Desde un territorio que ha visto morir a más de tres mil mineros por falta de seguridad en los centros de trabajo durante 200 años, las nuevas generaciones tratan de cambiar la narrativa del carbón por una más natural que involucra huertos comunitarios.
Entre 2021 y 2022, la organización Familia Pasta de Conchos, surgida tras el siniestro que cobró la vida de 65 trabajadores de una mina y que hasta hoy continúa con la recuperación de sus cuerpos, planteó a los pobladores la necesidad de cambiar la imagen de la Región Carbonífera de Coahuila.
Acompañadas por personal de las asociaciones Conexiones Climáticas e Iniciativa Climática de México, las familias de mineros comenzaron a organizar diversos talleres para consultar a la población sobre cómo les gustaría ser recordados, sobre todo a las mujeres, que querían dejar de ser vistas como viudas que perdieron a sus esposos en tragedias mineras.
“Se les preguntó a las mujeres cómo querían salir en los medios de comunicación, pues siempre lo hacían como viudas, y comentaron que les gustaba sembrar, que esa podía ser otra forma de referirse a ellas”, recuerda Omar Navarro Ballesteros, integrante de Familia Pasta de Conchos, en entrevista para MILENIO.
La reflexión continuó durante las semanas siguientes y se decidió comenzar a dar forma a la instalación de huertos comunitarios en espacios públicos, escuelas y parroquias. Con ello se logró cambiar la idea de que la tierra de la Región Carbonífera era infértil.
“Se tenía la idea de que toda la tierra estaba contaminada por la minería o que, por el ambiente desértico o la escasez de agua, no iba a ser posible, pero desde esta región también tenemos árboles y un ecosistema diferente donde también se podía sembrar”, refiere el activista.
El primer huerto comunitario fue instalado en el Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Coahuila (Cecytec) “Ricardo Flores Magón”, en la localidad de Minas de Barroterán, municipio de Múzquiz. Así surgió el proyecto Sembrando Transición, que busca principalmente involucrar a las juventudes en una vida más allá de la minería.
“El primero de los huertos lleva por nombre ‘Inexplicable’, pues fue algo muy significativo porque se colocó en pleno mayo, durante la temporada de calor”, resalta Navarro Ballesteros.
Según Conexiones Climáticas, en un informe publicado como parte de la iniciativa Sembrando Transiciones, la Región Carbonífera, ubicada al noreste de Coahuila, extrae y procesa 99 por ciento del carbón mineral de México para generar apenas tres por ciento de la energía del país y emite 10 por ciento de las emisiones contaminantes de la nación.
“Para los mineros y sus familias ha sido una historia de precariedad laboral, muerte y sacrificio. Para el entorno, ha significado la devastación y alteración tanto climática como ambiental: los recursos naturales disponibles se han utilizado para la industria del carbón; a cambio, se han contaminado los ríos y el aire, mientras que toneladas de desperdicio mineral delinean el paisaje”, establece.
Además, el documento advierte que esta actividad representa el sustento para alrededor de tres mil familias de los municipios de Múzquiz, San Juan de Sabinas, Sabinas, Juárez y Progreso, aunque los “días del carbón” están contados si se toman en cuenta las proyecciones de que la vida útil de las plantas carboeléctricas terminará en menos de 10 años.
Diversificar el aprendizaje
La instalación de huertos en escuelas de la Región Carbonífera genera un cambio de realidad para las nuevas generaciones que tienen familiares que viven del carbón, además de un nuevo esquema de enseñanza.
Héctor David Flores Méndez, director del Cecytec “Ricardo Flores Magón”, resalta que los huertos permiten, además de la convivencia entre el alumnado, diversificar el aprendizaje e incluso incentivar a algunos estudiantes para que lleven lo aprendido al emprendimiento de sus propios negocios.
“A nosotros nos gusta mucho diversificar el aprendizaje de los muchachos y en todo momento pueden, al mismo tiempo que trabajan sus materias, salir y aprender cosas nuevas, a pesar de que nuestro plantel no es agropecuario”.
Detalla que la cosecha del huerto en el colegio es constante, con productos como eneldo, ajo, cebollín, calabaza, tomate y cilantro, además de que los reparten entre el propio alumnado y sus familias para su consumo.
Además, Jesús Edén de la Torre Cantera, responsable del huerto y trabajador del Cecytec, asegura que el proyecto ha superado las expectativas, pues no solo brinda a los estudiantes una alternativa de aprendizaje y cuidado del ambiente, sino que también ya hay verduras y frutas que incluso brotan solas porque existen semillas nativas.
“La mayor parte de lo que tenemos sale ya sola y nada más es que llegue la temporada. Ahorita tenemos un árbol de plátano, mango, cilantro, tomate, rábano, cebollín, ajo, hierbabuena y árboles de naranjo y limón”.
