Como apicultora y terapeuta alternativa, Patricia Ornelas ha convivido con abejas. Y a pesar de que en México como tal no existe una especialización, ella se dedica al rescate y reubicación de colmenas y enjambres urbanos silvestres.
Los especialistas saben que el ataque de una Apis mellifera cubre un radio de hasta 5 kilómetros a la redonda, y que el porcentaje de sobrevivencia varía hasta por el horario en que se desarrollan las maniobras y la temperatura. En suma, se trata de un trabajo de alto riesgo para el cual no existen garantías o seguros.
“Desde hace cuatro años realizo la actividad de los rescates y la reubicación. Hasta el año pasado colaboraba con el Departamento de Bomberos Torreón, pero desde hace cinco años, a la par, he atendido rescates en colaboración y de manera particular con mi empresa que se llama 'Tu casa, mi casa'. Desde inicio de este año formo parte del Departamento de Bomberos en Francisco I. Madero y soy la apicultora que tiene a cargo el recién creado Escuadrón Apis, que atiende los reportes que llegan sobre enjambres en el municipio”.
En Torreón, Ornelas pudo realizar 500 servicios a través del Cuerpo de Bomberos. Se trató de enjambres pequeños, pero también colonias que estaban dentro de casas y edificios, habitados y abandonados. Fue a través del doctor José Luis Reyes Carrillo que se pidió su ayuda en el ejido San José de Egipto, para retirar una colmena de la parte baja de un tronco de árbol, en el hueco que formó un pájaro carpintero.
“Ahí se instaló una colmena que estaba pegadita a los salones. Se contactan con el doctor Reyes Carrillo, porque al ser nuestra máxima autoridad apícola, mucha gente lo busca. Él les dijo que la especialista era yo. Hago la revisión, busco el acercamiento con Bomberos Madero porque lo hice por colaboración. Yo puse mi equipo y mis conocimientos; las instalaciones para reubicar están en el Inifap y Bomberos Madero me puso una cuadrilla para realizar la maniobra.
“A partir de ahí comenzamos a colaborar con el departamento y el director, al saber de la trayectoria que tengo con el trabajo de los rescates, me hizo el ofrecimiento para formar parte del departamento”.
Patricia Ornelas dijo que el tiempo que dura la maniobra de rescate genera estrés en las abejas. Si la colmena está en una cornisa, pueden trabajar un par de horas, pero si está en una losa o dentro de una barda, se usa maquinaria para romper el material y extraerla.
"Si el área donde está representa un riesgo para la población, tengo que utilizar un sistema de aspiración industrial conectada a unos contenedores. Luego las saco del contenedor, las meto a unas bolsas especiales donde las tengo que hidratar, ver que les circule el aire y eso lleva más tiempo".
"El rango de ataque de Apis mellifera es de hasta 5 kilómetros. Un seguro de vida no tenemos, solo el servicio del IMSS, que no está preparado para recibir a una persona con un ataque. Ya me ocurrió. Hice una revisión en el Bosque Urbano. En administraciones anteriores lo utilizaron como un centro de acopio porque no había un apicultor especializado que se haya tomado el tiempo para realizar las investigaciones necesarias, y a Bomberos Torreón les dijeron: Ahí está el Bosque Urbano, ahí les pusimos un área, ahí hay cajones".
El área asignada fue por donde se ubica el estanque para patos. Patricia apuntó, tenía esas colmenas en la mira, y en el momento en que le pidieron que retirara dos colmenas de los árboles, el administrador le pidió que revisara también el sitio.
“Veo que hay tres colmenas muy pobladas y que no están en un lugar adecuado porque van los visitantes al bosque, está la Casa del DIF, los fraccionamientos, y decido retirarlas. Cuando lo hago y las depositamos en el Inifap, ahí es cuando recibimos la agresión. Fue la picadura de 80 abejas. Una vez que comienzan a atacar, no nos dejan”.
La especialista y el capitán que la acompañó caminaron alrededor de media hora en el Inifap. Al no utilizar el overol, ella fue atacada directamente en las piernas, en tanto que al capitán le traspasaron el equipo de protección personal.
“Traía pegadas a las abejas en las piernas y traía una nube que me golpeaba la escafandra porque ese es el método de ataque: ojos, nariz, boca y oídos, es su forma de aniquilar. Después de caminar, de aventarme tierra y de aventarle tierra al capitán, al salir veo que mis manos se están poniendo rojas; como si en mi sangre hubiera tinta que comenzó a correr”.
Luego se movilizaron de Matamoros hacia Torreón y Patricia comenzó a sentir picazón en la garganta. Constantemente revisaba sus manos y el rostro mientras el capitán conducía hacia el hospital.
“Casi siempre traigo en mi bolsa un frasquito de propóleo y lo que hice fue apretarlo. Son aproximadamente 20 mililitros y me eché 10 de manera directa y, cuando estábamos por el Manto de la Virgen, me preguntó el capitán si llegábamos al hospital y le respondí que no. No morí porque el propóleo es un antídoto. Pero hay personas que hasta con una picadura están en peligro”.
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