Escuchar a más de tres mil voces gritar “¡otra, otra, otra!” debió ser, para Josué Ramírez, la mente detrás de La Texana, un momento que marcó un punto de inflexión en su carrera.
No es ajeno a reacciones así. En 2025 conquistó decenas de escenarios y dejó a sus seguidores entre eufóricos y afónicos. Pero esta vez —la noche del sábado 28 de febrero — fue distinto: ante un Teatro Metropólitan pletórico, ver a todos de pie, clamando por más de su talento y su nostalgia, es una escena que seguramente aún le ronda la cabeza.
Desenfundó a tiempo su guitarra. A las 21 horas, cuando muchos aún compraban cerveza o palomitas — o hacían fila para el baño —, La Texana soltó los primeros acordes que hicieron a más de uno correr de vuelta a su butaca.
El tijuanense, cual elegante bandolero, se alistó para la gran noche con mocasines bien lustrados, pantalón negro, una chamarra diseñada por Tony Delfino, paliacate rojo al cuello y sombrero negro. A su lado, sus cinco forajidos/compañeros de instrumentos, nunca bajaron la guardia.
La velada fue un recorrido emocional y temporal. Sonaron rolas primigenias — las que contó a MILENIO que, al terminarlas, solía mostrar primero a su papá — y también temas más recientes, sobre todo de ese disco que le quitó la etiqueta de ‘promesa’ para convertirlo en realidad: La casa que cae (2025).
Se notó una emoción mayor ante melodías que ya son consideradas himnos por sus miles de fans —como Trataré, Resiste, Un día como hoy, Desgárrame y No me quites tu calor—, pero durante las casi dos horas que duró el concierto reinó una energía potente: hubo baile, saltos, conatos de slam y una que otra lágrima que seguro llevaba dedicatoria.
Sorprendió con la presentación de una nueva composición, Prometo algo mejor. Enterneció al saludar a sus familiares — muchos de los cuales volaron desde Tijuana para esta noche especial — y agradeció a su equipo de trabajo, en especial a su agente, mentor y amigo, Lucas Rossetto. También hizo a todos creer en el amor cuando invitó a su novia, Te vi en un planetario, a cantar juntos, cerrando con un beso.
"Por mí, me quedo aquí para siempre", se sinceró Josué ante los 3 mil 165 asistentes — la capacidad del recinto — que seguramente prepararon sus looks vaqueros con antelación o ahorraron varios cientos de pesos para comprar mercancía con esa ilustración del bebé que viene en la portada del EP Morro. Luego, cantó Siempre me cuesta regresar... aunque ahora, en la Ciudad de México, su "segunda casa", parece que siempre querrá cantar.