Había una vez un bosque de hadas levantado entre raíces de mangle. Un lugar donde la fantasía parecía abrirse paso entre los árboles, invitando a recorrer senderos de madera y perderse, por un momento, en un rincón de magia junto a la laguna de Pueblo Viejo, en el norte de Veracruz.
El sendero principal recorre cerca de 600 metros sobre una pasarela de madera que serpentea entre el manglar.
La promoción turística muestra pequeñas casas de colores colocadas entre los árboles, como si fueran las moradas de las hadas, supuestas guardianas del ecosistema.
Esa narrativa convirtió al sitio en uno de los atractivos más difundidos del norte de Veracruz y llevó hasta ahí a visitantes de distintos estados e incluso del extranjero.
Pero detrás de esa historia apareció otra, mucho menos fantástica.
Mientras los visitantes siguen llegando para tomarse fotografías entre figuras de cuento, en un expediente judicial se libra una batalla completamente distinta: la de ciudadanos que acusan que el parque fue construido sobre un ecosistema protegido sin cumplir con la legislación ambiental, y la de un juez federal que ordenó suspender cualquier intervención relacionada con el proyecto mientras resolvía el fondo del juicio.
En los cuentos, los bosques esconden secretos.
En este, el secreto no estaba entre las ramas, sino entre documentos, denuncias, resoluciones judiciales y un manglar cuya historia comenzó mucho antes de que alguien imaginara un parque temático.
El Bosque de las Hadas nació para convertirse en un símbolo turístico de Pueblo Viejo, un municipio veracruzano de casi 58 mil habitantes, separado de Tampico, Tamaulipas, únicamente por el río Pánuco.
Sin embargo, terminó siendo uno de los proyectos públicos más controvertidos del municipio, donde el debate ya no gira en torno a la estética del parque, sino a la interrogante de si puede construirse un atractivo turístico dentro de un manglar.
El 22 de junio de 2026, el Juzgado Séptimo de Distrito en el Estado de Veracruz concedió la suspensión definitiva dentro del juicio de amparo indirecto 248/2026, promovido por un grupo de ciudadanos, ordenando paralizar cualquier trabajo, construcción, mantenimiento o modificación relacionada con el Bosque de las Hadas y con el ecosistema del manglar donde fue desarrollado.
La orden judicial puso la lupa sobre las obras iniciadas durante la administración municipal 2022-2025 y obligaba al actual Ayuntamiento a acatarla de inmediato. El proyecto fue impulsado como una apuesta para fortalecer el turismo en Pueblo Viejo.
Tanto la entonces alcaldesa, Valeria Nieto Reynoso, como la actual presidenta municipal, María de los Ángeles Hernández Rodríguez, han argumentado que el proyecto permitió rescatar un espacio que durante años permaneció abandonado y era utilizado como tiradero de basura, además de generar actividad económica para comerciantes y familias de la comunidad.
Incluso, en días pasados, la gobernadora Rocío Nahle recorrió el parque y destacó el sitio como un ejemplo del potencial turístico de la región.
Las hadas, por definición, son las guardianas de los bosques.
El manglar también tiene sus propios guardianes: pescadores que durante décadas utilizaron pequeños senderos para llegar a la laguna, vecinos que crecieron entre esas raíces y ciudadanos que hoy defienden el ecosistema desde los tribunales.
Esa visión también es compartida por algunos habitantes de El Mango, quienes consideran que el parque transformó un sitio degradado en un espacio familiar y turístico.
Aseguran que la llegada de visitantes abrió oportunidades para pequeños comerciantes y dio visibilidad a una comunidad que durante años permaneció fuera de las rutas turísticas del norte de Veracruz.
En los cuentos, las hadas protegen los bosques de quienes buscan alterar su equilibrio. En Pueblo Viejo ocurrió lo contrario: el bosque fue construido para representar un mundo de fantasía, pero terminó bajo la protección de un juez federal.
Ahora, el desenlace ya no depende de la imaginación, sino de lo que determinen los expedientes, los permisos ambientales y la ley.
Cuando el bosque dejó de ser un cuento
El conflicto no comenzó con la inauguración del parque. Inició cuando un grupo de vecinos decidió preguntarse si un manglar —ecosistema protegido por la legislación mexicana— podía transformarse sin antes cumplir los procedimientos ambientales establecidos por la ley.
La respuesta no llegó desde el Ayuntamiento ni desde la Secretaría del Medio Ambiente. Llegó desde un tribunal.
El expediente revela que cinco ciudadanos lograron acreditar interés suficiente para solicitar la protección de la justicia federal.
Uno de ellos es José de Jesús Martínez Suárez, quien, en entrevista, sostiene que, de acuerdo con la resolución judicial, cuando está de por medio el derecho humano a un medio ambiente sano, debe privilegiarse evitar un daño que pudiera resultar irreparable.
