Hay ausencias que no caben en una estadística. Una niña que ya no volverá a casa, una madre que dejó de contestar el teléfono, una joven cuyo lugar de trabajo se convirtió en escenario de violencia. Detrás de cada cifra hay una vida interrumpida, una familia que busca respuestas y una historia que no debería terminar en una carpeta de investigación.
En Tamaulipas, 2026 es considerado por activistas como el año más violento contra las mujeres. Los registros del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (Sesnsp) dan cuenta de 34 víctimas de feminicidio hasta septiembre, cifra que coloca a la entidad en el tercer lugar nacional.
“Ha sido el año más violento para las mujeres en el estado”, afirma Martha de la Cruz, integrante de la colectiva Mujer Manglar. Señala que son 34 vidas arrebatadas, 34 historias que quedaron inconclusas y familias que enfrentan una ausencia que ninguna resolución judicial puede reparar.
Las historias detrás de las cifras
Dafne Zapata Quintos tenía apenas 13 años. Su muerte ocurrió después de integrarse a un campamento de verano de la entonces academia militarizada Doenitz en Ciudad Madero. La Fiscalía abrió una investigación por feminicidio.
En Reynosa, Emily, de apenas seis años, murió a consecuencia de agresiones físicas en su domicilio; por este feminicidio, su padre fue vinculado a proceso. En la misma ciudad, otra niña de cuatro años perdió la vida mientras se encontraba bajo el cuidado de su abuela, debido a que su madre estaba privada de la libertad. Una mujer fue señalada como presunta responsable.
En Ciudad Victoria, Lorena fue hallada sin vida en un ejido y su pareja señalado por su probable responsabilidad. En Reynosa, Lorenia, fue asesinada en el restaurante donde laboraba. En Tampico, Bruna, fue ultimada en su domicilio por arma blanca y la Fiscalía señaló a su hijo como presunto autor del crimen.
Ivonne fue hallada sin vida en Tampico y su pareja vinculada a proceso por feminicidio. En Madero, Imelda fue asesinada en su departamento tras citar su hijo a unos hombres por una aplicación. En Altamira, la violencia también alcanzó a una madre y su hija, quienes fueron encontradas en las inmediaciones del corredor urbano Luis Donaldo Colosio, cerca de Dunas Doradas.
En el poblado Control, de Matamoros, las jóvenes hermanas Dinorah y Denisse fueron asesinadas por arma blanca durante una riña. En Nuevo Laredo, Keyla perdió la vida en un establecimiento comercial donde vendía productos de belleza.
Son solo algunos de los casos registrados durante 2026. Para quienes acompañan a las víctimas y exigen justicia, el problema no termina con el registro de una muerte: también está en la necesidad de esclarecer los hechos, castigar a los responsables y evitar que la violencia se repita.
Jornada de memoria en la Plaza de Armas
Frente a este panorama, la colectiva Mujer Manglar convoca a familiares, sobrevivientes y ciudadanía a participar este 3 de noviembre en una jornada de memoria en la Plaza de Armas de Tampico.
Se habrá de instalar un altar y realizar un acto conmemorativo, en el que se invita a compartir fotografías, poemas y testimonios de mujeres asesinadas. También habrá un espacio de micrófono abierto para quienes quieran leer un texto, expresar su dolor o pronunciar el nombre de una víctima.
El lema de la convocatoria es: “Que el feminicidio no sea una tradición”.
“Ellas no murieron, las asesinaron”, sostiene Martha de la Cruz. Una frase que busca romper con la normalización de la violencia y con la facilidad con que las vidas de las mujeres pueden quedar reducidas a un número dentro de los registros oficiales.
La convocatoria pretende que las familias encuentren un espacio para recordar, pero también para hacer visible que detrás de cada feminicidio hay una historia que merece ser escuchada y una investigación que debe ofrecer respuestas.
“Buscamos verdad y justicia para todas”, es el reclamo de la colectiva.
AA