Sentada en una silla de plástico, bajo el techo de las canchas de la comunidad de Alcozacán, una joven indígena de apenas unos 23 años habla con una serenidad que estremece. Lleva puesta la indumentaria colorida típica de la Montaña de Guerrero, pero su mirada parece cargar años de dolor.
Las profundas ojeras delatan más de tres días sin dormir, refugiada junto a decenas de familias que huyeron de la violencia.
Estar ahí conmueve. Ver a las mujeres abrazarse entre lágrimas, escucharlas consolarse en su lengua originaria mientras permanecen sentadas esperando noticias, ayuda o simplemente un poco de calma, hace imposible permanecer indiferente.
Hay niños llorando de hambre, adultos mayores acostados en el piso y familias enteras viviendo únicamente con lo que lograron sacar antes de abandonar sus hogares.
Mientras habla, ella intenta mantenerse firme. Cuenta que su pareja desapareció después de salir a enfrentar a hombres armados. Desde entonces no ha vuelto.
Pero esa no es la primera tragedia que atraviesa. Hace tres años, su padre fue asesinado en la comunidad de Xochimilco, en la zona de Chilapa de Álvarez. Su madre murió años antes por una enfermedad grave. Ahora ella cuida sola de su hermana menor y de su abuela de más de 90 años.
En su voz no hay gritos ni enojo. Hay cansancio. Un cansancio profundo, silencioso, que parece haberse instalado desde hace mucho tiempo en la vida de muchas familias indígenas de esta región olvidada, donde la violencia dejó de ser noticia para convertirse en parte de la vida cotidiana.
Hay crisis alimentaria en Alcozacán tras violencia de seis días
Los refugiados enfrentan una crisis generada por la ausencia de alimentos que se agotaron con la llegada de más de 250 desplazados de las comunidades de Tula, Cixotlán y Acahuehuetlán.
José Lorenzo Coxihuite Sánchez, comisario de Alcozacán, reconoció la importancia que tiene el resguardo otorgado por la Policía Estatal, Guardia Nacional y del Ejército mexicano; sin embargo, señala que la comunidad no estaba preparada con los suministros suficientes para recibir a tantos desplazados.
Asimismo, admitió que son alrededor de 250 las personas que comenzaron a llegar desde la tarde del sábado 9 de mayo. Casi de inmediato, las pocas tiendas que tiene la comunidad se agotaron y se quedaron sin alimentos.
Y aunque este martes ya se reunieron con representantes del gobierno de Guerrero y llegó personal de seguridad, no llevaron despensas ni apoyos mínimos para garantizar la alimentación de los desplazados.
Ante esto, el comisario manifestó que urge el envío de ayuda humanitaria, además de las condiciones de seguridad para que los desplazados regresen a sus pueblos.
ksh