A lo largo de su carrera, Steve Carell ha demostrado que la comedia puede ser un territorio profundamente humano. Desde personajes entrañables hasta figuras torpemente carismáticas, su filmografía ha explorado el humor como una forma de mirar la fragilidad de las personas. Con Rooster, su nueva serie como protagonista y productor ejecutivo, el actor vuelve a ese terreno con una historia que, de manera inesperada, toca una fibra personal: la relación entre un padre y su hija.
El proyecto nació de una conversación con Bill Lawrence, creador de Ted Lasso. Carell recordó durante una charla con MILENIO que la idea lo atrapó desde el inicio, “Bill me presentó esta idea y me encantó. Luego se fue a escribirla con su socio, Matt Tarses. Leí el piloto, me encantó y le dije: ‘Quiero hacerlo’. Y él respondió: ‘Está bien, entonces eres productor ejecutivo’. Y así ocurrió”, dijo entre risas sobre lo sencillo que le resultó involucrarse con las mentes maestras del proyecto.
Aunque terminó involucrado también en el desarrollo creativo, Carell explicó que su prioridad siempre fue actuar dentro de un proyecto que funciona como un ensamble, “no entré pensando en eso (ser productor que toma decisiones). Solo quería participar, dar vida a este personaje. Y claro que soy productor ejecutivo y doy mi opinión sobre detalles creativos y cosas así, pero me veo a mí mismo como actor en este proyecto, es parte de lo que buscaba desde que leí el guión”.
Un personaje que dialoga con su vida
En Rooster, Carell interpreta a Greg, un hombre que decide cambiar de rumbo al integrarse a un nuevo entorno académico mientras intenta reconstruir distintas áreas de su vida. Uno de los vínculos centrales de la historia es el que mantiene con su hija, un punto que resonó con la experiencia personal del actor, porque “Greg es un personaje con el que puedo identificarme. No soy yo, pero el hecho de que tenga una hija de una edad similar a la de mi hija. Hizo que los tres tuviéramos esa relación en mente”, dijo.
Ese paralelismo, señaló, fue el punto de partida emocional de la serie, “aunque no es exactamente la relación que yo tengo con mi hija, es algo que resulta muy interesante para nosotros como punto de partida para hacia dónde va la serie”. Y es que, para Carell, Greg también representa el deseo de reinventarse, “me gustó el mundo de la academia y el hecho de que este hombre nunca haya tenido esa experiencia y, de alguna forma, la anhele. Va ahí para reinventarse y descubrir quién quiere ser durante el resto de su vida”.
Humor que también abraza la emoción
La serie combina momentos cómicos con dinámicas familiares complejas, algo que también destaca la actriz Charly Clive, quien interpreta a Carrie, “ella es un personaje que describiría como una mujer muy inteligente, obstinada, con un humor ácido, que tiene muchas cosas sobre sus hombros y que está bastante desesperada por no demostrarlo”, dijo la actriz sobre su personaje, uno que le ha enseñado también lo que es aprender de un grande de la comedia como Steve Carell.
Para Clive, la comedia es precisamente lo que permite que las emociones se vuelvan más profundas, “muchas veces las personas usan la comedia como un mecanismo de defensa o como una red de seguridad para aterrizar de forma más suave durante momentos traumáticos o difíciles. Y eso es algo con lo que todos podemos identificarnos. Creo que los mejores dramas tienen suficiente ligereza para que puedas entrar en ellos, y esta comedia tiene suficiente drama para que el humor se vuelva gratificante”.
La química detrás de cámara
La relación entre los personajes también se construyó desde una dinámica natural entre los actores, explicó Carell, no existió una preparación previa, más bien una confianza que surge del profesionalismo en el set, “simplemente encontramos una química instantánea y una confianza entre nosotros”. Ese ambiente relajado permitió que las escenas fluyeran con naturalidad, “podíamos estar conversando, y de pronto decían ‘acción’, y empezábamos a hablar como nuestros personajes. De esa manera se siente muy natural”.
Después de proyectos que lo consolidaron como una de las figuras más influyentes del género, incluida la icónica The Office, Carell vuelve a demostrar que su talento no está únicamente en provocar risas, sino en encontrar humanidad dentro de ellas. Con Rooster, esa mirada se posa en un hombre que busca redefinirse mientras intenta entender su papel como padre. Un territorio emocional que, incluso para un actor acostumbrado a habitar personajes memorables, resulta sorprendentemente cercano.