“Por ello, el juez concluye que quienes promovimos el amparo no buscamos un beneficio económico personal, sino la protección de un ecosistema que pertenece a la comunidad. Bajo ese criterio, consideró procedente conceder la suspensión definitiva para evitar un posible daño irreversible”.
Explica que, con base en los principios de prevención y precaución ambiental, el juzgador ordenó la paralización inmediata de cualquier trabajo, construcción, instalación, mantenimiento, modificación o intervención relacionada con el Bosque de las Hadas o con el propio ecosistema, cualquiera que sea el nombre con que se le identifique.
“La resolución también prohíbe a las autoridades emitir permisos, autorizaciones, validaciones o cualquier acto administrativo tendente a reactivar, mantener o legitimar el proyecto mientras la suspensión permanezca vigente. Además, advierte que la medida debe cumplirse de inmediato y que su incumplimiento puede generar responsabilidades conforme a la Ley de Amparo”.
Un bosque que cambió de guardianes
En los cuentos tradicionales, las hadas protegen los bosques.
En Pueblo Viejo, quienes asumieron ese papel fueron cinco ciudadanos. No son ambientalistas profesionales. No pertenecen a una organización internacional.
Son habitantes que decidieron acudir a los tribunales convencidos de que el proyecto debía detenerse hasta esclarecer si cumplía o no con la legislación ambiental.
Su principal herramienta no fue una protesta, sino un juicio de amparo.
Durante meses, el Bosque de las Hadas fue presentado como una obra de rescate urbano. Los promoventes del amparo cuentan otra versión.
Reconocen que el sitio tenía senderos abiertos desde hace años por pescadores que utilizaban ese acceso hacia la laguna.
También admiten que existían problemas de basura.
“Pero ninguna de esas condiciones justificaba intervenir un ecosistema protegido sin las autorizaciones correspondientes”, subraya José de Jesús Martínez.
Del otro lado, autoridades municipales y algunos habitantes que respaldan el proyecto insisten en que las obras recuperaron un espacio abandonado, impulsaron el turismo y mejoraron la imagen de la comunidad.
Ese contraste de visiones es, precisamente, el fondo del conflicto.
El juicio no deberá responder si el parque es bonito, si atrae visitantes o si genera derrama económica.
Lo que deberá determinar es si ese desarrollo podía construirse en un manglar conforme a la legislación ambiental vigente.
El ambientalista Miguel Verástegui Cavazos señala que los manglares cuentan con una amplia protección jurídica en México, por lo que cualquier afectación a estos ecosistemas puede derivar en responsabilidades administrativas e incluso penales.
Precisa que la NOM-022-SEMARNAT-2003 establece las especificaciones para la preservación, conservación y restauración de los humedales costeros con vegetación de manglar; la NOM-059-SEMARNAT-2010 incluye a las especies de manglar dentro de la categoría de protección especial; mientras que el artículo 60 TER de la Ley General de Vida Silvestre prohíbe su remoción, relleno, trasplante, poda o cualquier obra o actividad que afecte su integridad o flujo hidrológico.
Añade que la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA) complementa este marco legal al establecer los instrumentos para la conservación de los ecosistemas y la prevención del deterioro ambiental, por lo que hizo un llamado a las autoridades para garantizar el cumplimiento de estas disposiciones y evitar daños a los manglares.
Para el ambientalista José Luis León Hurtado, “los manglares no son áreas disponibles para urbanizar o desarrollar proyectos turísticos, sino ecosistemas estratégicos que sostienen el equilibrio de las lagunas costeras”.
Advierte que estos bosques actúan como barreras naturales frente a huracanes, ayudan a contener la intrusión de agua salada, capturan grandes cantidades de carbono y sirven como zonas de reproducción para peces, crustáceos y aves, por lo que “cualquier intervención debe evaluarse con el mayor rigor ambiental”, afirma.
El final todavía no está escrito
Los cuentos suelen terminar con la frase conocida: “Y vivieron felices para siempre”.
La historia del Bosque de las Hadas aún no llega a ese final.
Mientras tanto, el parque sigue recibiendo visitantes. Unos recorren la pasarela buscando un rincón de fantasía entre los manglares; otros observan el mismo paisaje preguntándose si ese escenario debió existir.
Entre ambas miradas transcurre hoy la verdadera historia del Bosque de las Hadas: la de un lugar donde el turismo, la conservación ambiental y la justicia federal quedaron inevitablemente entrelazados.
Lo único cierto, por ahora, es que el bosque que nació para alimentar la imaginación terminó convertido en un expediente judicial. Y será la justicia federal, no la fantasía, la que escriba el último capítulo de esta historia.
JETL