelvo a entrar, puedes verlo ahora”.

No encuentra una explicación definitiva. Lo que sí identifica es la dimensión colectiva que adquirió aquella mujer ficticia: Nina contiene una historia particular, pero también las de quienes han vivido violencia, pérdida, impotencia y la necesidad de reconstruirse después de que alguien más decidió sobre su destino, Ella me conmueve de una manera diferente”, reconoció Hayek, “y parece absurdo, pero no puedo explicarte por qué”.

SLL


  • Ivett Salgado Méndez
  • ivett.salgado.mendez@gmail.com
  • Periodista y conductora de entretenimiento, con más de 15 años de experiencia. Durante la última década mi especialidad ha sido el cine, en combinación con la producción de televisión.

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