Incluso, dice que la institución avanza en un segundo proyecto que tiene que ver con la crianza de lombrices para crear abono y, de esa forma, mejorar los procesos de siembra.
“Lo primero que hacemos es enseñarles cómo cosechar a los muchachos y luego repartimos el producto entre todo el que quiera. Si ellos nos dicen que su mamá quiere venir a ver, son bienvenidos”.
Gerardo Milián Nájera Pérez, originario de Minas de Barroterán y recién egresado del Cecytec, fue uno de los involucrados en el huerto desde hace tres años y ahora contribuye con esta nueva iniciativa de crianza de lombrices.
“Mediante la investigación descubrí que la tierra donde composta la lombriz estaba llena de minerales que podían aportar a las plantas”, comparte.
Derivado de los aprendizajes en el huerto, el joven prepara tierra y la comercializa para las personas interesadas en sembrar o colocar plantas florales en sus hogares.
“El proyecto consiste en vender la tierra, que es un poco más fértil para las plantas e incluso es mucho mejor para las flores, como los rosales, que ocupan muchas vitaminas de raíz para tener un mejor crecimiento”, expone.
El adolescente afirma que le pareció increíble que en su comunidad pudieran comenzar a sembrar y cosechar en la Región Carbonífera, además de que es algo que permite concientizar sobre que otra realidad es posible.
“Es padre conectar con la naturaleza y aprender cosas nuevas que se puedan utilizar día con día y más si se puede innovar en los huertos. Nos quejamos mucho sobre el carbón, pero no nos hemos enfocado en resolver el problema y nos quedamos en lo superficial”.
Las atenciones al huerto de la escuela también propician un ambiente de colaboración y trabajo en equipo entre los estudiantes. Actualmente, al menos un centenar de ellos da seguimiento a las labores de los huertos.
Entre las responsables está Karen Zamarrón Amaya, quien estudia el segundo semestre de la carrera técnica en Programación y cuenta que, para ella, la siembra no fue del todo nueva porque en su familia ya era una práctica constante.
Lo que sí, puntualiza, es que el aprendizaje fue mayor para mejorar las siembras con fertilizantes y que la convivencia también generó un ambiente diferente.
“Lo que me toca a mí es, más que nada, regar y checar que las plantas estén en buenas condiciones, que no tengan plagas. Ahorita estamos sembrando zanahoria, tomate, ajo, apio, cebollín y cilantro”.
Para ella, el huerto ha significado también un cambio de pensamiento en cuanto a su futuro. Tiene pensado migrar para estudiar la carrera de Veterinaria, pero también posteriormente Agronomía para continuar con la labor del campo.
Una identidad diferente
A cuatro años de que comenzó el proyecto Sembrando Transición, hay 22 huertos comunitarios en distintas localidades de la Región Carbonífera, además de dos sistemas de energía fotovoltaica en los Cecytec de Barroterán y Palau.
“En principio, la idea era que se pusieran en los Cecytec, pero se sumaron parroquias, escuelas y terrenos de mujeres organizadas en Paso del Coyote (San Juan de Sabinas). Es algo que ha gustado mucho a la comunidad porque implica un punto de encuentro para los compañeros y compañeras que nos han educado en lo ambiental”, afirma Omar Navarro Ballesteros, integrante de Familia Pasta de Conchos.
Sin embargo, los huertos comunitarios no fueron lo único. El año pasado, incluso, las comunidades decidieron realizar su primer Festival de la Cosecha e intercambiar experiencias sobre la siembra de sus plantas y verduras.
“Cuando la gente supo de los huertos, salieron muchas personas a decir que también sembraban en casa. Se supo abiertamente que habían sembrado antes aquí y por eso se hizo el Festival de la Cosecha para reunir a personas que intercambian semillas y experiencias”, añade Omar Navarro.
El activista destaca que el proyecto ha permitido también desarrollar nuevas vocaciones, pues la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro (UAAAN) participa en capacitaciones para mejorar los huertos y eso atrae a las juventudes de la región a optar por estudiar Agronomía.
“Algo a lo que siempre le ha apostado Familia Pasta de Conchos es al cambio de narrativa. Muchos alumnos y alumnas han comentado que quieren irse a estudiar a la Narro; se está abriendo la posibilidad de una formación diferente que no tenga nada que ver con la minería ni con las maquiladoras”.
Según el informe El Carbón Rojo de Coahuila: Aquí se termina el silencio, han perecido más de 3 mil mineros en explosiones y otros siniestros ocurridos en minas de esta región, catalogada como una “zona de sacrificio” impuesta desde hace 200 años en Coahuila.
No obstante, sus habitantes se niegan a continuar con esta historia que ha traído consigo violaciones a los derechos humanos y daños ambientales.
e&d