• De casi 300 kilos a una nueva vida: la transformación de Adolfo tras perder más de 100 kg en su lucha contra la obesidad

  • Tras tocar fondo y enfrentar la obesidad como adicción, un lagunero avanza en su rehabilitación con apoyo integral, aunque aún enfrenta retos físicos, emocionales y familiares.
Torreón, Coahuila. /

La historia de Adolfo de la Rosa Schumm se hizo viral por el abandono, la enfermedad y la desesperanza; sin embargo, hoy comienza a transformarse en un proceso de recuperación marcado por la disciplina, el acompañamiento y la voluntad de sobrevivir.

El joven lagunero, que llegó a pesar cerca de 300 kilogramos y enfrentó una condición crítica de salud, ha dado un giro significativo tras su ingreso a un centro de rehabilitación, donde no sólo ha logrado perder más de 100 kilos, sino también replantear su vida.

El caso, dado a conocer por MILENIO al evidenciar la gravedad de su estado físico y social, suma ahora nuevos capítulos que reflejan tanto los avances como las dificultades de salir de una adicción poco visibilizada: la comida.

El fondo de sufrimiento

A sus 31 años, Adolfo recuerda con claridad el momento más oscuro de su vida, al que denomina 'fondo de sufrimiento'. Aunque no vivía completamente en situación de calle, su realidad era igualmente precaria.

“Calle, como tal, no, porque estaba en una pensión trabajando; pero en mi fondo de sufrimiento estuve prácticamente un año. Ya no podía valerme por mí mismo, necesitaba ayuda”, relató a MILENIO.

Durante ese periodo, su movilidad era casi nula. Su peso, según estimaciones, rondó los 300 kilos, aunque el primer registro formal al ingresar a rehabilitación fue de 268.5 kilogramos. La cifra no sólo representaba un problema físico, sino una condición de dependencia total.

“Había cosas tan simples que no podía hacer, como bañarme solo. Tenían que ayudarme entre dos personas”.

Avances que cambian la vida

Hoy, su realidad es distinta. Tras más de un año en rehabilitación, Adolfo asegura haber perdido más de 100 kilos, ubicándose actualmente entre los 175 y 180 kilogramos.

Aunque aún se encuentra en un rango de obesidad severa, el avance es médicamente significativo.

“Ahora puedo hacer cosas básicas como tallarme los pies. Puede parecer algo sencillo, pero para mí es un gran logro”.
En la clínica 'Puerta a la Esperanza' su proceso se basa en principios similares a los de grupos de ayuda mutua.| Alejandro Castañeda.

La comida como adicción

El caso de Adolfo no sólo ha llamado la atención por su transformación física, sino por el enfoque de su tratamiento: entender la obesidad como una adicción.

En la clínica 'Puerta a la Esperanza', donde recibe atención, su proceso se basa en principios similares a los de grupos de ayuda mutua como Alcohólicos Anónimos, reconociendo que el problema va más allá del peso corporal.

“Mi adicción fue la comida. Yo la veía como algo legal, como algo que no hacía daño, pero en realidad la usaba para evadir mis emociones”.

Esta perspectiva le ha permitido identificar patrones emocionales que lo llevaron a desarrollar una relación compulsiva con los alimentos.

Es lo mismo que con el alcohol o las drogas: buscas placer, relajarte, olvidarte de lo que sientes”.

Un proceso con altibajos

A pesar de los avances, Adolfo reconoce que su recuperación no ha sido lineal. Como en cualquier proceso de rehabilitación, enfrenta días difíciles.

“Hay días en que amanezco bien, contento, pero hay otros en los que las emociones se descontrolan. Es parte de la enfermedad; aprender a lidiar con eso, poco a poco”.

La clínica le otorgó una beca completa. Su tratamiento incluye un plan de alimentación supervisado, actividad física progresiva y acompañamiento emocional.

Su peso, según estimaciones, rondó los 300 kilos.| Cortesía.

“Me han tratado con dignidad, con respeto. Llegué aquí y se me dio todo: alimentación, atención médica y apoyo emocional”.

Apoyo limitado de la familia

De acuerdo con César Humberto Zúñiga Favela, director del centro de rehabilitación, Adolfo llegó en condiciones críticas.

“Llegó en un estado deplorable. No traía análisis clínicos ni ningún seguimiento médico. Decidimos apoyarlo como parte de nuestra labor social, otorgándole una beca al 100 por ciento”, explicó a MILENIO.

Subrayó que, aunque su adicción es distinta a la de otros pacientes, el tratamiento comparte principios fundamentales. “Al final del día, sigue siendo una adicción. En su caso, a la comida”.

Uno de los aspectos más complejos ha sido la falta de una red de apoyo familiar. Sólo un tío ha mantenido contacto constante.

“Es el único que está al pendiente, junto con nosotros. La familia únicamente apoya con artículos personales”.

Costos y necesidades

Aunque la clínica ha cubierto gran parte del tratamiento, existen necesidades constantes, principalmente en medicamentos y suplementos.

“Lo más costoso son las vitaminas, especialmente las de omega. Todo apoyo es bienvenido, no sólo para él, sino para todos los pacientes”, señaló Zúñiga Favela.
A pesar de las dificultades, Adolfo tiene objetivos claros: continuar bajando de peso.| Alejandro Castañeda.

El centro también recibe donaciones en especie como ropa, sábanas y productos básicos para atender a personas en situación vulnerable.

Mirar hacia el futuro

A pesar de las dificultades, Adolfo tiene objetivos claros. Su meta inmediata es continuar bajando de peso hasta alcanzar un rango que le permita mayor movilidad e independencia.

“Me gustaría llegar a unos 110 o 120 kilos. Con eso podría moverme mejor y buscar un trabajo digno”.

Reconoce que su condición actual sigue siendo un obstáculo para integrarse al ámbito laboral. “No puedo ir a pedir trabajo así. Es una realidad: el sobrepeso limita mucho”.

Sin embargo, su visión va más allá de lo personal. Considera ayudar en el futuro a otras personas en situaciones similares “Me gustaría apoyar, tal vez abrir un grupo para personas con obesidad, ayudarles con ejercicio y dieta, con lo que yo he aprendido; pero aún me falta”.

Un mensaje desde la experiencia

Al reflexionar sobre su historia, marcada por momentos cercanos a la indigencia, Adolfo envía un mensaje directo a quienes atraviesan situaciones similares.

“No es necesario llegar a ese fondo de sufrimiento. Yo ya estaba desesperado, sin familia, sin ayuda. Pensé que no iba a salir”.

El caso de Adolfo no sólo ha llamado la atención por su transformación física, sino por el enfoque de su tratamiento.| Alejandro Castañeda.

Su historia cambió cuando decidió pedir apoyo“Le dije a mi primo: ‘ayúdame’. Y ahí empezó todo”.

Hoy, aunque el camino aún es largo, su testimonio se convierte en un recordatorio de que incluso en condiciones extremas la recuperación es posible cuando existen voluntad, acompañamiento y oportunidades.

Adolfo no sólo evidencia los riesgos de la obesidad mórbida, sino también la urgencia de atender este problema desde una perspectiva integral que incluya salud mental, apoyo social y políticas públicas, para evitar que más personas lleguen a ese 'fondo de sufrimiento' del que él, poco a poco, comienza a salir.


  • Alejandro Castañeda Alvarado
  • Reportero de a pie; egresado de Ciencias de la Comunicación de la FCPyS -UAdeC. Criado entre La Laguna y Zacatecas; hincha de Santos, músico frustrado y contador de historias desde la trinchera del periodismo.

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